Redacción Animal Político · 16 de febrero de 2025
Desde que en 2018 comenzó la movilización social de las víctimas indirectas de la desaparición de personas en Guanajuato, ha sido importante analizar qué sucede alrededor de este fenómeno en el tejido social y en la respuesta organizada que se genera alrededor.
Fabrizio Lorusso ha desarrollado esta idea en numerosas ocasiones, especialmente recuperando el testimonio de Maricela Peralta, hermana de Jorge Ismael Peralta Martínez, desaparecido en Celaya el 14 de septiembre de 2018, quien, en la primera reunión con el entonces gobernador de Guanajuato, Diego Sinhué Rodríguez Vallejo, señaló:
“Nosotras, las familias de las personas desaparecidas, somos el Guanajuato que no se quiere ver, somos el tejido social que resiste a la violencia”.
Las palabras de Maricela dan cuenta de cómo la movilización de las familias de personas desaparecidas durante 6 años, al menos, ha generado consciencia en toda la entidad federativa. Desde mi punto de vista, la fuerte demanda social registrada a partir de la desaparición del niño Mateo Santiago de 12 años, en León, Guanajuato, no puede explicarse si no es desde una perspectiva histórica de los años recientes.
Hay varias muestras concretas de esta movilización:
Claro que en el caso específico de Mateo Santiago fue fundamental:
Mateo fue desaparecido el martes 4 de febrero y lamentablemente fue localizado sin vida el viernes 7, es decir, después de 4 días de intensa búsqueda. Sólo la presión social ayudó para que las autoridades realizaran su trabajo (para ver un análisis de las narrativas oficiales, leer a Fabrizio Lorusso). Que en paz descanse Mateo Santiago y que la rabia y el enojo que generó su desaparición se mantenga en quienes habitamos León y Guanajuato.
Las filtraciones a medios de comunicación y la actuación de la Fiscalía requieren ser analizados con mayor profundidad en otro espacio.
* Raymundo Sandoval (@ray_sandoval) es defensor de derechos humanos.