La cancha no es pareja para ellas: el futbol femenil también se juega por la igualdad

Joel Aguirre · 13 de agosto de 2026

La cancha no es pareja para ellas: el futbol femenil también se juega por la igualdad

Por Drasha Kaled Fuentes Valencia

El futbol femenil ha dejado de ser un pasatiempo para convertirse en un fenómeno social y deportivo relevante tanto en México como en el mundo. Sin embargo, ¿por qué existe tanta diferencia entre el futbol masculino y el femenil? La respuesta se encuentra en un estructura patriarcal de desigualdades históricas, culturales, sociales y económicas que, desde la perspectiva de los derechos humanos, ponen en evidencia la necesidad de garantizar igualdad, no discriminación y acceso a un trabajo digno para las jugadoras.

En el mundo, el futbol femenil enfrenta distintas desigualdades; estas comenzaron desde Inglaterra, en donde se vetaron partidos de mujeres en estadios profesionales durante gran parte del siglo XX, mientras que en otros países europeos se consideraba “inapropiado” que las mujeres practicaran este deporte (Williams, J. 2003).En México, por su parte, los primeros equipos femeniles surgieron en los años 1970 y 1980, organizados de manera amateur (por torneos locales) y con escasa visibilidad mediática. No fue sino hasta 2017 que la Federación Mexicana de Futbol reconoció oficialmente la Liga MX Femenil, marcando un antecedente importante en la historia deportiva del país.

La creación de la Liga MX Femenil abrió un espacio de profesionalización, pero los retos siguen, ya que, a pesar de que se han registrado avances en infraestructura y difusión, las condiciones laborales siguen siendo precarias, pues existen salarios bajos, contratos limitados y ausencia de seguridad social en muchos casos. Un ejemplo claro es que, en 2019, varias jugadoras denunciaron públicamente la existencia de un “tope salarial” de apenas 2,000 pesos mensuales, cifra muy por debajo de lo que perciben sus colegas varones (Animal Político, 2021). Además, se han señalado limitaciones en temas de maternidad y falta de garantías para la salud física y mental de las futbolistas.

El futbol femenil no es solo un tema deportivo

En Yucatán, el futbol femenil tiene una historia particular en donde desde los años 1980 se organizaron ligas amateurs en Mérida y municipios cercanos, con equipos que dieron origen a la actual Liga de la Primera Fuerza Estatal Femenil (La Revista, Yucatán 2024). Hoy existen ligas estatales y participación en torneos nacionales, pero la profesionalización es limitada, en ella la mayoría de las jugadoras combina estudios o trabajos adicionales para sostener su carrera, lo que refleja la precarización laboral, a parte de que en torneos locales, muchas futbolistas deben costear uniformes, traslados y atención médica, lo que evidencia la falta de apoyo institucional.

Las estadísticas económicas muestran la magnitud de la desigualdad, una jugadora profesional en México gana en promedio entre 3,700 y 7,000 pesos mensuales, mientras que un futbolista varonil alcanza hasta 750,000 pesos al mes, siendo una brecha salarial que supera el 95 por ciento. ¡Lo que es una muestra clara de la desigualdad de género! (Expansión, 2022).

Es un error creer que el futbol femenil es solo un tema deportivo; todo es político y un campo de disputa de derechos humanos. El campo de juego también lo es y en este la igualdad y la no discriminación son principios fundamentales que deben aplicarse en todos los ámbitos en donde el derecho al trabajo digno y a la seguridad social implica que las jugadoras reciban condiciones laborales justas, acceso a prestaciones y respeto a su integridad. Así, la perspectiva de género es la que obliga a reconocer que el deporte ha sido históricamente masculinizado y que las mujeres enfrentan barreras culturales, económicas y sociales para acceder a las mismas oportunidades.

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*Drasha Kaled Fuentes Valencia es estudiante de la Licenciatura en Derecho. Actualmente realiza su servicio social como auxiliar de investigación en la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán.

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