Redacción Animal Político · 22 de abril de 2024
La estigmatización del cabello rizado tiene profundas raíces históricas y está ligada a factores culturales, sociales y políticos. A lo largo del tiempo, el cabello rizado ha sido considerado como algo “diferente” en comparación con los estándares de belleza predominantes en muchas sociedades, que suelen favorecer los cabellos lisos y las características físicas asociadas con personas blancas.
Según la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) 2022 del INEGI, la población afrodescendiente declaró que la forma de su cabello y peinado es la segunda causa de discriminación; esto no quiere decir que todas las personas afrodescendientes sean de cabello rizado, sin embargo, forma parte de los estereotipos que se han construido a su alrededor.
Todes crecimos bajo narrativas dominantes que permean cada rincón de nuestra vida y dictan la manera en que actuamos en la sociedad, están tan interiorizadas que nos es difícil cuestionarlas. Estas narrativas asumen, entre muchas otras cosas, que existen jerarquías corporales, es decir, que hay formas correctas o mejores de tener el cabello, el cuerpo, las facciones del rostro y la lista sigue…
Por ello, a muchas personas podrá parecerles inofensivo escuchar o hacer comentarios donde se señale a las personas de cabello rizado como envidiosas, mentirosas, o donde su pelo sea descrito como exiguo, sucio, salvaje o poco saludable. Sin embargo, detrás de esos señalamientos de carácter inocente hay una historia de cientos de años de racismo, clasismo y sexismo.
Por ejemplo, vayamos a 1785 cuando se implementó una ley en Luisiana que obligaba a ocultar el cabello de las mujeres afro con turbantes en color blanco o gris, ya que resultaba molesto a los ojos de las demás personas. En aquel contexto había un entendimiento de quiénes eran las mujeres que portaban esos pañuelos: esclavas, campesinas, empleadas domésticas. Otra medida fue la creación de los desrizadores, que llegaron a finales del siglo XIX a Estados Unidos; eran sumamente cáusticos, por lo que su uso causaba quemaduras y posteriormente la pérdida del cabello.
Estos son solo un par de momentos que han perpetuado los estándares de belleza hegemónicos, así como las políticas discriminatorias sobre el cabello rizado. Claro que frente a toda esa represión hubo resistencia, apropiación y actualmente todo un movimiento de reivindicación e identidad del cabello rizado; sin embargo, aún hay mucho estigma y personas que buscan encajar en los cánones de belleza occidentales, en ocasiones, como la única vía para conseguir un mejor trabajo o simplemente un trato digno, sin importar el costo, el daño físico y las repercusiones psicológicas.
En el libro No me toques el pelo, Emma Dabiri señala que en los países latinoamericanos y caribeños existen formas muy detalladas de clasificar a las personas por motivos de raza, habiendo más prejuicios y discriminación. Ejemplifica con la República Dominicana, donde se hablaba de categorías entre las personas racializadas: las personas podían estar en lo más bajo de la lista no por el color de la piel sino por la textura capilar africana.
Aunque ahora en distintas partes del mundo existan leyes, muy recientes, que prohíben la discriminación por la textura o el estilo del cabello, durante siglos se les dijo a las personas de cabello rizado que no tenían una apariencia digna de respeto. Por ello, hoy debería ser inaceptable permitir que comentarios dirigidos a reforzar un estereotipo contra el que se ha luchado insistentemente lleguen al debate público. Hay una responsabilidad social y política en ello.
Con los años de lucha frente al racismo, el clasismo, el cumplimiento del mandato de género y los cánones de belleza, no sólo es necesario reivindicar la idea de que tenemos que dejar de juzgar a las personas por su apariencia física, sino cuestionar las agendas políticas y las posibles vías de cambios socioculturales, sobre todo en un contexto como el actual.
Si te interesa conocer más sobre el tema, puedes seguir a @afrochingonas @afrocolectiva @agronteracolectiva.
* Karen Villalobos (@Karenvillalobs) es asistente de Comunicación e Investigación en @GIRE_mx.