Cambiemos las reglas: ¡preguntemos a los niños(as)!

blogeditor · 25 de abril de 2020

“Mi abuela quiso que tuviera una educación,

por esto no me llevó a la escuela”.

Margaret Meade en La Escuela ha muerto, de Everett Reimer.

 

Se habla mucho de los niños(as) y de los aprendizajes que se perderán en este período del COVID-19, pero entre tanta discusión de adultos, ¿quién le ha preguntado algo a los niños(as)? Nuestro delito es mantenerlos en el anonimato constante de lo suyo, que es la escuela1. Los niños y niñas no existen en la solución de los problemas educativos, no aparecen en las preocupaciones, como afirma Francesco Tonucci2 en entrevista.

Desde Cien Lenguajes del Niño, AC pensamos que es tiempo de repensar la escuela, pensar que otra escuela es posible, no un plan de estudios que lo que allí se aprenda sea exclusivo de esas paredes, desligada de las familias y aburrida para los niños(as). La única y equivocada preocupación actual del sistema educativo es que los contenidos de la escuela se extiendan al hogar, y ése es un error desde nuestra perspectiva, pues los aprendizajes se aprenden en cualquier espacio. Se calcula que los niños, niñas y jóvenes de 0-18 años pasan el 80% despiertos fuera de la escuela3, el mundo es su laboratorio de aprendizaje y la escuela debe ser para la vida, no viceversa.

Mientras algunas posturas sostienen la importancia de dar continuidad a los planes de estudio con llamados como: ¡se nos acaba el ciclo escolar!, ¡la crisis educativa perdurará por años!, ¡perderemos los aprendizajes clave! Nosotros decimos: “calma, mejor aprovechemos este momento para hablar en serio de aprendizaje y soltemos la vertical enseñanza”. Entendemos la preocupación de estas posturas y no ignoramos sus fundamentos como es que en períodos de distancia (como en el verano) las desigualdades en los hogares amplían la desigualdad de aprendizaje, pero desde nuestra visión nos parece aún más urgente dar brote a un virus pedagógico distinto que acoja las inquietudes y curiosidades de los estudiantes al centro del aprendizaje.

No son pocos los relatos y resulta francamente desolador enterarse por distintos medios que exijan a los niños y niñas, incluso pequeños de dos años (¡dos años!), estar frente a la computadora algunas horas sentados. La emoción y sonrisa es por ver a sus docentes y compañeros(as), pero caemos en la petición de sentarlos -algunos hasta con uniforme- para que se estén, para que se entretengan, para que nos escuchen, para que hagan lo que dice la maestra que indica la escuela que marca el libro de texto que instruye el plan de estudios, el (maldito) plan de estudios. ¿Y sus dudas, sus emociones, sus miedos?, ¿Ya les preguntamos cómo están? No hay tiempo. Las y los docentes sofocados -tanto en escuelas públicas como en privadas- con llamadas o videos acercando planeaciones al por mayor: ¡que cumplan con las actividades! Las más amables apelan a los tiempos:

Cuando usted pueda, señora. ¡Solo le encargo las 456 actividades!“.

¿Si tiene cartulinas, papel bond y acuarelas en casa?“.

Aquí le dejo las 10 actividades de hoy. Si tiene cartucho para imprimir, ¿verdad?”.

Solo le molesto si sube las evidencias del trabajo para evaluar el desempeño, ¿si sabe usar la plataforma y la nube, cierto?”.

Nos vemos en el ZOOM, ¿si tiene internet verdad?“.

El COVID-19 no solo exhibe al sistema educativo, sino resulta penosa la respuesta, como plantea Rosa María Torres, reconocida pedagoga ecuatoriana en el foro organizado por el COMIE al respecto. El problema es complejo, me confiesa una docente ejemplar de privada: “a pesar de que muchos cuidadores se pelean en la pantalla con sus hijos(as) para que puedan prestarme atención durante los encuentros virtuales, paradójicamente la presión más fuerte por mantener estas dinámicas proviene de las familias mismas; ¡es un círculo vicioso!”. Y mientras unos corren al internet, gracias a los esfuerzos de las y los docentes en estos días, otros se quedan al amparo de lo que hagan sus maestros(as), como puede ser vía WhatsApp4; la desigualdad cala hondo, como han retratado en artículos algunos docentes en diversos medios como Maestros por México o Limón y Carmona, y otros esfuerzos encomiables como los cuadernillos físicos y electrónicos elaborados por profesores yucatecos de comunidades indígenas para estudiantes que no tienen televisión, celular o internet (en Maya)5.

Desde nuestra experiencia pedagógica y con la profunda convicción y confianza que tenemos en la sabiduría infantil (son los expertos del aprendizaje), lanzamos la siguiente propuesta, basada en la metodología de Aprendizaje Basado en Proyecto6 (ABP) o Aprendizaje Basado en Fenómenos (ABF) con enfoque reggiano7:

Qué tal que, en lugar de preocuparnos por el libro de texto y los aprendizajes esperados de “quien sabe quién”, les pedimos una sola cosa a las familias y a los docentes de nuestro sistema educativo: que se les pregunte a los niños y niñas en cada hogar ¿cuál es la duda del mundo, de su mundo, que más quisieran saber?

