Redacción Animal Político · 16 de noviembre de 2023
El alcohol, al ser una sustancia regulada y altamente aceptada a nivel social, se ha arraigado profundamente en nuestra cultura haciéndose presente en prácticamente todas nuestras celebraciones, rituales y tradiciones. Sin embargo, la normalización de su consumo excesivo puede llevar a pasar por alto los riesgos asociados, además de reforzar la idea equivocada de que la bebida es el único indicador de disfrute y conexión social. Por esa razón, y aprovechando que ayer fue el Día Mundial sin Alcohol, contactamos a Lucía Flores Olvera del colectivo Cero Cruda, quien nos contó lo que significa repensar nuestra relación con esta sustancia.
En México el consumo problemático de alcohol entre las mujeres está aumentando, y la brecha entre hombres y mujeres se cierra cada vez más. Por ejemplo, durante la contingencia por COVID, el consumo diario se duplicó en hombres y se triplicó en mujeres.
Además, el alcohol afecta aún más la salud de las mujeres que la de los hombres, pues si bien las mujeres en promedio inician el consumo a mayor edad, las problemáticas relacionadas con este se desarrollan de forma más acelerada y son potencialmente más severos en nosotras.
Por otro lado, el consumo problemático de alcohol puede incrementar por experiencias de abuso, violencia de género y trauma, situaciones que, desgraciadamente, tienen una alta prevalencia entre las mujeres en México, así como en contextos de vulnerabilidad económica, dependencia financiera, problemas de salud mental, etc. Además, el estrés —muchas veces potenciado por la doble jornada laboral de muchas mujeres— también puede jugar un rol significativo.
Frente a esta situación, nos encontramos con una creciente normalización del consumo de alcohol entre las mujeres fomentado por el marketing de bebidas alcohólicas y la representación de la mujer en el cine y la televisión.
A la par de esta normalización del consumo, las mujeres con uso problemático de alcohol son objeto de mayores sanciones sociales que los hombres, especialmente si son madres o cuidadoras. El estigma que sufren las mujeres con un consumo problemático de alcohol explica, en parte, que retrasen lo más posible la búsqueda de ayuda. En México, solo el 4 % de las personas con dependencia o uso problemático de alcohol buscan ayuda, y muchas veces esta búsqueda es mayor en hombres que en mujeres, ya que estas no acuden a los servicios por miedo a ser juzgadas y rechazadas, o porque no pueden ingresar a un centro de tratamiento y dejar sus tareas de cuidado.
Por todas estas razones, es importante examinar y repensar nuestro consumo de alcohol, así como cuestionar el lugar que tiene la bebida en la vida cotidiana.
Lucía: A finales de 2019 decidí dejar de tomar alcohol, pues llegué a un punto en que el consumo estaba ocasionando daños en mi salud física y mental, así como en mis relaciones. En ese momento me di cuenta de que las cosas iban a empeorar realmente si no hacía un cambio en mi vida. Desde hace muchos años, antes de tomar esta decisión, me había percatado de que tenía un consumo problemático y había intentado dejar el alcohol en repetidas ocasiones, pero siempre regresaba a los mismos patrones de consumo, puesto que no había hecho un trabajo personal para entender y tratar las causas más profundas. Iniciar con terapia psicológica me ayudó a hacer este trabajo y así poder dar este paso. Fue muy importante que no solamente dejé de tomar, sino que hice muchos cambios positivos en mi vida para llegar a un punto de equilibrio y bienestar.
Lucía: Al inicio lo más difícil fue aprender a sentir y gestionar emociones difíciles sin recurrir al alcohol para “anestesiarme”. También tuve que iniciar un duelo de la identidad que me había construido alrededor del alcohol, pues esta estaba muy presente en mi vida laboral y social, donde se valoraba trabajar mucho y fiestear aún más. Tuve que atreverme a socializar sin tomar alcohol, lo que al principio me causaba mucha ansiedad, pero luego me di cuenta de que podía pasarla aún mejor sin tomar y, principalmente, sin cruda al día siguiente. Paradójicamente, lo más difícil no fue el dejar el alcohol, sino asumir mi decisión de no tomar frente a los demás, pues me daba vergüenza que me asociaran con el “alcoholismo”. Fue ahí donde me di cuenta que yo misma tenía muchos prejuicios que deconstruir para poder aceptarme y sentirme orgullosa de haber hecho este cambio. Se me hace muy irónico que el alcohol esté tan glorificado al punto de que nos sintamos avergonzadas de decidir no tomar, lo que debería ser una decisión respetada.
Una vez que asumí que había dejado de tomar, me tuve que enfrentar al juicio y la incomprensión de las personas cuando les decía que no estaba tomando. Especialmente algunos amigos no entendían por qué había dejado de tomar, si según ellos“no estaba tan mal”, pues siempre fui “funcional” y exitosa a nivel profesional a pesar de tener un consumo problemático.
Después de 3 años sin tomar, hoy tomo muy de vez en cuando y siempre de manera muy moderada. El alcohol se ha vuelto irrelevante en mi vida, y mi principal problema es la falta de opciones de bebidas sin alcohol en los bares y restaurantes.
