La burbuja de la inteligencia artificial y la próxima gran crisis global

Opinión y Análisis · 2 de noviembre de 2026

La burbuja de la inteligencia artificial y la próxima gran crisis global

El desarrollo de la inteligencia artificial se ha convertido en una burbuja económica y en un riesgo para la economía global. Recientemente, China perdió 480,000 millones de dólares en valor de mercado de las empresas de inteligencia artificial en los índices bursátiles asiáticos. Esto no es algo nuevo, en lo que va del año Corea del Sur ha perdido más de 131,000 millones de dólares por la desaceleración en el sector tecnológico surcoreano, especialmente en el ámbito de la IA. Estos no son casos aislados, son señales de tensión en un sector cuyas valoraciones y expectativas de crecimiento podrían estar muy por encima de su capacidad real de generar ingresos. Esta vulnerabilidad resulta aún más evidente ante las estimaciones de que la industria de la inteligencia artificial mantendrá un déficit de cerca de 800,000 millones de dólares en los próximos años. Una brecha que pone en entredicho la sostenibilidad financiera de toda la industria.

Este déficit puede convertirse en una crisis económica debido a la magnitud de los recursos financieros destinados a desarrollar esta tecnología, la cual está creciendo a un ritmo que no necesariamente corresponde con los rendimientos económicos que produce. Las cifras recientes ilustran la dimensión de esta apuesta y la vulnerabilidad de algunas de las empresas involucradas. Anthropic perdió cerca de 80,000 millones de dólares en la primera mitad del 2026. De igual forma, Alphabet, la empresa matriz de Google, perdió más de 500,000 millones de dólares en valor de mercado después de que sus resultados revelaran dificultades en el negocio publicitario y preocupaciones de los inversionistas sobre el costo de su apuesta por la IA. 

Intel, por su parte, reportó perdidas por más de 146,000 millones de dolares en capitalización de mercado después de obtener resultados por más de 1,000 millones por debajo de la expectativa de mercado. De igual forma, SpaceX reportó una perdida de 500,000 millones de dólares en capitalización de mercado en menos de un mes, al mismo tiempo que Meta reportó una caída de 400,000 millones de dolares en su valor de mercado. 

Aunque vale la pena matizar que estas cifras corresponden, en su mayoría, a pérdidas de valor de mercado y no necesariamente a pérdidas operativas, reflejan las inquietudes de los mercados ante la viabilidad futura de las empresas tecnológicas y del sector de la IA como tal.

El problema fundamental está en la estructura de financiamiento de esta expansión. Buena parte del capital que sostiene la industria circula entre las mismas empresas. Por ejemplo, NVIDIA invierte en compañías que posteriormente utilizan ese flujo de capital para adquirir sus procesadores; los proveedores de infraestructura tecnológica reciben financiamiento de empresas que, al mismo tiempo, se convierten en sus principales clientes. Esto porque dichas empresas se contratan mutuamente servicios de infraestructura, como capacidad de cómputo, almacenamiento en la nube y espacio en centros de datos, de manera que buena parte de la demanda que justifica las inversiones de unas depende de los compromisos financieros y comerciales de las otras. Ello crea un flujo financiero circular que se puede traducir en una burbuja financiera.

Las perspectivas financieras vinculadas ponen en riesgo la economía global

De esta forma, empresas como xAI, NVIDIA, Microsoft, OpenAI y Oracle, entre otras, han construido una red de inversiones, contratos y compromisos de compra que vincula estrechamente sus perspectivas financieras. Esto representa un riesgo a la economía global debido al volumen de inversión necesaria para mantener esta dinámica. Instituciones como J. P. Morgan estiman que entre hoy y 2030 se necesitarían mas de 5.5 billones de dólares (5.5 trillions en la notación inglesa).

De acuerdo con investigaciones del Deutsche Bank sobre el estado de la economía estadounidense, estas operaciones de financiamiento circular son las que mantienen el crecimiento de la economía estadounidense. Esto genera un riesgo significativo, pues la justificación de las inversiones depende en gran medida de que las empresas de tecnología continúen financiándose entre sí. Por lo que si una compañía reduce sus gastos, cancela contratos o enfrenta dificultades para refinanciar sus obligaciones, las consecuencias pueden propagarse al resto de las empresas. Esto puede conllevar una crisis mucho mayor porque el desarrollo de la IA depende cada vez más de un fuerte endeudamiento para financiar el desarrollo de sus infraestructuras.

