Carta de Lucero a la juez que liberó a su agresor

blogeditor · 4 de octubre de 2013

Carta de Lucero a la juez que liberó a su agresor

[contextly_sidebar id=”01009dfba659eb3725c4cceece4ca75c”]El pasado 12 de septiembre María de la Luz Salcedo Palacios fue brutalmente golpeada por el amigo de un conocido cuando se negó a tener relaciones sexuales con él, luego de que éste se ofreció llevarla a su casa después del trabajo. Dos semanas después, y luego de una campaña pública para que su caso se investigara y se castigara al responsable, la juez Paulina Iraís Medina y el defensor del acusado, Héctor Corona Vieyra, la acusaron de haber provocado la agresión. El agresor quedó libre. Esta es la carta escrita por Lucero y dirigida a la juez y al abogado defensor, hecha pública en la página de Facebook  Justicia para Lucero.

“El 12 de septiembre Miguel Ángel, amigo de un conocido de mi hija, se había ofrecido a llevarla a casa después del trabajo. En el camino él le propuso tener relaciones sexuales. Ella dijo ‘no’. Molesto, la amagó, y se alejó de nuestra ciudad, Guanajuato, dirigiéndose al poblado Ojo de Agua. Ella le pedía que la dejara ir. Cuando se detuvo, la bajó del coche y comenzó a golpearla, a intentar asfixiarla, a azotarla contra el piso, a darle puñetazos, hasta casi dejarla inconsciente. Él no quería violarla. Quería matarla”: Fermín Salcedo, papá de María de la Luz.

 

A su Señoría Paulina Iraís Medina y el abogado defensor Héctor Corona Vieyra.

Respetables licenciados, he tratado de formular las palabras correctas para expresarles a ustedes mi sentir por su desempeño el día lunes 30 de septiembre del presente, en la audiencia de vinculación por la denuncia hecha por su servidora, sin embargo no las encuentro, no puedo decir exactamente la impotencia, coraje, y demás que siento, por lo que les dedicaré sólo unas reflexiones personales.

En esta audiencia, el objetivo principal era presentar los delitos por los que se condena a la persona de la cual recibí una agresión el pasado jueves 12 de septiembre, sin embargo se volvió más que eso, se volvió un circo, un montaje destinado a demostrar una, y cada una de las fallas con las que lidian miles de personas al acudir a denunciar un acto como del que yo misma fui víctima.

Fue una audiencia muy curiosa, ya que la víctima terminó siendo culpable y el inculpado una víctima más de una mujer desidiosa, cizañosa, provocadora e inmoral como la que soy yo.

Una audiencia en la cual hasta me dieron ganas de pararme y pedir perdón, a usted su señoría, por hacerle perder el tiempo, a usted licenciado, por haber tenido que leer todas las inmoralidades que he cometido, y a Miguel, sobretodo a él, por hacerlo pasar por semejante situación, por haberlo provocado, por haberle causado enojo al decirle que no, por haberlo desprestigiado, ya que está arrepentido, él se disculpó por haberme casi matado, por haberme hecho pasar por, sino el peor, uno de los peores días de mi vida, ¿y yo? yo haciendo que sufra. Perdón; a ustedes mis más sinceras disculpas.

En esta audiencia se ventilaron datos de mi vida privada, datos irrelevantes para el caso, y aún más, siendo manifestados de una manera denigrante, haciéndome entender que yo fui merecedora del acto cometido contra mi persona, que me lo busqué, por inmoral, por tener una vida sexual, por pensar que soy libre de decidir con quien estoy y con quien no.

Pero aún con todo esto les agradezco. Les agradezco que no lo hayan metido a la cárcel, que me hayan acusado de todo lo que se me acusó, que hayan hecho uso de trucos sucios y bajos, que hayan omitido hechos bastante relevantes, que no hayan impuesto los delitos que debieron ser, que hayan hecho esto y todas las demás fallas que tuvieron ese día, porque la gente se dio cuenta, porque la gente no es idiota y se dio cuenta de lo que ocurrió, de que ahora no sólo soy víctima de esta persona, soy víctima de ustedes, del sistema, y que aún así no me detendré, no voy a parar, porque esto sólo es la punta del iceberg, sólo es el comienzo.

Por su atención gracias.

María de la Luz Salcedo Palacios