Alfonso Tamés · 24 de noviembre de 2010
¿Qué tienen en común los principales sindicatos, las televisoras y el narco? Que todos cuentan con alguna clase de representación dentro de todos los partidos políticos. De hecho, son ni más ni menos que los partidos políticos transversales de México. Gane quien gane, pierda quien pierda, sus intereses permanecen intactos.
Con sus narcodiputados, telebancadas y anexos, los poderes fácticos han sabido valorar lo que los ciudadanos no, que los partidos políticos son las herramientas más poderosas y efectivas para cuidar sus intereses. En cambio, los ciudadanos nos limitamos a quejarnos por su falta de representación y seguimos sentados esperando a que la oferta política mejore por generación espontánea o con la magia del voto nulo.
La falta de participación y la apatía ciudadana no son exclusivos de nuestra democracia. Ya decía Ralph Nader que el sistema político de Estados Unidos ha hecho todo lo posible para que la gente talentosa encuentre repugnante participar en política.
En México necesitamos un partido transversal ciudadano, un caballo de Troya político. Los narcos, sindicatos y las televisoras nos han enseñado el camino.
Esto significa colonizar con ciudadanos a todos los partidos con registro, por más repugnante que nos parezca. Hay que perderle el “asquito” a la política porque es la forma más efectiva de que nuestros intereses prevalezcan. Debemos inyectar a los partidos una buena dosis de participación honesta, libre e independiente.
Un respiro de oxígeno ciudadano ayudaría a los partidos a abrir paso a la política de ideas y cerrar el paso a la política del pastel, esa política que hace de todo proyecto político un pastel que se rebana y se reparte.
Las ideas y visiones no echan raíz en las actuales organizaciones políticas porque los incentivos simplemente están en otro lugar: en el chambismo, en el “qué me toca a mí” o todavía peor, en el “no me des, mejor ponme donde hay”. Pero a mayor ciudadanización, mayor probabilidad de que los partidos generen los talentos para representarnos y gobernarnos. Una participación ciudadana puede funcionar como un filtro efectivo y como una base de apoyo a los mejores perfiles.
Hay que valorar a los partidos políticos por lo que son: herramientas efectivas con las que podemos transformar nuestra realidad. El ataque no será fácil, el establishment está atrincherado y resistirá cualquier asalto ciudadano, incluso el que venga desde adentro. Aún así, vale la pena intentarlo. Acércate a un partido político, al que sea, al que más te guste o menos desagrade, afíliate, participa y nunca te vendas por nada. Nos vemos aquí adentro, cuando seamos suficientes, arderá Troya.