blogeditor · 20 de febrero de 2017
El ficticio Plan Nueve del Espacio Exterior es más coherente –aunque no por mucho- que las propuestas perniciosas de Donald Drumpf.

Este emblema del circuito de medianoche podría representar un reflejo oblicuo del desorden institucional en el que hoy se encuentran el país de Trump y el resto del mundo: de una sociedad sumida en la incertidumbre, y –como en México- partida en múltiples pedazos; del peligro –que ya no es sólo latente- de una ‘reivindicación’ nacionalistoide, sociopática y paranoide del Trumpetas, ayer orquestador y hoy beneficiario (antes, desde el mullido sillón de Celebrity Apprentice; en la actualidad, instalado en la Oficina Oval) del caos inducido por la caterva de reaccionarios y parentela diversa bajo sus órdenes.
Pertenece al dominio público; aquí, se consulta en versión colorizada.
Destacan extraterrestres y zombis fallidos; el terror a una hecatombe nuclear, y la última actuación de Bela Lugosi: el célebre Conde Drácula muerto a media filmación, cuyo lugar fue ocupado por un quiropráctico amigo del realizador, que no se parecía en nada al actor húngaro y que cumplió medianamente con el encargo ocultando su rostro tras una capa.
Participan adivinos y luchadores; la ilustre Vampira [Maila Nurmi], y platívolos pendiendo de hilos perfectamente visibles. Panteones de utilería. Esto contiene la peor película norteamericana de la historia (de acuerdo a encuestas especializadas y juicios populares), creada en 1959 por Ed Wood -cuyo filme homónimo, dirigido por Tim Burton, tuvo como protagonista a Johnny Depp- convertida en obra de culto.
A diferencia de Plan 9, el titular de la marca con ‘T’ mayúscula es director de un esperpento que cesó de ser entretenido, a partir del 20 de enero.

El ‘granjero’ Trump. Premios Emmy 2006. Canta, en dueto con Megan Mullally de programa Will y Grace, el tema de Green Acres. Foto vía Politico
Como en los Unit(Id) States inaugurados por Trump, no estamos en presencia del Ciudadano Kane -antítesis del cine desechable; uno de los filmes más influyentes en la historia del cine, dizque favorita del magnate y presidente de Estados Unidos- sino en el ámbito de los churros convertidos en política pública pura y dura; orgullosamente xenofóbica, con funcionarios designados por el magnate para demoler las instituciones que presiden, y la ignorancia supina –e infinitamente interesada: el mortal Ataque de los Oligarcas, hechos gobierno- como divisa única e intransferible.
Trump es un actorsucho que de tanto fingir ser presidencial, se ha convertido en lo que temíamos. Llega montado en prejuicios obscenos y promesas incumplibles.
Nada indica que la maquinaria del partido republicano, que controla las principales esclusas del Estado, tenga el ánimo de enfrentarlo.
Desde la sociedad y en redes, sólo queda resistir (pero, ¿cómo?), y asombrarnos. Con secuencias que invitan a la incredulidad, y a una sensación incómoda de que en efecto vivimos una alucinación colectiva.
Comercial: La comida chatarra conquista el Universo. Donald Trump y Grimace [El Rictus, o La Mueca] ofrecen suculentas hamburguesas McDonald’s, de a un dólar por pieza.
El Trumpismo: todo lo que representa era contenible hasta que se impuso en los comicios de noviembre. Quién sabe cómo detener esta alocada locomotora, para minimizar el daño. Intentarlo va a ser una experiencia complicada, y absolutamente necesaria.