Redacción Animal Político · 30 de julio de 2024
Hace unos días presentamos un documento sobre la interconexión entre la migración, el cambio climático y las mujeres, en el que exploramos qué datos existen, cuáles medidas han adoptado los Estados para proteger a las personas y cómo ser mujer complejiza las condiciones de desigualdad que viven.
La complejidad de reconocer que el cambio climático es una causa de desplazamiento radica en su interrelación con otros factores. Las personas no solo migran por desigualdad social, pobreza, violencia, falta de oportunidades, poco o nulo acceso a servicios básicos, también lo hacen por las afectaciones directas del cambio climático, las cuales no pueden ser desestimadas como causantes de la movilidad.
Desde hace unos años, desde el Instituto para las Mujeres en la Migración, A. C. (IMUMI) hemos incluido la variable del cambio climático en los cuestionarios que hacemos a las usuarias de nuestra Clínica Jurídica, la mayoría proviene de Centroamérica. La detección no ha sido sencilla, porque no existe una consciencia colectiva de la gravedad del cambio climático, ni de qué manera es una causante de desplazamiento interno e internacional.
Cuando las usuarias hablaban de un desplazamiento por cuestiones económicas o por haber padecido algún tipo de violencia en su lugar de origen, los efectos del cambio climático estaban presentes como causa principal anterior a la pérdida económica y de experiencias de violencia. No es común asociar al cambio climático como el principal causante del desplazamiento en comparación con otros fenómenos que, pese a ser igual de complejos, tienen efectos más palpables y directos, como la violencia.
Parte de la información recabada nos permitió comprender que, en los desplazamientos de algunas usuarias, los eventos climáticos extremos que afectan la zona del Corredor Seco eran parte de las causas de su migración, aunque no fueron los únicos elementos que influyeron en las mujeres para cruzar fronteras, los factores económicos y la violencia también estuvieron presentes. Alma y Silvia, dos de nuestras usuarias, mencionaron que en Honduras se vieron amenazadas por pandillas, aunque su desplazamiento -en primer momento- fue consecuencia de los huracanes Eta e Iota.
Estas dos experiencias muestran cómo la migración, muchas veces, no es un recurso de falta de adaptación, sino la alternativa final por la que optan las personas para hacerle frente a los distintos impactos negativos del cambio climático.
A esa complejidad de lo que significa el desplazamiento por los efectos adversos del cambio climático se suma el complicado proceso para acceder a la regularización migratoria o al reconocimiento de persona refugiada en México, ya que ni las autoridades migratorias ni de asilo tiene información adecuada que oriente a las personas de forma precisa.
Silvia señaló que se acercó a las oficinas del Instituto Nacional de Migración (INM) y a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) una vez que estuvo asentada en Puebla, pero no recibió ningún tipo de apoyo o información.
Las experiencias migratorias de Alma y Silvia no son aisladas ni extraordinarias, representan una realidad cada vez más presente en la región. Y aunque las causas de sus movimientos sean multifactoriales, no se puede negar la relevancia del cambio climático como un multiplicador de los movimientos migratorios, a la par que es un catalizador de las condiciones de vulnerabilidad en los países. Los Estados no sólo deben reconocer al cambio climático como una causa de desplazamiento, también deben recopilar datos que muestren su impacto en la vida de las personas en movilidad; realizar una interpretación amplia de la Declaración de Cartagena y reformar la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político, y construir acciones concretas de protección para mujeres y niñas en contextos de movilidad, cuya vida ha sido afectada por el cambio climático.
Comenzar a detectar a las personas que se desplazan a través de las fronteras por los efectos adversos del cambio climático es tan desafiante como necesario. Según las proyecciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, de aquí a 2050 hasta 143 millones de personas se verán desplazadas como consecuencia del cambio climático. En el primer semestre de 2024, el 45 % de las solicitudes de asilo recibidas por COMAR fueron de mujeres, pero se desconoce cuántas tiene como una de sus causas los efectos adversos del cambio climático.