Jorge Avila · 18 de abril de 2026
Suponemos que la noticia de la reducción inusitada de homicidios intencionales en México debe provocar enorme impacto en el señor Volker Türk, Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. No es para menos: registrar una caída mayor al 40% en año y medio, luego de más de tres lustros bajo epidemia de homicidios, es, a primera vista, una noticia extraordinaria. Pero quizá el visitante podría confundirse, dado todo lo que escuchará en voz de las víctimas, la sociedad civil organizada y el periodismo, y quizá también desde cúpulas empresariales y líderes de sectores productivos diversos, entre otras voces diferentes a la del poder público.
¿Cómo conciliará el señor Türk las noticias oficiales que muestran la mayoría de los delitos en franca caída, con los testimonios sobre la experiencia de quienes viven la inseguridad en los territorios, relacionada, por ejemplo, con la extorsión, las desapariciones, el desplazamiento forzado, el reclutamiento forzado, los feminicidios, los transfeminicidios, los asesinatos en contra de personas defensoras de derechos humanos, representantes de las iglesias y líderes políticos, el robo masivo en carreteras y la conflictividad socioambiental vinculada a intereses de la delincuencia organizada?
Para que el Alto Comisionado conociera en verdad la experiencia en los territorios, desde luego el mejor ángulo sería visitarlos. No sucederá, entiendo, pero es así: nada sustituye la mirada en el lugar de los hechos. Nuestra mirada hacia el terreno está atravesada por la investigación, precisamente con base empírica, y hemos publicado una aguda y a la vez dolorosa fotografía del entrelazamiento de las atrocidades: Geografías de la crueldad
Aun en el caso de que el visitante fuera dueño de una sensibilidad, escucha y retención excepcionales, es inimaginable la carga de información que recibirá en su visita e, insisto, podría confundirse: estará ante lecturas diferentes e incluso contradictorias de la realidad. Supongo que desde esa alta función esto es común, pero puedo afirmar que las contradicciones que hoy presenta México, de cara al mundo, no lo son. Por un lado, las fuentes oficiales reportan que casi todos los delitos caen; por el otro, las no oficiales incluyen decenas de miles de denuncias y testimonios que narran atrocidades masivas, al punto que el Comité contra las Desapariciones Forzadas de la ONU afirmó que existen indicios bien fundados de que aquí se cometen crímenes de lesa humanidad.
Y es que las preguntas brotan: si la impunidad de los homicidios sigue arriba de 90%; si el Ministerio Público solo emite “resoluciones favorables” en 1 de cada 125 delitos —proporción que no incluye sentencias condenatorias—; si la cifra oscura se ha mantenido casi 15 años por encima de 90%; si se ha registrado el hallazgo de una fosa al día en promedio; si nadie sabe cuántas personas asesinadas hay en estas; si están registrándose hasta 40 personas desaparecidas diarias; si tenemos una crisis forense con más de 70 mil cuerpos y restos acumulados; e incluso si no hay evidencia publicada que haya comprobado, con los métodos aceptados, el impacto de los programas sociales en la tendencia de los homicidios, entonces, ¿cómo explicar la dramática caída de la violencia homicida?
Pues bien, hemos construido varias posibles respuestas. Acabamos de dar a conocer un segundo documento que ofrece siete hipótesis: Menos homicidios, más preguntas
Ahí se discute lo siguiente:
¿La baja inusitada de homicidios obedece al desarrollo estructural?
¿Tiene que ver con una lógica estratégica de la violencia y el control territorial?
¿Es un cambio asociado a los equilibrios criminales?
¿Es resultado del impacto en las políticas públicas de seguridad?
¿Estamos ante la sustitución en las modalidades de violencia?
¿Se trata de errores de medición?
¿No se está distinguiendo la heterogeneidad que caracteriza a la violencia en México?
Todas estas preguntas requieren respuestas sólidas a través de la investigación y deben ser contestadas por el Estado. Ninguna hipótesis excluye a las otras. Los indicios que el documento recoge desde la experiencia nacional y la comparación internacional permiten interpretar que la reducción de homicidios, en efecto, coexiste con la multiplicación de violencias letales directas e indirectas en función de contextos específicos, con atrocidades masivas entrelazadas a lo largo de múltiples territorios en el país y con el reemplazo de las violencias en contextos de disputa y dominio criminal.
Supongo que Volker Türk jamás verá estos documentos, pero si pone en el centro la voz de las víctimas, ahí aparecerá su inabarcable sufrimiento bajo condiciones de barbarie.