blogeditor · 7 de abril de 2015
San Diego y Tijuana “no somos dos ciudades sino una región”, afirma el alcalde de San Diego, el republicano Kevin Faulconer, posición en la que coincide el alcalde de Tijuana, el priista Jorge Aztiazarán. Los dos están empeñados, en el ámbito de sus posibilidades, de borrar al máximo la frontera que los separa en beneficio de los habitantes de ambas ciudades, que algunos ya dan en llamar la CaliBaja.[1]
Esta frontera es la más transitada del mundo con 30 millones de cruces al año. Hoy día entre las dos entidades suman más de cinco millones de habitantes y tienen un comercio anual que ronda en los 6,000 millones de dólares. Un elemento central en el acercamiento de las ciudades es, como dice el alcalde Faulconer, “que la gente en San Diego en los últimos años se ha dado cuenta, porque es evidente por sí mismo, de lo importante que es nuestra relación comercial”.
[contextly_sidebar id=”CUx49ZZiUdig0XIkHDhJl4gpRlHwXSvm”]En el nuevo encuentro entre las dos ciudades es fundamental la actitud del alcalde de San Diego, que contrasta con la política antiinmigrante de otras ciudades de Estados Unidos y la posición de la mayoría de los políticos de su partido. Él está a favor de la reforma migratoria integral y en su visión “el Congreso de Estados Unidos debe actuar de una vez por todas y hacerlo. Es importante para nuestros países y desde luego nuestras ciudades. Sobre todo es importante para nuestras familias”.
Para estos dos alcaldes, la frontera como ahora se entiende es un freno para el desarrollo de la región, posición que comparten muchos ciudadanos de uno y otro lado. Faulconer señala que en 2014, la lentitud de los cruces costó 10,000 millones de dólares del PIB regional. Esto porque “no solo hay gente que cruza la frontera para trabajar varias veces al día, sino que hay productos que cruzan la frontera varias veces hasta que estén terminados. Eso es una verdadera relación”.
Pablo Ximénez de Sandoval, anota en El País -estoy de acuerdo con él- “que en la última década, las dos ciudades se han reeinventado. El perfil profesional de Tijuana ha elevado su nivel radicalmente. Pero también San Diego, que “antes era una ciudad de marineros y turistas” en palabras del regidor y hoy es puntero en industria médica y aeroespacial y, según la Revista Forbes, “la mejor ciudad de Estados Unidos para crear una start up. Tijuana ha reducido radicalmente sus niveles de violencia. Hoy es un foco mundial de servicios médicos y participa en la industria aeroespacial, además de seguir creciendo en manufacturas”.
Signo evidente de los nuevos tiempos es, entre otras cosas, que el pasado viernes 20 de febrero, el alcalde de San Diego con todo su equipo de gobierno se trasladó a Tijuana para tener, por primera vez, una reunión de trabajo conjunta entre las dos alcaldías. Los dos alcaldes saben que hacen historia y están comprometidos a llevar la relación a otros niveles. Algo nuevo se construye en ese rincón de México y Estados Unidos. Es un fenómeno estructural. Es la vanguardia de lo que en unos años va a pasar en otros puntos de la frontera.
[1] Los datos los he tomado del artículo de Pablo Ximénez de Sandoval, “San Diego y Tijuana saltan la frontera”, El País, 20 de febrero de 2015.