Censurar a Gerardo Ortiz no es la solución

blogeditor · 5 de abril de 2016

Censurar a Gerardo Ortiz no es la solución

Por: Saul Vazquez Torres (@SawieV)

En días recientes se hizo a través de la plataforma change.org una petición para eliminar el video “Fuiste Mía”, del cantante Gerardo Ortiz. El video, ampliamente comentado y criticado muestra un feminicidio en toda la extensión del tipo. Un hombre frustrado ante la infidelidad de su pareja asesina al amante de ésta y posteriormente procede a abusar de ella, para posteriormente asesinarla.

El video es muestra de lo normalizado que está el discurso de dominación romántica, igualando la voluntad de convivir en pareja a la completa sumisión de la mujer para pasar a ser propiedad del hombre con el cual decide vivir. No voy a defender el video, me parece lamentable y es positivo que se estén levantando alertas sobre la reproducción de estereotipos de género en artículos de consumo cultural tan difundidos como la música de banda. Sin lugar a dudas, la crítica y denuncia pública harán que este tipo de conductas dejen de ser justificadas por amplios sectores de la sociedad.

Sin embargo, no estoy de acuerdo con la petición de censura. ¿Por qué? Creo que dividiría mi posición en tres argumentos. Primero, no hay pruebas científicas claras de que videos y objetos culturales tengan un efecto directo en la conducta de las personas. Segundo, la libertad de expresión del artista está protegida constitucionalmente y por el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sólo hay un paso de censurar obras musicales y discursos políticos. Por último; la censura de este video no cambia las condiciones de violencia estructural hacia las mujeres en nuestro país.

Sobre el primer argumento, fue mi pensamiento inicial al ver la petición, no pude evitar pensar en los conservadores de extrema derecha en Estados Unidos tras la matanza en Columbine que culpaban a los videojuegos y videos de Marilyn Manson de la masacre. El argumento fue explotado por mucho tiempo: “Es la televisión la culpable de la masacre”, “El videjuego Doom debería ser retirado del mercado”. La verdad es que el argumento suena lógico: uno se expone a materiales violentos, entonces aprende a ser violento.

[contextly_sidebar id=”UpRh5uveFvBw9hxvHbhZTQxpa90v0JTc”]Sin embargo, luego de las acusaciones de la década pasada en contra de videojuegos y artistas de metal por estar detrás de las matanzas en varios estados, el psicólogo Cristopher Ferguson demostró que la exposición a materiales violentos y la violencia en la sociedad sigue patrones inversos. Mientras que en otro estudio realizado en la Universidad de Oxford se mostró que no hay una influencia diferenciada en los niños y adolescentes por el tipo de videojuegos que consuman, sólo en caso de estar por un largo tiempo expuestos a ellos tienden a perder habilidades para socializar y jugar de la manera tradicional.

En el estudio de Ferguson incluso se menciona que es más fácil culpar a los videojuegos que a problemas de fondo como la pobreza, desigualdad en el acceso a la educación y entornos familiares rotos, los cuales suelen ser mucho mejor predictores de la violencia. Como también lo muestra este estudio de Pepe Merino aquí en Animal Político, desertar de la primaria es el mejor predictor sobre un aumento en el riesgo de asesinatos violentos y, probablemente, también lo sea de violencia intrafamiliar si nos tomamos el tiempo de mirar los datos.

Censurar tampoco es una buena idea porque limita lo que es válido o no en el discurso artístico. Al ver el video de Ortiz no pude evitar pensar en otros trabajos contemporáneos que capturan escenas de violencia de hombres hacia mujeres, en particular “Stan” y “Love the way you Lie” del rapero Eminem, las cuales canta a dueto con Dido y Rihana, respectivamente. La última mostrando incluso escenas de Rihanna siendo quemada al interior de una casa, justo como la víctima de Ortiz en “Fuiste mía”.

En su momento nadie dijo que estas incitaran a la violencia. En consistencia hay que recordar lo que menciona Adorno en su Filosofía de la Música Moderna, la música clásica tradicional cayó del gusto popular porque los oyentes no estaban involucrados ni con el proceso creativo, ni con los mensajes de la misma, “Son sólo los mensajes más rudos y vulgares fáciles de recordar y relacionarse –y su contraparte los ominosamente hermosos- los que llegan a la comprensión del público”[1]. Es decir, el mensaje de Ortiz –y el resto de los artistas de banda– es fácil de recordar y comprender porque es el que se relaciona más con la realidad de los escuchas. Censurar esta expresión artística es atacar los frutos y no las raíces del árbol de la violencia mexicana. No puedo evitar más que coincidir con Julie Bindel, quien en un video reciente de The Guardian menciona perdón, pero no podemos censurar todo lo que nos incomoda; yo añadiría: no podemos censurar la realidad en que vivimos.

Por último, estaría de acuerdo con censurar a Ortiz si eso le regresara la calma a Daphne Fernández, cuyos violadores siguen libres solapados por César Duarte; si censurar le diera a Andrea Noel la seguridad necesaria para retornar a vivir a México; si censurar nos diera datos confiables sobre feminicidios en México.

La verdad es que bajar el video de Ortiz no va a acabar con el horror que miles de mujeres viven en nuestro país. Habrá que mirar cómo solucionar las tasa de subempleo de mujeres profesonistas en México: sólo el 79% están empleadas por el 89% de los hombres, y el caso es aún más grave para quienes sólo tienen educación básica, 41% de mujeres empleadas por el 87% de los hombres. Tenemos que implementar protocolos eficientes en los ministerios públicos cuando atienden feminicidios y sensibilizar a las autoridades para que dejen de desincentivar a las mujeres que se atreven a denunciar acoso callejero, el cual siguen sufriendo 1 de cada 3 mujeres en nuestro país. El Estado y sus fallas no están atendiendo la agraviante situación de la violencia de género, abrir la peligrosa puerta de la censura no es la batalla que queremos dar en este momento.

 

* Saul Vazquez Torres es estudiante de Relaciones Internacionales en el ITESM Campus Santa Fe.

 

[1] Adorno, Theodor W. Philosophy of modern music, Continuum, 2004 pp. 9