Démosles un par de días para que ellos y ellas definan qué desean aprender. La regla es libertad total, lo que ellos y ellas más se intriguen por descubrir; ¿por qué el mar es azul y otras veces verde?, ¿por qué se dice que hay un conejo en la luna?, ¿a dónde se irá mi abuelo al morir?, ¿por qué mamá cocina tan rico?, ¿por qué mi tío tiene novio?, ¿en qué consiste el coronavirus?, ¿todos vemos los colores igual?, ¿qué pasó con los dinosaurios?

Invitémoslos como guías (docentes y familias) a afinar la pregunta, y una vez aclarada inicia la aventura. La vida cotidiana en estos momentos es peculiar, los horarios y dinámicas familiares pueden ser desconcertantes en todos sentidos. Se requiere de una propuesta pedagógica que no estrese o desestabilice aún más las difíciles dinámicas internas de cada hogar. Un trabajo por proyecto le permitirá a cada niña, niño o joven definir sus tiempos para organizarse en lo individual (incluidos los preescolares), con sus familias, con sus recursos al alcance, con sus compañeros a la distancia, con sus innumerables lenguajes e inteligencias como herramientas. Podrán así recurrir al docente y cuidador para hacer consultas en el camino, quienes podrán asistirlos con sus grifos de recursos, tiempos, contextos y condiciones, pero lo más importante es que cada niña, niño y joven será el conductor de su aprendizaje. Quizá la mejor asistencia que podamos hacer como cuidadores es ahondar las dudas. El viaje no puede terminar hasta que nos volvamos a encontrar con nuestros compañeros(as).

Deberán preparar todo lo que tienen a su alcance para dar la mejor respuesta cuando nos encontremos. Presentarán su proyecto ante sus compañeros, docentes; quizá será un festival ante toda la comunidad educativa, que cada escuela lo decida. No hay ganadores, todos ganan el placer de haber aprendido algo que les inquietaba de forma libre.

Pensamos que es una propuesta pedagógica seria y valiosa. Requerirá de pensamiento crítico, pensamiento creativo, metacognición, uso de capacidades de investigación, desarrollo de habilidades comunicativas -como la metáfora-, diseño de hipótesis, lectura, uso de dominios interdisciplinares, autoconocimiento, y sobre todo, el placer de aprender (joy of learning, que tanto nos anuncian los finlandeses) con el apoyo de sus docentes y familia. No debemos olvidar que esta situación les puede dejar aprendizajes potentes y significativos en aspectos como solidaridad, ciudadanía, participación, autocuidado y habilidades blandas; como tolerancia a la frustración, carácter, resiliencia, flexibilidad al cambio y fortalecimiento de vínculos, entre otros.

Hemos entrado a la tercera fase social en materia de salud, pero en términos escolares de aquí al 30 de mayo es la primera fase y del primero de junio al 17 de julio la segunda; ¡cambiemos la fórmula! El sistema educativo actual ha partido de lo que los niños no saben y llevarlos a algo que no -necesariamente- desean saber. Algunas propuestas exitosas parten, como las redes de tutoría, de lo que uno sabe (niños o adultos) y otros -quizá desean saber-, nosotros planteamos una fórmula para esta pandemia educativa: partir de lo que no saben o poco saben, pero ansían aprender.

Hablamos mucho de los niños, pero hablamos poco con ellos… el COVID-19 ha puesto de cabeza estas semanas a los sistemas educativos en el mundo con un ¡examen sorpresa! y parece que nuestro sistema educativo, al igual que muchos, reprobará; nosotros decimos cambiemos las reglas y preguntémosles a los niños(as) ¿qué quieren aprender?

* Manuel Bravo Valladolid (@manubravo26) es presidente cofundador de Cien Lenguajes del Niño, AC.

 

Referencias

Chard, Silvia, Kogan, Yvonne, Castillo, Carmen (2018). El aprendizaje por proyectos en Educación infantil y primaria. Madrid, Morata.

Hoyuelos, A. (2009). La ética en el pensamiento y obra pedagógica de Loris Malaguzzi.

Symeonidis, Vasileios & Schwarz, Johanna. (2016). Phenomenon-Based Teaching and Learning through the Pedagogical Lenses of Phenomenology: The Recent Curriculum Reform in Finland. Forum Oświatowe. 28. 31-47.

 

1 Tomado de: Hoyuelos, A. (2009). La ética en el pensamiento y obra pedagógica de Loris Malaguzzi.

2 Disponible aquí.

3 Disponible aquí.

4 En la participación de Alejandra Brito en el foro Diálogos Educativos para Aprender en Tiempos Difíciles, organizado por ITESM, se mencionó que han encontrado en “whatsapp” un recurso para compartir actividades en poblaciones de desventaja socioeconómica.

5 Material disponible aquí.

6 Ver por ejemplo aquí.

7 La filosofía italiana Reggio Emilia para la primera infancia promueve que los proyectos broten a partir de los intereses de los niños(as) a través de la escucha de los adultos a sus intereses, no como imposición de arriba abajo. A partir de ahí se emprende un diálogo multidireccional entre niños y adultos en el que se elimina la planeación que marca previamente el aprendizaje y se permite el inicio de un viaje, en el que nadie ni el docente, tienen claro hasta donde los va a llevar ese proceso (denominado también progettazione).