En La casa de los famosos queríamos ver justicia. ¿La hubo?

Redacción Animal Político · 16 de septiembre de 2024

En La casa de los famosos queríamos ver justicia. ¿La hubo?

Para nadie es novedad que La casa de los famosos ha acaparado gran parte de la conversación en redes sociales durante las últimas semanas, sorprendiendo a muchos por el aumento y récords en rating que ha alcanzado. Aunque por otro lado se cuestione y castigue la forma en que lo ha conseguido gracias a personajes y actitudes polémicas, en especial hacia las mujeres integrantes de la casa, generando una conversación muy intensa alrededor diferentes temas sensibles.

A la par de este reality show que ha generado un sinfín de memes y videos en redes sociales, curiosamente también se ha logrado posicionar el tema de la reforma al Poder Judicial, dividiendo a los televidentes e incluso cayendo en criticar al otro por supuestamente preferir ver un reality, que procurar informarse e involucrarse más en entender la naturaleza de los cambios propuestos a la Constitución. Si bien es posible argumentar la persistencia de un rechazo generalizado de la ciudadanía (al final audiencia) a la comunicación política tradicional, frente a otros contenidos de entretenimiento, resulta al menos destacable cómo el descrédito tiende a ser la reacción más inmediata. Como si un malestar compartido se debiera combatir con otra forma de malestar compartido.

En la colaboración de este mes queremos hablar sobre cómo la audiencia venía de un periodo de “malestar sostenido”, de varias semanas esperando alguna forma de castigo, alivio de tensión, o incluso resarcimiento, a partir de varias actitudes y conductas agresivas entre los participantes del show dentro de la casa. Un sentido de reclamo por recibir justicia, ante todas las ocasiones en que las participantes han sido violentadas en vivo y a la vista de millones de espectadores, por ejemplo; pero también por la exposición magnificada [¿y legitimada?] por el alcance de la Tv nacional, de distintas formas de violencia que a diario sufren miles de mujeres en México. Así, el programa parecía convertirse a ratos, para muchas de las televidentes que ya viven violencia de género en sus interacciones comunes, en una especie de vitrina para volver a mirar de lleno y sin script, lo que ya viven en los ámbitos doméstico, laboral, comunitario, relacional. Si un reality show se llama así precisamente porque busca mostrar tanto como sea posible la realidad, lo real no editado, entonces no es de extrañarse que varios colectivos feministas se unieran a estas exigencias, empezando por la salida expedita de personajes de todos conocidos. Las redes sociales también fueron testigos elocuentes de numerosos episodios de ansiedad, angustia, dolor, revictimización, burlas, etc., que un sinfín de mujeres iba compartiendo de manera creciente, a partir de revivir sus experiencias personales con la violencia mirando el programa.

Para sorpresa de pocos el pasado 4 de septiembre en la madrugada se dio al fin la salida del personaje más polémico de la casa. Sin embargo, esto se dio “en oscuridad y misterio”, lo que solo dejó más preguntas y cuestionamientos, ya que la demanda de la audiencia claramente estaba en anunciar a todas voces tal expulsión. Debido a que la salida se manejó públicamente como “voluntaria”, pero sin dar explicaciones ni disculpas, el malestar de la audiencia se quedó de cierta forma en el aire: atendido, mas no validado. También es importante mencionar que esto se dio en medio de una oleada de marcas que decidieron retirar su patrocinio de LCDLF, con idénticos [¿y genéricos?] argumentos de no comulgar con los valores que se estaban exponiendo en el programa.

Meme encontrado en Twitter sobre la Casa de los Famosos y la expulsión de Adrián Marcelo. Septiembre de 2024.
Meme encontrado en X, septiembre de 2024

Con todo, para diversos grupos feministas, esto llegó a verse como una “victoria” con respecto a lo que puede hacer la presión de la audiencia sobre un programa con este alcance, y logrando que las marcas se sintieran cuestionadas por apoyar contenidos donde se fomentarían este tipo de situaciones (aunque también cabe recalcar que esta acción de bajarse del programa les retribuyó positivamente, pues sí fue bien recibida por la gente que buscaba acciones que apoyaran su sentir).