Lucía y Mildred: La idea de crear Cero Cruda surgió de mi propia experiencia de consumo problemático y, posteriormente, de vivir una vida libre de alcohol. Cuando dejé de tomar me di cuenta que hay pocas opciones disponibles para las mujeres que quieren cambiar su relación con el alcohol. Como mujeres, no es fácil cuestionarnos sobre nuestro consumo de cualquier sustancia, y aún menos compartir esos cuestionamientos con otras personas. Hoy en día la mayoría de los grupos de apoyo son mixtos, por lo que identifiqué la necesidad de crear un espacio únicamente para mujeres, mismo que sea seguro para expresarnos sin prejuicios y tocar temas sensibles, como la violencia de género.
La necesidad de crear un programa como este fue validada por entrevistas cualitativas con más de veinte mujeres realizadas entre mayo y junio de 2022. Fue durante esta investigación que conocí a mi compañera Mildred, quien es psicóloga social, y juntas fue que decidimos crear Cero Cruda.
Lucía y Mildred: Cero Cruda tiene el objetivo principal de crear un espacio de reflexión, apoyo emocional y acompañamiento para mujeres que queremos cambiar nuestra relación con el alcohol y otras sustancias.
De igual manera, busca crear espacios seguros en los que las asistentes puedan expresarse sin ser juzgadas, brindándoles acompañamiento y guiando la reflexión de las emociones alrededor del consumo de sustancias. Ofrecemos información, círculos de reflexión y talleres a precios accesibles.
Todas las actividades de Cero Cruda se hacen desde una perspectiva empática, de autocuidado y aprendizaje. Nos guiamos por la filosofía de la reducción de riesgos y daños y todas las intervenciones se hacen con enfoque de género.
Lucía y Mildred: Hemos alcanzado, en su mayoría, a mujeres jóvenes de la Ciudad de México y del área metropolitana, pues los talleres son presenciales, y por ahora solo están disponibles en la capital. Se trata de mujeres que experimentan una fuerte ambivalencia ya que, por un lado, están conscientes de los problemas que les causa el consumo de alcohol y otras sustancias, pero al mismo tiempo no están listas para dejarlo por completo. Algunas de las participantes tienen la abstinencia como objetivo, pero otras solo buscan moderar su consumo. Cada participante fija sus propios objetivos, y la única condición para poder participar es que quieran examinar su relación con el alcohol y otras sustancias. El costo de los talleres es muy accesible, pues se busca que cualquier mujer pueda participar, independientemente de sus recursos financieros.
Eventualmente nos gustaría poder alcanzar a mujeres de otros estados y a poblaciones vulnerables como las mujeres privadas de su libertad.
Finalmente, cabe recalcar que Cero Cruda no es un programa clínico ni un programa de desintoxicación.
Lucia: Cambiar mi relación con el alcohol ha sido lo mejor que he hecho por mi salud física y mental. Al principio pensé que dejar de tomar equivalía a privarme de algo, pero me di cuenta que gané mucha confianza en mí, mejoré mis relaciones, y ahorré mucho dinero. Principalmente me ahorré las crudas, los blackouts, los cambios de humor, y la sensación de estar desperdiciando mi vida. Gracias a esta decisión, he descubierto una vida mucho más plena y auténtica, y he hecho muchísimas cosas que siempre había querido hacer pero que no imaginaba posibles. Aprendí a estar conmigo misma, a aceptarme tal como soy, y a estar presente en los buenos y malos momentos, sin necesidad de recurrir al alcohol para celebrar o para anestesiarme.
El relato de Lucía y Mildred revela los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres al reconsiderar su relación con el alcohol, destacando la necesidad de opciones en un contexto donde la sobriedad, al contrario del uso de otras sustancias, es cuestionada. A pesar de estos retos, Cero Cruda se posiciona como un espacio inclusivo, permitiendo que cada participante defina sus propios objetivos, reconociendo la diversidad de experiencias y elecciones.
La iniciativa ha resonado principalmente en mujeres jóvenes en la Ciudad de México, pero aspira a trascender fronteras y llegar a poblaciones más vulnerables. Es crucial enfatizar que Cero Cruda no busca desestimar la elección de aquellas que disfrutan del alcohol de manera responsable, sino más bien ofrece una alternativa para las mujeres que buscan un cambio en su relación con esta sustancia. Desde Instituto RIA y Cero Cruda les invitamos a reflexionar sobre su consumo de alcohol desde el autocuidado y la gestión de placeres y riesgos. ¡Considerar cómo impacta en nuestro bienestar físico, emocional y social es un paso valioso hacia una relación más consciente y equilibrada con la sustancia!
* Lucía Flores se dedica al diseño y la gestión programas para impulsar la igualdad de género, prevenir la violencia contra las mujeres, mejorar la resiliencia ante el cambio climático y la inclusión financiera. Mildred Vázquez es psicóloga social, investigadora, activista y divulgadora feminista. Romina Vázquez es defensora de derechos humanos y gestora de paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Actualmente colabora en el Instituto RIA.