Carta abierta a Miguel Herrera

blogeditor · 7 de mayo de 2014

Carta abierta a Miguel Herrera

Querido Miguel,

Me da gusto saludarte.

Primero, aunque no hace falta, déjame felicitarte. Debes estar disfrutando mucho estas últimas semanas antes del Mundial. Después de todo, la vida te ha hecho justicia. Escribía yo hace unos meses sobre lo injusto que fue Miguel Mejía Barón al marginarte hace veinte años. Nunca pudiste jugar un Mundial, pero ahora tendrás una responsabilidad equivalente, quizá mayor. Pienso, de pronto, en los técnicos que te precedieron en el banquillo nacional. Imagino que, como hombre de futbol que eres, te debe emocionar saberte en compañía de Trelles, Marcos, Cárdenas, Aguirre, Lapuente y La Volpe. Seguro también te alegra saber que estás a punto de lograr lo mismo que el técnico que te robó el sueño mundialista. Ahora, si te lo encuentras, podrás ver a los ojos a Mejía Barón y presumirle que tú también has vibrado con el himno nacional en una Copa del Mundo. Dulce venganza futbolera, la que has tenido.

Pero no sólo eso, Miguel. Tú, a diferencia de Mejía Barón, tienes todavía la oportunidad de hacer historia. Es cierto, claro: todos los técnicos nacionales tuvieron la misma chance antes de comenzar sus torneos. El asunto, Miguel, es que tú estás, ahora, en el momento perfecto para planear, estudiar, asegurarte de darle al equipo lo que en Estados Unidos se llama “a fighting chance”: una oportunidad real de pelear. Ahora, justo antes del vértigo mundialista, debes pensar con toda claridad qué quieres hacer con el equipo que tienes a tu cargo. Cada decisión cuenta, por supuesto. No necesito recordarte lo que ocurrió en aquel ’94 en el partido contra Bulgaria. Mejía Barón tenía frente a sí una posibilidad histórica y decidió morirse con la suya. En la obstinación llevó la penitencia. Tampoco tengo que remitirte –a ti, que eres un conocedor de nuestra historia– los errores que cometieron Roca (ay, dolor), Aguirre (Bruce Arena ríe aún) y hasta Lapuente. Menos tengo que debatir contigo las pasiones tan extravagantes de tu mentor, Ricardo LaVolpe, que dejó fuera del 2006, por razones más de víscera que de táctica, a Cuauhtémoc Blanco. Cada uno de ellos estuvo ahí, en ese mismo sitio donde estás tú. Todos tuvieron que responder la misma pregunta: “¿qué tipo de equipo será mi Selección Mexicana durante el Mundial?”

Y aquí déjame ser franco, querido Miguel: como aficionado al futbol primero, pero como periodista nacido y criado en el periodismo deportivo, estoy preocupado. Durante la eliminatoria contra Nueva Zelanda apostaste por un equipo singularísimo, conformado básicamente por jugadores cercanos a tu proyecto y tu sistema; hombres en buena forma física, convencidos del “futbol según Miguel Herrera”. No eran, Miguel, los mejores jugadores de México. Pero eran, entiendo, los mejores para el momento de emergencia por el que atravesaba nuestro futbol. No fuiste el primero ni serás el último en apostar por un grupo unido y compenetrado para una situación de urgencia. Javier Aguirre lo hizo cuando rescató a medio Cruz Azul para ganarle a Estados Unidos en aquel partido de eliminatoria en el Azteca en julio del 2001. Pero Aguirre tuvo el buen sentido de comprender que una situación de emergencia no se traduce, necesariamente, en la norma. Tomás Campos no llegó al Mundial. Tampoco Víctor Gutiérrez ni el buen “Don Juan” Hernández. Aguirre llevó a los mejores, no a los más fieles, ni los más nobles, ni los de mejor carácter. Tú, Miguel, debes hacer lo mismo.

Corre la versión de que planeas dejar fuera de la lista a Giovani Dos Santos. Hacerlo sería un error grave, Miguel. México no puede darse el lujo de prescindir de sus pocos, poquísimos talentos. Aclaro: si pensaras dejar a Giovani sin Mundial por alguna cuestión eminentemente táctica, lo entendería (me costaría harto trabajo, pero lo entendería). El problema es que, de acuerdo con varias personas que saben de ti y tu entorno, tus motivos se acercan más a mantener la “armonía del grupo”. “A Miguel le preocupa mucho lo grupal”, me dijo un colega que ha platicado contigo y tus jugadores varias veces. Lo mismo encontré en algunos exjugadores a los que consulté. Todos están de acuerdo en que parece importarte más el carácter de tus futbolistas que su capacidad de juego (¿no fue esa, por cierto, la razón exacta por la que Mejía Barón te dejó fuera del ’94?).

[contextly_sidebar id=”cd2352e74a0611fa6a1e022f3a1f7c06″]En fin, Miguel, parece que preferirás convocar a un grupo salpicado de futbolistas mediocres pero que promuevan un “buen vestidor”, que asumir la responsabilidad de lidiar con el ego de algunos que, aunque más talentosos y capaces, no comulgan enteramente con tu estilo gerencial e incluso táctico. Me temo, Miguel, que eso implica una claudicación inadmisible. Un entrenador de futbol –y mucho más uno de selección- tiene la obligación de administrar personalidades, especialmente las que, a primera vista, desencajan con el resto del grupo. Hugo Sánchez no era muy querido por el grupo en el ’86. Cerca estuvo de llegar a los golpes, dicen algunos. Aun así, Bora lo llevó al Mundial. Y Hugo, dígase lo que se diga, sumó, moviendo la delantera nacional y anotando un gol.  Sin Hugo -el soberbio, mal querido, pedante Hugo– el México del ’86 habría sido menos de lo que fue. La responsabilidad de manejar el ego de Hugo no era del propio goleador, era de su entrenador. Bora no rehuyó la responsabilidad, e hizo bien. Tú debes hacer lo mismo

Lo más importante es esto, Miguel: para ti, este momento no regresará nunca. Es posible que vuelvas a dirigir al equipo en Rusia. Pero seamos francos: no es probable. Ningún técnico ha repetido al mando del equipo mexicano desde 1966. Y dependes, claro, del resultado en Brasil. Aunque hayas llegado tarde al timón, nadie te perdonará que lleves el barco a pique. No sacrifiques la calidad del grupo en aras de una supuesta unidad. Suficiente hemos perdido ya con la ausencia de nuestro mejor futbolista. Te aseguro que ni Brasil, ni Croacia ni Camerún harán lo mismo (dicen, por cierto, que Etoo es una pesadilla en el vestuario. ¿Lo dejará fuera de la lista Finke? ¿Apostamos?) No le restes talento a México, Miguel. El equipo no da para eso.

Con un abrazo,

 

León Krauze