Carlos Manzo, el Bukele mexicano

Redacción Animal Político · 11 de septiembre de 2025

Carlos Manzo, el Bukele mexicano

Desde hace dos décadas Uruapan, Michoacán, es una ciudad asediada por las organizaciones criminales y su población se encuentra harta de estar a merced de narcotraficantes y extorsionadores. Por ello ha ganado notoriedad su alcalde, Carlos Manzo Rodríguez, exmilitante de Morena que llegó al poder por la vía independiente, con una plataforma centrada en combatir al narco y erradicar la corrupción.

No se puede tachar a Carlos Manzo de incongruente, ya que la seguridad pública ha sido el centro de su gestión. Ha incrementado el presupuesto destinado a este rubro y fortaleció a la policía municipal con la compra de camionetas blindadas, nuevos uniformes, chalecos antibalas, mejor armamento, capacitación, drones, cámaras de video vigilancia, al tiempo que incrementó en 30% los salarios de los policías para atraer a más elementos, e instauró un sistema de bonos por desempeño que llegan hasta 200 mil pesos si realizan capturas relevantes o liberan a personas secuestradas.

Pero al Alcalde no solo le gusta invertir en seguridad, sino también involucrarse, ya que de forma directa ha participado en operativos de seguridad montado en una patrulla persiguiendo criminales, además de tener la propensión de realizar videos de dichas acciones.

Esto se ha traducido en una importante cobertura en medios nacionales, mucho mayor a la que reciben alcaldes de municipios con igual o mayor población, pero también en una aprobación importante por parte de los habitantes de Uruapan, la cual se ubica entre el 64 % y el 72 %, según la medición que se utilice como referencia, por lo que se puede afirmar que ha logrado construir una narrativa en la cual transmite la sensación de resultados en materia de seguridad.

Se trata de un personaje atípico, que siempre viste con sombrero michoacano y usa un discurso populista rayando en lo mesiánico, pero a la vez frontal. Con lenguaje coloquial del tipo: “La estrategia es ir al frente, no esconderse, no hacerse pendejo” o “Con el blindaje de Dios, con ese me la juego”, este último para explicar por qué él no usa vehículo blindado, ya que prefirió dar las camionetas a sus policías.

El énfasis en la seguridad, su popularidad, el uso de redes sociales para promover su imagen, y lo frontal de su actuar le ha ganado que en la prensa lo comparen con el presidente de El Salvador, Nayib Bukele. El problema es que Manzo también está copiando los aspectos negativos de Bukele, como su nulo compromiso con los derechos humanos. Manzo dio una especie de carta blanca para que los elementos de la policía municipal abatieran a los narcotraficantes cuando les sea posible, y si bien matizó que debe darse en el contexto de enfrentamientos o ataques a la población, hay protocolos del uso racional de la fuerza que se deben seguir.

Su frase “los asesinos, los que matan a niños, a bebés y mujeres embarazadas, lo único que pueden recibir son chingadazos y la aplicación del estado de derecho”, suena mucho a Bukele y a su política de cero tolerancia al crimen, aunque el propio Manzo rechaza la atribución como el Bukele mexicano.

Sin embargo, aun cuando se trata de criminales, no hay un contexto de guerra en donde el objetivo sea abatir al mayor número de delincuentes posibles, por muy malos que estos sean. La fuerza del Estado solo se debe usar cuando se encuentra en peligro la vida de los propios oficiales o de algún ciudadano.

La presidenta Sheinbaum se ha pronunciado en contra de las instrucciones de Manzo, pero en lugar de achicarse, el alcalde retó a la mandataria a solucionar el problema de la inseguridad en Uruapan sin utilizar la fuerza de las armas, y que si lo resuelve y tiene mejores resultados, él renunciaba en ese momento.

Se trata pues de un movimiento discursivo que le está sirviendo para presentarse como una figura de oposición, que lo podría catapultar a otras posiciones a pesar de que no ha mostrado un interés abierto en las mismas.

Lo cierto es que no siempre las estrategias más mediáticas son las más efectivas en materia de seguridad. De hecho, Uruapan es una de las ciudades con mayor sensación de inseguridad del país, como lo manifiesta el 89.5 % de su población en el corte del segundo trimestre de 2025 de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU).

El respeto a los derechos humanos, aun cuando sean los de los criminales, no está sujeto a negociación. Es un imperativo de toda autoridad y ni siquiera los altos índices delictivos justifican su vulneración. Además, los abusos en la materia pueden derivar en injusticias que afecten a toda la población, por ejemplo, si los policías se acostumbran a disparar antes de indagar, tarde o temprano habrá ejecuciones de personas inocentes.

A pesar de que se reconoce su compromiso con la seguridad pública, la estrategia de Carlos Manzo se debe ver con ojos críticos. Por muy alcalde que sea no está por encima de la ley, mucho menos de los derechos humanos, y los oficiales de su municipio tienen que adecuarse a los protocolos del uso razonable de la fuerza.

* Víctor Manuel Sánchez Valdés (@victorsanval) es profesor investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, especialista en seguridad y doctor en políticas públicas por el CIDE. Correo de contacto: victorsanval@gmail.com.