Carta abierta a quienes marchan por la familia

blogeditor · 24 de septiembre de 2016

Carta abierta a quienes marchan por la familia

Por: Daniel Berezowsky (@danberezowsky)

Te escribo a ti, que has decidido marchar este sábado por la familia.

Lo hago con sinceridad y sin pasión; no para oponerme, sino para invitarte a reflexionar sobre las razones por las que marchas. Antes de vestirte de blanco y salir este sábado a las calles, te propongo que pienses en cinco puntos. Después, eres libre de hacer lo que quieras.

Primero, te invito a informarte. No te dejes engañar por el ruido de algunos ni te dejes atemorizar por las mentiras de otros. La iniciativa que envió el presidente al Congreso fue para reconocer en la Constitución un derecho que ya existe en las 32 entidades del país: que cualquier persona pueda contraer matrimonio.

Todo lo demás que escuches es falso. La iniciativa no dice nada sobre la capacidad que tendrás para educar a tus hijos, ni los contenidos que se proveerán en las escuelas sobre sexualidad. Marchar en contra del matrimonio igualitario no protege más a tu familia ni a la educación de tus hijos; lo único que hace es lograr que algunas parejas tengan que pagar más –al tramitar un amparo- para poder casarse.

No actúes desde el miedo y mucho menos, desde un miedo que está basado en mentiras.

Segundo, me imagino que marchas porque te preocupan tus hijos y tienes todo el derecho a ver por ellos. Pero piensa en lo que les estás enseñando al marchar para quitarle sus derechos a alguien más. Tus hijos están aprendiendo de tus acciones, que algunas personas valen más que otras. Que está bien limitar los derechos de algunos con base en prejuicios, sólo porque son diferentes a ti; que más que la tolerancia, hay que practicar la discriminación.

Si en verdad quieres proteger a tus hijos, prepárales para un mundo que es diverso; uno en el que las personas pensamos de distintas formas, tenemos gustos y formas de ser diferentes y eso es lo más valioso de una comunidad: su pluralidad. Así crecemos en unidad; así, aprendemos unos de otros.

En realidad, tanto heterosexuales como homosexuales estamos preocupados por las y los niños; particularmente, son alarmantes los niveles de violencia y acoso escolar que algunas niñas y niños padecen todos los días en la escuela por ser diferentes. ¿No sería mejor que trabajáramos juntos por crear espacios más tolerantes y sanos para nuestras hijas e hijos?

Tercero, ve más allá. No te limites por lo que dice tu familia, tu comunidad, tu iglesia o tu estado. Sé un ciudadano del mundo y estudia lo que se está haciendo en otros países. Porque no sólo se trata de México, sino del México que somos dentro de un entorno global.

Cada vez más, países del mundo entero se están uniendo para proteger los derechos de las personas con preferencias sexuales e identidad de género distintas. Es algo que une a algunos de los países más avanzados y a las democracias más efectivas.

En nuestro propio continente, basta con ver hacia Chile o Argentina en el sur; hacia Estados Unidos y Canadá en el norte. Desde luego lo mismo sucede en Francia, Irlanda, España, Inglaterra… la lista es muy grande. La propia ONU ha establecido un grupo nuclear para proteger estos derechos.

Poco a poco, pero de manera muy determinada, el mundo está avanzando hacia un consenso: la discriminación contra parejas del mismo sexo debe de terminar.

Cuarto, piensa en tu religión; no en lo que haya dicho el sacerdote o pastor en un sermón, sino en los principios que guían a tus creencias: el amor al prójimo, la solidaridad. ¿En verdad crees que marchar para que algunas personas no puedan compartir un hogar y recibir los mismos derechos que tú es amar a Dios?

Permíteme citar a Ban Ki-Moon, Secretario General de las Naciones Unidas. Apenas el miércoles, en un evento en la ONU en Nueva York, se preguntaba: ¿acaso tu religión o cultura es tan débil, que tiene que privar a otros de sus derechos fundamentales? ¿Qué ganas con discriminar a otras personas?

Y quinto, piensa en a quién conviene esta marcha. Estudia quiénes son las y los organizadores de este movimiento, y no sólo su propaganda sino sus intereses políticos. ¿Por qué lo están haciendo? ¿Qué está detrás de lo que te dicen, pero que omiten?

No permitas que tu buena fe sea utilizada para apoyar a la agenda política de alguien que no te es transparente; y mucho menos, que mezclen a tu familia con intereses que poco tienen que ver con tu vida personal.

Esos son mis cinco puntos. Te los dice una persona que, como tú, se preocupa por su familia; que, como tú, quiere un México mejor para las y los niños: que, como tú, trabaja todos los días para que nuestro país avance. Si somos tan similares, ¿por qué dividirnos? Si queremos lo mismo, ¿por qué batallar unos contra otros?

Vamos en unidad, por el México que queremos; pero no podemos dejar de reconocer que eso empieza por construir un México en el que todas y todos tengamos los mismos derechos.

 

* Daniel Berezowsky es Licenciado en Ciencias Políticas, especializado en comunicación política y análisis de discurso. Su experiencia incluye el Poder Legislativo, la Administración Pública Federal, la prensa escrita y el cine.