blogeditor · 16 de noviembre de 2015
Anas Ayemeraw Anas es un híbrido del Nuevo Periodismo en África: el rostro difuso de una especie nueva, el ‘rock star’ reporteril, jugándose la vida desde el relativo anonimato.

Del enigmático Anas se sabe que nació en Ghana en la década de los setenta; que estudió Periodismo y Leyes en la Universidad nacional en Accra, y que se especializa en el uso de distintos disfraces para abordar sus proyectos profesionales. Su experiencia abarca medios locales y reportajes transmitidos por la BBC, CNN y Al-Jazeera. Oculta su identidad con sombreros y abalorios que ocultan su rostro durante sus múltiples entrevistas y presentaciones.
Una sesión reciente en TED Talks en los Estados Unidos recapitula sus orígenes y los métodos emprendidos desde su trinchera de reportero comprometido: fingiendo ser mujer, o príncipe de una realeza imaginaria en busca de jugosos contratos ilegales, o encargado de seguridad, o afanador, a rasta presidiario; exhibiendo la caza (literal) de hombres y mujeres albinas en Tanzania (sometidos a ultrajes y amputaciones en un entorno que los mira como presas: objetos talismánicos), o las mafias de tráfico sexual, o jueces corruptos en Ghana, o charlatanes médicos en Nigeria o abortistas violadores. También, el trato degradante y el estado deplorable de las clínicas psiquiátricas y prisiones colapsadas que son, como en México, fábricas de delincuentes o academias de posgrado entregadas a los cárteles, sin servicios básicos ni misión rehabilitadora alguna.
La ruta que ha seguido este joven ya amerita un documental estrenado el año pasado, bajo la dirección del canadiense Ryan Mullins.
El enorme esfuerzo que Anas le dedica a sus causas asume que existen autoridades policiacas y judiciales dispuestas a apoyar sus empeños. Reivindica, con resultados tangibles, el periodismo de investigación en Ghana. Su fama trasciende fronteras y apunta hacia un reforzamiento profesional en lugares que requieren transparencia y rendición de cuentas para combatir males endémicos, tanto en África como en América Latina: corrupción e impunidad. Nombrar, avergonzar y arrestar es su consigna.
Africa Investigates, serie producida por Al-Jazeera
El reporteo inmersivo, cuyas formas extremas recuerdan al alemán Gunther Walraff compartiendo las vicisitudes de la población turca en ese país, el norteamericano Ray Sprigle hace sesenta años, o John Howard Griffin, periodista caucásico que se oscureció la piel y en 1959 plasmó sus experiencias en el clásico Black Like Me, durante el apogeo de las leyes segregacionistas, y el Jim Crow en el sur de los Estados Unidos, es todo un éxito en Ghana.
La serie de programas África Investiga, producida por Al-Jazeera, llevaron a Anas y a su equipo a distintos rincones del continente. Son testimonios de una paciente labor de desmantelamiento de cárteles indistinguibles a los nuestros, e incluyen a jueces sobornados -con dinero o en especie- ante la evidencia de cámaras ocultas. El tráfico de oro falso, o el cacao obtenido ilegalmente. Una trama de envenenadores de niños ‘indeseables’ capturados en flagrancia. Traficantes gubernamentales de alimentos donados por la comunidad internacional, que los extraen de las bodegas y los comercializan abiertamente en mercados y centros de venta en zonas donde la mortalidad infantil es altísima y las clínicas enfrentan desabastos que producen la muerte.
Anas tiene la certeza que su labor se ha traducido en arrestos, causas judiciales o –como mínimo- la pérdida de empleo de aquellos personajes politicos vinculados, por comisión u omisión interesada, a estos ultrajes. Los poderes se recomponen, e incluso Barack Obama alabó al periodista durante una visita oficial a Ghana en 2009.
El canal en YouTube del reportero multicitado. También cuenta con una página en Facebook y presencia adicional en redes sociales (@anasglobal en Twitter).
Vaya contraste. Aquí uno de los mejores reportajes de investigación, la Casa Blanca de Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto, le ha representado premios y distinciones al equipo que llevó a cabo este paciente tarea horológica a sus autores, a Carmen Aristegui y al resto de su equipo. Pero su publicación les valió el cese fulminante de una redituable apuesta informativa (para la sociedad y los dueños del medio radiofónico) que se constituyó, en su momento, como núcleo de noticias y discusión pública desde los micrófonos de su programa en MVS representó uno de los hitos definitorios del actual sexenio; la difusión del reportaje no acarreó castigo a sus principales infractores. Podría incluso decirse que los principales protagonistas de la historia se han visto fortalecidos, como ya es costumbre cuando se conocen y divulgan –en toda su obscenidad y el desprecio al interés público que implican- estos escándalos. Se garantiza su multiplicación hacia dimensiones cada vez más amplias, cuando la autoridad sabe que puede salirse con la suya.

Muy por el contrario, Anas Ayemeraw Anas ha conseguido colocar, en Ghana y otras naciones africanas, muchos de sus temas en la esfera de los resultados concretos: destituciones fulminantes. Renuncias. Consignaciones. Cambios profundos en prácticas, leyes u ordenamientos que beneficiaban con creces a las mafias.
Uno espera que en México -donde contamos con jóvenes periodistas de excepción- pase pronto lo mismo.