Cambio climático y resiliencia comunitaria costera

blogeditor · 18 de noviembre de 2021

Cambio climático y resiliencia comunitaria costera

El futuro ya nos alcanzó. El cambio climático no es un fenómeno que “viene” sino que ya está aquí, afectando a México y al mundo, con los océanos como epicentro. ¿Por qué? Los océanos cubren gran parte de la superficie del planeta, producen más del 70% del oxígeno que respiramos, son el hogar de una increíble y abundante biodiversidad, y son el amortiguador que absorbe alrededor del 30% del dióxido de carbono y otras emisiones contaminantes, que afectan de manera directa a los corales y la vida marina en general, pero también a las comunidades costeras que viven de la pesca. La salud humana está íntimamente ligada a la salud del océano.

Durante años hemos hecho oídos sordos al llamado a trabajar en la mitigación del cambio climático, y la vulnerabilidad de los mexicanos en las costas ha sido nuestro punto ciego; hoy necesitamos transitar hacia la adaptación y resiliencia a sus impactos. Las comunidades costeras requieren de acción, en forma de atención, voluntad y políticas públicas que las protejan y provean capacidades para enfrentar la crisis climática que vivimos. El fenómeno está afectando, sin precedente, la productividad en el noroeste del país, y en los próximos 30 años, puede agravar la situación para la zona sur del Golfo de México, regiones de las cuales el sector pesquero depende, manifestándose en una vulnerabilidad sistémica con efectos más allá de las costas de ambos océanos.

Según la FAO, México ocupa el lugar número 13 como país productor en pesca y acuacultura, con muchas especies de alto valor comercial y social, como el pulpo, el camarón, la almeja generosa, el atún y la sardina, entre aquellas que se exportan a diversos mercados. Por otro lado, el consumo nacional de pescados y mariscos provenientes de la pesca y la acuacultura es muy relevante: 13 kilos per cápita al año, según datos del Consejo Mexicano de Promoción de Productos Pesqueros. Además, el rol de los pescados y mariscos en la seguridad alimentaria ha sido subestimado, los alimentos del mar son clave para la nutrición y el desarrollo, no solo por su valor proteico, sino por los múltiples micronutrientes que proveen.

Como actividad económica, la pesca emplea a cerca de dos millones de personas a lo largo de la cadena productiva y es el único medio de vida de miles de poblaciones costeras. Sin embargo, la pesca no es sólo números, son personas, comunidades, cultura y modos de vida.

En el ánimo de buscar y proponer soluciones basadas en ciencia y en análisis de vulnerabilidad comunitaria, EDF de México, académicos, OSC’s y otros actores del sector que formamos parte de Impacto Colectivo por la Pesca y Acuacultura Mexicanas, trabajamos en el estudio Cambio climático en México: Recomendaciones de política pública para la adaptación y resiliencia del sector pesquero y acuícola, que tiene como objetivo principal aportar información y propuestas para robustecer y armonizar las políticas públicas relacionadas con este sector, que permitan, tanto una explotación más sostenible y responsable de los recursos pesqueros, como adaptación y resiliencia en las comunidades costeras en el corto, mediano y largo plazo.

Si bien existe conocimiento y conciencia del cambio climático a nivel de las comunidades y productores, pues son ellos quienes viven sus impactos más inmediatos, para lograr la adaptación y cambios permanentes que les permitan bienestar y un piso mínimo de derechos, se requiere una enorme dosis de voluntad política que trascienda los discursos y las promesas, para avanzar hacia el fortalecimiento real del sector pesquero mexicano: desde los pescadores ribereños y sus cooperativas, hasta los productores industriales y los comercializadores.

Aunque el futuro climático nos haya alcanzado, todavía estamos a tiempo de tomar en serio las recomendaciones de los científicos y académicos para lograr que nuestro sector pesquero y acuícola sobreviva a los retos actuales y futuros y logre la sustentabilidad que se refleje en el bienestar de las comunidades pesqueras.

Entre las recomendaciones del Estudio se encuentran desarrollar e implementar un Programa Nacional de Pesca y Cambio Climático a nivel federal que integre las visiones de los actores en las diversas etapas de la cadena productiva del sector; crear el Atlas Nacional de Riesgo para el Sector Pesquero; aumentar la inversión en la generación de conocimiento, y el desarrollo de escenarios locales y estrategias de adaptación al cambio climático; armonizar las herramientas legales existentes relacionadas con el cambio climático y el manejo ecosistémico, tanto de nivel federal como estatal; actualizar la Carta Nacional Pesquera, Carta Nacional Acuícola, las NOM’s y los Planes de Manejo Pesquero, y muy importante, incluir un enfoque de género en los análisis de vulnerabilidad al cambio climático que dignifique y reconozca la actividad de las mujeres en la pesca.

El próximo 21 de noviembre es el Día Mundial de la Pesca, y esta misma semana se da el banderazo al Año Internacional de la Pesca y la Acuicultura Artesanales de la ONU-FAO en 2022, que tiene el objetivo destacar el papel de la pesca y acuacultura de pequeña escala en la seguridad alimentaria y la nutrición mundiales, la erradicación de la pobreza y el uso sostenible de los recursos naturales. Empecemos hoy a fortalecer al sector de cara a crisis sistémicas como el cambio climático o la pandemia por COVID-19, trabajando de manera colaborativa, aprovechando la información científica, la energía de la sociedad civil, la academia y otros actores interesados.

* Rafael Ortiz Rodríguez (@RafagaOrtiz) es Biólogo marino y Director General de la Iniciativa de Pesquerías Resilientes y Océanos de EDF de México.