blogeditor · 23 de marzo de 2016
Por: Carlos Martínez Velázquez (@carlosmartinezv)
Bruselas, Bélgica.- Este martes 22 de marzo, mientras me encontraba en la capital europea, ataques terroristas (reivindicados por ISIS) fueron perpetrados contra la población civil en el aeropuerto de la ciudad y la estación de metro de Maelbeek, a unos pasos de los edificios sede de la Unión Europea.
En unos cuantos minutos, Bruselas pasó de vivir un día normal a un caos provocado por el ruido de las explosiones, el tráfico de las calles cerradas por la policía y las sirenas de ambulancias, patrullas y carros de bomberos. En las avenidas aledañas a la estación de metro, así como en el centro de la ciudad, los negocios cerraron sus puertas y se notaba la preocupación en el rostro de las pocas personas que estaban en la calle. Esta vez le tocaba Bruselas, apenas meses después de la tragedia en París.
Hasta el momento en que escribo estas líneas, al menos 34 personas han sido reportadas como muertas y cientos de heridos se encuentran en los hospitales de la ciudad. Por razones de trabajo, me encontraba en un seminario que ocurría a escasos 100 metros de la estación de metro epicentro de uno de los ataques. Durante horas estuve dentro del perímetro de seguridad que estableció la policía alrededor de los edificios europeos.
[contextly_sidebar id=”ASO1izNQ2FhygANvX05yNxTtANuHbx6j”]El grupo de los participantes del seminario está compuesto por representantes de organizaciones civiles de 22 países en vías de desarrollo, quienes se dedican desde diferentes frentes a promover valores liberales. Sin poder salir a la calle, decidimos reflexionar sobre lo que pasaba a pocas cuadras de distancia. Nuestro compañero de Líbano ha estado cerca de bombas y ataques en Beirut más de 25 veces, el terror y la desesperación de la población civil no es algo nuevo para él. Los colegas de Ucrania están pasando por uno de los episodios más crueles de su historia, con la ocupación de rusa en Crimea. En Egipto han vivido cambios políticos radicales, y el entorno de trabajo para las ONGs no es fácil. Para quienes trabajan desde Argentina o Nepal, sentían la sorpresa de no sentirse seguros en el “primer mundo”.
Los alemanes y belgas que acompañaban nuestro grupo, así como quienes representaban organizaciones en países como Rumania o Eslovenia, se sentían tranquilos en medio del caos. Confían en sus instituciones, en las investigaciones de sus aparatos de inteligencia y están seguros de los valores democráticos que defienden. El diálogo multicultural y la visión desde distintas realidades nos llevaron a cuestionarnos sobre el papel de los medios de comunicación, la desigualdad económica y social como una de las causas generales de los grupos terroristas, y, cómo conciliar derechos y libertades en pugna.
Como parte del seminario, días antes habíamos estado en Alemania, en donde escuchamos al encargado de la atención a refugiados en Aquisgrán. Fue impresionante escucharlo hablar sobre cómo se ha instrumentado uno de los mayores programas de atención refugiados en la historia, para quienes llegan de países en situaciones de crisis como Siria. Escuchar cómo pequeñas ciudades alemanas han más que duplicado su población en menos de un año por esta situación. Proveer servicios públicos, comida y un mínimo de bienestar a los que llegan en condiciones precarias, sería imposible sin la ayuda de miles de voluntarios locales encargados de hacerlo. Cuando preguntamos sobre qué hacía posible esta solidaridad ciudadana, fue inevitable la referencia a lo que vivió el pueblo alemán durante el régimen nazi y su recuperación después de la segunda guerra mundial.
Cuando pasan cosas como los ataques en Bruselas, uno se da cuenta que el análisis y reflexión tiene muchas vertientes, y que éstas las puede uno rastrear dentro del propio contexto europeo. Empezando por el papel de los estados nacionales y su relación con las instituciones supra nacionales, las políticas públicas implementadas en todos los niveles europeos, la propia estabilidad de la Unión Europea (con las expresiones de autonomía en muchos países o la discusión sobre la salida de Inglaterra), el surgimiento de partidos políticos nacionalistas o xenofóbicos, y las condiciones bajo las cuáles un ataque como el de hoy es posible. Al centro de todo, está el papel de los gobiernos y el significado del propio Estado.
Después de años de leer sobre ataques terroristas, al menos desde el 9/11, el saber que a unos pocos metros de ti está un seguidor de ISIS con una bomba; saber que mientras caminaba al amanecer por Bruselas, alguien estaba dispuesto a inmolarse y dañar a cientos de personas en nombre de su dios con la convicción de que hacía el bien, ha hecho que cambie para siempre mi perspectiva sobre lo que se siente que ataquen tu forma de vida, tu ciudad y tu gente. Te ayuda a actualizar tus creencias sobre antiguos dilemas: libertad o seguridad, integración económica o proteccionismo, más o menos Estado. Lo entiendes en otra dimensión, porque te das cuenta que tan sólo unos cuantos metros separan la vida de la muerte.
* Carlos Martíez Velázquez es Director de Central Ciudadano y Consumidor. Gracias a Ana Ogarrio por los comentarios al artículo y con quien me tocó vivir esta experiencia.