Alianza Cívica · 20 de octubre de 2011
Por: Beatriz Camacho, Alianza Cívica y el Dr. Álvaro de Lachica -Alianza Cívica, Ensenada B.C.
Ayer en Tijuana BC, una veintena de jóvenes INDIGNADOS que se encontraban en un campamento frente a la Plaza Río, fueron remitidos a las instalaciones de seguridad a donde acudieron sus padres para tratar de que los liberaran. Algunos de los padres fueron detenidos.
Es indignante ver cómo nuestros derechos de asociación, de reunión pacífica y de expresión plasmados en el art. 9 de la Constitución han sido violentados por las propias autoridades y que los ciudadanos tengan que cumplir sus horas de arresto o pagar multa para ser liberados.
El movimiento de los indignados no es sólo de México, vimos su nacimiento en España hace 5 meses y este pasado fin de semana, ya sumaban más de 82 ciudades alrededor de todo el mundo: Estados Unidos, Canadá, Italia, Brasil, Argentina, Chile entre otros países en contra de un sistema político que se considera insostenible, pues no está garantizando el ejercicio pleno de los derechos humanos.
En México cada vez hay más indignados, no sólo nos referimos al movimiento de Javier Sicilia y las marchas por la Paz con Justicia y Dignidad que ha convocado en los últimos meses; pues desde Alianza Cívica hemos observado el creciente hartazgo de los ciudadanos hacia la política y los políticos y cómo esta democracia electoral se ha ido desgastando y se hace urgente una democracia participativa, una democracia que dé resultados para la gente.
De ahí que resulte preocupante que la semana pasada al discutirse la Reforma Política, la bancada del PRI, PVEM, y PANAL -con una falta de sensibilidad ciudadana y con una gran ausencia de responsabilidad histórica- hayan bloqueado lo que el país requiere de manera urgente: mecanismos para el fortalecimiento de una rendición de cuentas y la creación de espacios de participación ciudadana.
Es indignante que a cada diputado se le otorguen mensualmente 150,139 pesos y que después de más de un año, no logren los consensos necesarios para nuestra democracia como en el caso de la designación de los tres consejeros del IFE.
Es indignante que uno de cada dos mexicanos haya sufrido en carne propia un crimen o delito, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos que reportó que del 2006 al 2008 hubo aproximadamente “48 millones de víctimas de delitos en todo el país”.
Es indignante ver el peligro que en México representa el ejercer la labor periodística, como lo han advertido organismos internacionales como la OEA y la ONU. Es indignante ver cómo son casi 50 mil personas muertas y desaparecidas, en lo que va del sexenio.
Es indignante que miembros de las policías y el ejército estén inmiscuidos en secuestros, extorsiones, desapariciones, entre otros delitos y que muchos de ellos no sean juzgados.
Es indignante que el secretario de Economía en México, diga que “hace mucho que México dejó de ser un país pobre” y que con 6 mil pesos al mes una familia mexicana puede pagar casa, coche y colegiatura. Y que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social CONEVAL declare “que entre 2008 y 2010 la población en pobreza pasó de 44.5% a 46.2%, lo que representa un incremento de 48.8 a 52.0 millones de personas es decir casi la mitad de los mexicanos”.
Es indignante que algunos funcionarios y ex funcionarios vivan como millonarios y sus ingresos no correspondan con sus vidas de lujos.
Es indignante ver como nuestro sistema educativo está cooptado por un sindicato que le importan más las negociaciones políticas para obtener puestos públicos, que la educación de nuestros niños y jóvenes. La evaluación de la OCDE ubica a México en penúltimo lugar en América Latina en cuanto a desempeño educativo.
Es indignante ver cómo los partidos políticos garantizan sus prerrogativas, año con año, y que en nuestro país existan cerca de 19 millones de jóvenes entre 15 y 29 años que carecen de bachillerato, y que tan sólo en la UNAM, 105 mil estudiantes a nivel licenciatura hayan sido rechazados.
Y a ti ¿que te indigna? Porque así como una vez nos indignó la caída de sistema, nos indignó un partido hegemónico en el poder, nos indignó la matanza de estudiantes, hoy, con esta indignacion podemos generar recomposición social, proponer, participar y actuar en los asuntos públicos. Hoy tenemos la oportunidad para reflexionar sobre el valor de nuestro voto y asumirnos como generadores de los cambios políticos, sociales y económicos que requiere nuestro país.