blogeditor · 8 de mayo de 2021
Es bien sabido que en México existen muchas brechas que impiden el pleno desarrollo de las mujeres en distintos ámbitos. Una de ellas es la económica, que mide la capacidad de las mujeres para generar ingresos propios a partir del acceso al trabajo remunerado en igualdad de condiciones que los hombres.
Las acciones para reducir estas brechas entre hombres y mujeres no son exclusivas del gobierno, pues desde distintos frentes se promueven acciones para contribuir a un mundo más igualitario.
Para cerrar la brecha económica, el gobierno puede, por ejemplo, adjudicar cierto monto de las compras públicas a empresas propiedad de mujeres, como sucede en Estados Unidos, pero también hay una responsabilidad de las empresas y ciudadanos en cerrar esta brecha.
El 2 de mayo pasado se celebró el día mundial del Comercio Justo, un concepto relativamente nuevo que abona, entre muchas otras cosas, a cerrar la brecha económica entre hombres y mujeres. El Comercio Justo busca la justicia social, la calidad del producto y el cuidado de la naturaleza. Estos objetivos se logran a través de la aplicación de 10 principios, dos de los cuales ayudan a las mujeres a generar ingresos propios dignamente. Además de promover un pago igualitario por un mismo trabajo (principio 4), el Comercio Justo tiene un compromiso con la no discriminación, la equidad de género y la libertad de asociación (principio 6). Esto implica que las organizaciones no discriminan a sus empleados en la contratación, remuneración, acceso a la capacitación, promoción, terminación o jubilación. Además de que se proporcionan a las mujeres oportunidades para su desarrollo profesional y personal. Las organizaciones que trabajan directamente con los productores aseguran que las mujeres siempre sean retribuidas por su contribución al proceso de producción, y cuando las mujeres hacen el mismo trabajo que los hombres se les paga con la misma tarifa que a los hombres. Las organizaciones también buscan garantizar que, en situaciones de producción donde se valora menos el trabajo femenino que el de los hombres, el trabajo de las mujeres sea revalorado para igualar las tarifas de remuneración y a las mujeres se les permita llevar a cabo trabajos de acuerdo con sus capacidades.
De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, tener un trabajo no es sinónimo de llevar una vida digna, pues casi un tercio de la clase trabajadora a nivel mundial vive en condiciones de pobreza extrema o moderada, particularmente mujeres. En Bangladesh, por ejemplo, la industria textil constituye el motor del crecimiento de su economía, pues representa el 80% de las exportaciones. Sin embargo, el aumento de las exportaciones en este ramo en los últimos años no ha contribuido a reducir la pobreza.
Según la Organización de las Naciones Unidas, la tasa de presencia de la mujer en la población activa es del 63%, mientras que la de los hombres es del 94%. Además, la brecha salarial entre mujeres y hombres a nivel mundial es del 23%, y si no se toman medidas nos tomará 68 años revertir esta situación.
Por todo lo anterior, el Comercio Justo es un esquema que abona al crecimiento económico inclusivo y a cerrar la brecha económica entre hombres y mujeres. Desafortunadamente, hoy en día el Comercio Justo no representa ni el 1% del comercio internacional.
Los esquemas como el Comercio Justo dejan ver que cerrar la brecha económica no es un asunto exclusivo del gobierno, la participación de empresas y consumidores también es fundamental para asegurar que cada vez más mujeres puedan generar sus propios recursos y que puedan recibir un pago igual por el mismo trabajo realizado. La independencia económica generará un efecto cascada sobre otros problemas que afectan a las mujeres.