blogeditor · 9 de septiembre de 2016
¿Cambiará México ahora?
Alan Riding
Editorial Joaquín Mortiz
México, 2000
Pp. 84
Es un epílogo, 15 años después, al libro “Vecinos distantes” que Riding publicó en 1985. En la primera parte resume los últimos tres sexenios, para luego plantear las posibilidades de que Fox, el presidente de la alternancia, cumpla con su promesa de campaña y responda a las expectativas ciudadanas. ¿En 2016, dieciséis años después de la aparición de este texto, que tanto hemos cambiado?
Riding estuvo en México 13 años como corresponsal de The Financial Times, The Economist y finalmente de The New York Times. En su visión, el 2 de julio de 2000, los mexicanos no captaron, no dimensionaron, lo que significó terminar con un régimen de partido único y que con ello “se había dado la vuelta a una página de la historia de México”. Pienso que en eso no hemos cambiado y seguimos minimizando el hecho.
En 2000, Riding, días antes de presentar su libro en México, concedió desde París una entrevista telefónica a la revista Proceso en lo que dijo: “este país, que conozco desde hace 30 años, no ha llegado a donde debe estar. Como mexicano de adopción y de corazón me da pena y vergüenza. No es posible que México tenga hoy estos perfiles económicos y sociales. Tiene que avanzar”.
En la entrevista desarrolló algunos de los puntos que trata en el libro. Al referirse al PRI de entonces, han pasado 16 años, dice que “ya no tenía una gran capacidad de respuesta frente al crecimiento de la conciencia política y de la sociedad civil. Además, no creo que Zedillo tuviera las ganas ni mucho menos el poder para provocar el resultado que deseaba. De hecho, durante su sexenio Zedillo no controlaba el sistema político. Tal vez siempre tuvo en mente esta salida que le aseguraba un lugar en la historia de México. Sin embargo, las declaraciones de algunos priístas en el sentido de que sacrificó al partido por su prestigio me parece una enorme simplificación de las cosas”.
Riding afirma que el haber ganado la presidencia no garantiza el éxito del gobierno y el cambio. La evidencia señala que en decenas de países de América Latina que en la década de los ochenta y noventa transitaron de las dictaduras militares a gobiernos elegidos democráticamente no “mejoró sensiblemente el bienestar general de la población”, con la excepción de Chile.
Plantea que al arranque de su gobierno, Fox “tiene el conflicto de la impaciencia de la gente que en un par de años reclamará el cambio prometido. Él no quiere decir y nadie quiere escuchar que es un problema de décadas o de generaciones, pero así es” y añade que “nadie puede pensar que problemas que están detrás, como el de la miseria, se resolverá en 10 ó 15 años. Me interesa la analogía con Brasil porque Cardoso era una especie de presidente modelo; sin embargo, no ha podido avanzar mucho en el cambio social en su país, que tiene un perfil de concentración de riqueza y pobreza similar a la de México. Él ha tenido muchas dificultades para imponer cambios dentro del modelo económico, y el resultado es una gran frustración. Pero, insisto, el primer paso es la democracia y la credibilidad. El problema de Fox es la impaciencia de la gente”.
“Fox -asegura- también hereda problemas enormes. Y no lo enfatizo para disculpar los errores futuros –porque los habrá-, pero debemos ver que hay problemas que han estado ahí generación tras generación y que la inserción de México en la economía global limita el poder de cambio porque no hay otra opción. Pero pienso que este proceso no podría empezar antes de la recuperación moral en el país que exigía la derrota del PRI. Antes de esto no era posible comenzar a avanzar”.
Advierte que es necesario “entender que en los grandes rasgos de la política económica y financiera no habrá grandes cambios. No hay más reglas del juego que las de la economía global. Honestamente, si Cárdenas hubiera ganado, tampoco hubiera podido llevar a cabo su plataforma económica”. En su visión la posición de Fox con relación a Estados Unidos es la correcta ya que “es obvio que el camino de ambas economías es una fusión cada vez mayor, como es evidente la necesidad de mano de obra en el auge económico de Estados Unidos. Los movimientos de la población son históricos, de los más antiguos. Lo importante es que Fox plantó la semilla de una idea y de un modo distinto, porque los planteamientos tradicionales no han resuelto nada” y añade que Fox “tendrá un grado de autoridad que le va permitir discutir con Estados Unidos con más igualdad que los presidentes recientes de México. La legitimidad da un peso a la voz del presidente de México que no tenía antes”.
A 16 años de haberse escrito el libro -no es tanto tiempo- no debemos de olvidar como lo plantea Riding “que el sistema político mexicano, en pleno siglo XX, estaba en la Edad de Piedra. Basta recordar el lenguaje, la forma de hacer campaña”. Sobre el gobierno de Fox afirma que “puede parecer un cliché, pero soy un optimista cauteloso; optimista porque estoy convencido de que esta es una oportunidad para que comience a cambiar la mentalidad de los mexicanos, y cauteloso porque estoy consciente de que los problemas de México no son fáciles y de que la gente está impaciente”.
El texto es de carácter periodístico y como tal cumple su cometido. No es un libro académico. Riding en el último párrafo plantea lo que me parece es el gran aporte de la alternancia, independiente o no del éxito del gobierno de Fox: “aún así, algo revolucionario sí ocurrió el 2 de julio del 2000: por primera vez en su historia, los mexicanos asumieron el papel central de su destino. Puede que tenga que transcurrir cierto tiempo antes de que reconozcan el hecho, pero ahora están ante una verdad ineludible: solamente ellos podrán cambiar a México”.
¿En 2016, a casi cuatro años del gobierno del presidente Peña Nieto y del regreso del PRI a Los Pinos, qué nos dice esta reflexión periodística? ¿Hemos cambiado lo que debemos? ¿Seguimos cambiando o ha habido un retroceso? ¿Está la sociedad mexicana dispuesta a asumir nuevas responsabilidades y compromisos en los cambios que requiere el país? ¿En la elección del 2018 estamos en presencia del fin de un ciclo de la historia mexicana? ¿El PRI regresó, para morir?