Cada quien para su casa

blogeditor · 31 de marzo de 2011

Cada quien para su casa

Queridos Blogudos, no crean que he andado de Blogona, me tardé pero para compensar y continuar con la tradición Bloguera les dejo este cuento

Cumplir cincuenta años de casados no es algo que muchos puedan contar, es como ser una estrella más del cincuentenario. Javier y Georgina lo harán en abril.  No sobra decir que en el camino han librado muchos obstáculos, a veces carrera individual, otras por relevos y las más, en pareja. Durante esos casi cincuenta años sus cuatro hijos han escuchado la misma frase:

–Me voy a divorciar de ti, Georgina a ver qué haces.

–¡Ay, viejito! me moriría de tristeza. ¿Te sirvo sopa o de una vez tus albóndigas?

Cabe mencionar, que la habilidad táctica de Georgina amerita ya la oportunidad de dirigir al TRI y que Javier, alias el Flaco, miembro de la Familia Michoacana, (de allá son) odia las albóndigas.

–¿Albóndigas?, ¡tu me odias!–

Georgina sabía que la amenaza de las albóndigas terminaría abriéndole cancha para un platillo sabroso. Así comían todos, felices y divertidos hasta que el jefe de familia preguntaba

-¿ya está el cafecito?.

Acto seguido aparecía la taza de los Green Bay Packers, le servían su café, Javier y Georgina platicaban y los hijos hacían  mutis.

El 6 de febrero de 2011 Javier lloraba frente al televisor acompañado de Georgina, sus hijos y sus nietos: Los Packers ganaban el Super Tazón. En la euforia, la veterana taza de Green Bay era víctima de un fumble por el más pequeño de los nietos. Voló y cayó al suelo quebrándose cual Coyolxauhqui.

No es fácil desprenderse de algo muy querido, algo con lo que llevas conviviendo tanto tiempo. El desmembramiento de la taza había dado al traste con el plan de Georgina y sus hijos, de organizar de una vez lo de las bodas de oro. Era obvio que un Super Tazón ganado aplacaba el shock de semejante pérdida, pero no bastaría en convencerlo para la repetición del numerito de la boda, cincuenta años después, asi que los hijos hicieron mutis.

A los quince días los hijos regresaron a comer, Javier no amenazó con el divorcio ¿la razón?  que después de tanto tiempo coincidieron en que la principal causa del divorcio, es el matrimonio y no las albóndigas.

–¿Y qué vamos a hacer para las bodas de oro?- Soltó una de las hijas sin anestesia.

–Qué bodas de oro ni qué bodas de oro, yo quiero un viaje con ustedes!–. Dijo tajante El Flaco.

Pero Georgina ya lo había decidido, solo faltaba convencer al Flaco, sabiendo que su punto ídem era lo sentimental y que al ver a todos en una comida, al igual que la taza terminaría quebrándose.

–Mira viejito, vamos a compartir con familiares y amigos muy cercanos, aquellos que durante cincuenta años han sido testigos de tus amenazas de divorcio y de que nunca te he dado albóndigas.

Todos esperaban la amenaza de separación por parte de Javier, pero en su lugar dijo.

–¿Ya está el cafecito?

Quienes se quebraron fueron los hijos al ver que mi Georgina sacaba de una caja, con las siglas NFL, el mas preciado souvenir para su “viejito” y para las negociaciones de la fiesta de cincuenta años, la taza de los campeones del 2011, los Green Bay Packers, diciendo :

–Si no hay fiesta me divorcio.

Decía que no es fácil desprenderse de cosas con las que hemos convivido tanto tiempo, pero no sería posible permanecer tantos años junto a quien amamos si no aprendemos a renovar aquello que va desgastándose con el tiempo, ya sea la frase de siempre o la taza de la suerte.

Los hijos al son de aquí se repuso una taza, cada quien para su casa. Mis padres se quedaron platicando.