blogeditor · 28 de abril de 2014
Una vez le preguntaron a Buda qué es lo que más le sorprendía de la humanidad y respondió: “Los hombres que pierden la salud para juntar dinero y luego pierden el dinero para recuperar la salud. Y por pensar ansiosamente en el futuro, olvidan el presente de tal forma que acaban por no vivir ni el presente ni el futuro. Viven como si nunca fuesen a morir y mueren como si nunca hubiesen vivido”.
Ayer me desperté de un sueño confuso y supe ahí nomás que no iba a ser un día de esos así nomás. Ayer no tenía ganas de hacerle frente a esa cosa que se empecina imbécil y se llama vida. Ayer desayuné sin darme cuenta de que desayunar es ya prepararse para vivir esa cosa. Ayer tuve ganas de bajar los brazos y sin embargo los vestí de azul y salí. Intenté darle solución a lo insolucionable. Y me agoté un montón de veces. Ayer atendí el teléfono cuando tenía ganas de dejarlo sonar. Ayer hice algo por los demás que no quería hacer y por eso salió mal. Ayer volviendo para mi casa me acordé del refrán que el otro día me dijo el marido: “bájate de la cruz que necesitan la madera” y me eché a reír y reír. Iba por el periférico al unísono con todas esas personas preocupadas y pude distinguir a una que llevaba unos auriculares tremendamente graciosos de plástico color verde y muy grande que parecían de juguete y pensé cómo alguien podía insultar de ese modo a sus orejas.
Ayer imaginé algunos destinos posibles para mi locura: Italia era uno de ellos. Ayer leyendo grafitis me di cuenta que en este país si no comes carne eres pobre, si escuchas reggaetón eres naco y si no eres perredista eres pripanista. Ayer escuché esa canción de Luis Miguel que le dediqué alguna vez y me alegré de que alguna vez se la dediqué sin saber que sería mi compañero para el resto de mi vida, la canción y él y después también pensé que por una vez no tengo que hacer las cosas al revés, que primero el consomé y después el postre y esperar. Ayer supe que soy fanática de los productos orgánicos. Y que ser un hombre y no ser un cerdo, no puede ser tan difícil. Ayer, diez minutos antes de empezar a escribir este menjunje de palabas, me crucé con varias personas por la calle que me saludaron desde lejos con una sonrisa, sí, con una sonrisa. Ayer supe que nada es definitivo, ningún estado. Y eso es lo único que al final quiero decir. Que nada es definitivo. Que HOY puede ser uno de esos días. O no. Por donde quiera que yo vaya.
28 de abril del 2014, otro día más para recordar el cuento corto del gato:
Un gato grande observa como un gatito trataba de agarrarse la cola y le pregunta:
-¿Porqué lo haces?
Y el gatito dice:
-Porque he aprendido que lo mejor es la felicidad y mi cola es la felicidad
Y el gato grande le respondió:
-Yo también sé que mi cola es la felicidad, pero me he dado cuenta que cuando la persigo se me escapa y cuando voy haciendo lo que tengo que hacer ella viene detrás de mí.
Nos leemos pronto mis queridos lectores.