No obstante, esta supuesta victoria con sabor a justicia realmente se queda en una esfera muy pequeña de las múltiples realidades que se viven en la sociedad mexicana, sobre todo en términos de cómo se oculta, persiste o denuncia la violencia de género (cuando es sutil vs cuando es explícita), así como nuestras actitudes mayoritarias alrededor de la salud mental.

La realidad es lo que sigue viviendo la mayoría de las mujeres en sus casas, escuelas, áreas de trabajo, lugares públicos, transporte y las interacciones que ocurren en estos espacios, donde son víctimas de violencia psicológica, económica, sexual o “microviolencias” menos evidentes, como el breadcrumbing, el lovebombing, el ghosting, el gaslighting, entre otras. Si recordamos que las mujeres que se atreven a denunciar a sus violentadores suelen ser luego acusadas y castigadas doblemente o en el mejor de los casos ignoradas, quizá sea un poco más claro por qué se dio esta acumulación de malestares.

En esta “ilógica de género”, y por raro que pudiera parecer de primer momento, la salida/expulsión de dicho personaje, trajo solamente una legitimación a la narrativa de “Otro hombre siendo víctima por parte de un grupo de mujeres que usan el feminismo mal”, en redes sociales como TikTok y X. Se pudo ver a muchos seguidores masculinos defendiendo estos discursos sexistas y colocando al expulsado casi como un mártir y prueba de que ellos tienen razón. Desgraciadamente, aún prevalece este discurso hegemónico donde no hay cabida para cuestionar la violencia verbal o psicológica… mucho menos las violencias en razón de género.

En este punto, lo único que realmente se ha logrado es agudizar el sentimiento de rechazo entre mujeres y hombres, así como recordarnos que aún nos queda un largo camino por recorrer en este sentido. El trasfondo de las violencias es mucho más profundo, e implica como temas fundamentales a la salud mental, la falta de empatía, o el establecimiento de límites (que van desde lo más coloquial como el respeto mutuo, hasta lo más amplio en una sociedad como el respeto a la Ley).

Puede que lo ocurrido dentro de la casa en las últimas semanas haya servido para despresurizar la necesidad de experimentar –así sea en algo minúsculo- algo de justicia. Por eso, y solo a manera de provocación, traemos a colación también el tema de la reforma al Poder Judicial que se está discutiendo estos días… sin duda que para la mayoría de la población es un tema lejano, poco accesible, quizá incluso incomprensible o poco relevante para el día a día. Pero tomemos un momento para reflexionar cómo un reality, con reglas que sí parecen claras, fiables y con poder “verificable” de incidir directamente en los resultados, podría simbolizar la sensación de empoderamiento que quizá no se experimenta hoy en el ejercicio de la vida cívica. Lejos de la simpleza de juzgar a los espectadores de un programa de Tv, ¿qué alcanza a sugerirnos esto sobre la sociedad mexicana contemporánea?

Lizbeth Reyes @LiziRey, Carlos Rosales @RA_Karlos

*Cristina Salazar (@CristinaSalazar) es docente y senior manager en Altazor Intelligence, es una investigadora enfocada en alfabetización digital y comunicación multimodal a través de métodos etnográficos. Becaria Fulbright-García Robles, estudió en la Universidad de Columbia donde obtuvo una maestría y doctorado en Medios de Comunicación. Su investigación abarca desde contextos educativos hasta mercados, con experiencia docente en instituciones como Columbia y el CIDE. Lizbeth Reyes (@LiziRey )es Senior Manager en @Altazor_Intell. Socióloga por la UAM Xochimilco. Con experiencia en el área de investigación de mercados y opinión pública, enfocándose mayormente en las categorías de educación, belleza, retail y audiencias. Amante de la música en todos sus géneros, las tradiciones y la cultura y con una pasión por el cuidado del medio ambiente. Carlos Rosales (@RA_Karlos) es psicólogo social de mente inquieta, versátil, y con una curiosidad permanente hacia el mundo de todos los días. Además de la investigación de mercados y opinión pública, también ha sido docente a nivel Diplomado y Especialidad, ha participado en debates públicos o mesas de trabajo gobierno–sociedad civil, e impartido talleres, cursos y webinars sobre temas como: política de drogas en México, igualdad de género, diversidad e inclusión social, o factores psicosociales de riesgo en el ámbito laboral.