Redacción Animal Político · 9 de marzo de 2024
En las últimas dos décadas se han producido estudios y datos que han permitido dimensionar cómo se vinculan el cambio climático y la (des) igualdad de género, y una de las conclusiones más importantes a las que se ha llegado es que las mujeres y niñas se ven afectadas de manera desproporcionada por los efectos de la crisis climática, especialmente en las zonas rurales de los países vías de desarrollo que a menudo son también las más pobres.
Factores como la pobreza, la discriminación, los patrones culturales patriarcales y la injusta distribución de las labores de cuidado se combinan para dar origen a un círculo vicioso en el que podemos ver cómo aumenta la vulnerabilidad frente a los desastres naturales debido a la desigualdad, amenazando los medios subsistencia, la salud y la seguridad de las mujeres y niñas de todo el mundo; pero a la vez, los impactos de estos desastres profundizan las desigualdades históricas a las que se han enfrentado.

Las mujeres dependen más de los recursos naturales, pero tienen menos acceso a ellos. La situación de pobreza limita su acceso a créditos y otros medios de financiamiento, y los arraigados patrones culturales siguen excluyendo a las mujeres de los espacios de toma de decisiones a nivel comunitario, subnacional, nacional e internacional. Las mujeres y niñas siguen asumiendo las tareas de cuidado lo que sigue duplicando o triplicando sus jornadas de trabajo, limitando su acceso a espacios de capacitación, educación formal, trabajos remunerados y su participación en la definición de acciones en la lucha contra el cambio climático (ONU Mujeres, 2022).
Los diversos acuerdos internacionales y regionales han diseñado mecanismos para hacer frente a la crisis ambiental, uno de ellos es el financiamiento a través del cual se asignan recursos financieros a los países en vías de desarrollo para que puedan avanzar en la implementación de medidas de mitigación y adaptación al cambio climático. Sin embargo, durante mucho tiempo la asignación de estos recursos ha sido ciega al género y a pesar de que en los últimos años estos mecanismos han realizado esfuerzos importantes por transversalizar la perspectiva de género dentro de sus políticas y procedimientos, estos no han sido suficientes para garantizar que dichos recursos lleguen a las mujeres.
En 2022, Iniciativa de Política Climática reportó que solo el 0.04 % del financiamiento climático se centró en la igualdad de género, colocando a las mujeres y niñas nuevamente en una posición de desventaja en el acceso a los recursos.
Por ello, en este #8M diversas organizaciones como ONU Mujeres nos propone reflexionar sobre el financiamiento de la igualdad de género, como una oportunidad para cerrar brechas de género y hacer frente a las múltiples crisis que enfrenta la humanidad.
En ese sentido, Iniciativa Climática de México (ICM) se suma a este llamado y reconoce la importante vinculación que existe entre el financiamiento climático y la garantía de los derechos fundamentales de mujeres y niñas, así como la necesidad de destinar recursos para financiar acciones que tengan por objeto aumentar la generación de información sobre mujeres y cambio climático que sirva para tomar mejores decisiones, incrementar el acceso a la propiedad de la tierra para empoderar a las mujeres, redistribuir las cargas de cuidado y aumentar la participación y el liderazgo femeninos en la toma de decisiones de acción climática.
Hoy más que nunca, necesitamos un financiamiento climático que establezca criterios de género en la asignación de estos fondos, que garantice a las mujeres el acceso directo a estos recursos y las reconozca como agentes de cambio fundamentales para construir soluciones más equitativas, justas y sostenibles para todas las personas.
* July Puentes, Mariana Díaz y Ana Sofía Tamborrel son expertas de Iniciativa Climática de México (@iniciativaclima).