En este escenario, las grandes empresas tecnológicas se han convertido en emisores relevantes de deuda. Sin embargo, la emisión de deuda para el desarrollo de la IA utiliza instrumentos financieros poco transparentes que pueden ocultar el riesgo que implican estas inversiones. Esto no es una cifra menor,  pues empresas como Google, Amazon y Meta han emitido más de 300,000 millones de dólares en deuda desde 2025. Esta deuda está compitiendo por el capital de inversionistas institucionales que también adquieren bonos soberanos, por lo que presiona los mercados de deuda para aumentar las tasas de interés de los bonos gubernamentales.

Sin embargo, la deuda de estas empresas ha comenzado a saturar los mercados estadounidenses, por lo que el Banco Central Europeo ha documentado cómo empresas estadounidenses como Google, Amazon y Microsoft están recurriendo cada vez más al mercado europeo de bonos para financiar sus inversiones en infraestructura. Esto introduce nuevas presiones sobre los mercados financieros internacionales al aumentar la exposición de los mercados globales de deuda al desempeño de las grandes empresas tecnológicas.

Esto no sería un problema si la economía y la producción relacionada con la IA continuara creciendo por encima del costo de la deuda. Pero para que esto suceda las empresas tecnológicas deberían aumentar sus ganancias, esto entra en un ciclo vicioso donde se requiere mayor infraestructura para sostener el desarrollo de la IA; sin embargo, algunas estimaciones indican que no hay suficiente dinero en el mercado para sostener el desarrollo de infraestructura necesario para volver rentables estas inversiones. Esto ya comienza a verse, pues en las últimas semanas las grandes empresas tecnológicas han reportado pérdidas por más de un billón de dólares (1 trillion en la notación inglesa).

Se invierte mucho en inteligencia artificial, pero se gana poco 

Estas pérdidas se deben a la baja rentabilidad de las inversiones en inteligencia artificial, pues sus beneficios en términos de productividad todavía no corresponden con las expectativas que justifican su valoración. Es decir, en muchos casos resulta más caro y menos productivo para las empresas incorporar la IA que mantener empleados humanos. Debido a esto las empresas tecnológicas buscan ampliar su presencia e incorporar la IA en prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana, desde los motores de búsqueda y las herramientas de trabajo hasta los servicios de entretenimiento y consumo. Esta expansión responde no solamente a una apuesta por nuevos mercados, sino también a la necesidad de generar nuevas fuentes de ingresos que permitan recuperar las inversiones multimillonarias realizadas en su desarrollo. Sobre todo, en la medida en que la crisis de deuda relacionada con la IA está arrastrando a la bolsa de valores.

Por lo pronto, pareciera que la apuesta consiste en mantener el ritmo de inversión y seguir expandiendo la infraestructura necesaria para sostener el auge de la inteligencia artificial. Sin embargo, esta estrategia tiene efectos sociales y ambientales, pues el desarrollo de infraestructura como centros de datos ha sido una fuente de controversia en muchos lugares, sobre todo por los efectos nocivos de los centros de datos en las comunidades circundantes como serían un elevado consumo y costo de la electricidad y agua, exceso de ruido, emisiones contaminantes, presión sobre los recursos naturales y alteraciones en los ecosistemas.

Aunque es más que debatible hasta qué punto las empresas tecnológicas están interesadas con el bienestar social y medioambiental, las consecuencias políticas de estos problemas sí pueden afectar directamente sus operaciones. Esto es particularmente relevante ante los esfuerzos por regular y limitar la expansión de los centros de datos, pues la capacidad de estas empresas para acceder al crédito y mantener sus compromisos financieros depende, en buena medida, de que los proyectos de infraestructura de IA continúen desarrollándose. Si las restricciones regulatorias o las limitaciones materiales como sería la escasez de microchips como ya sucedió con Intel o la incapacidad de la red eléctrica de sostener el consumo energético necesario frenan su construcción, también podrían debilitarse las expectativas de rentabilidad que sostienen las inversiones y el financiamiento del sector. Un ejemplo de esto sucedió recientemente con la empresa Oracle, la cual tuvo que declarar causas de fuerza mayor para no pagar sus deudas debido a posibles retrasos en la construcción de un centro de datos. Más allá de los efectos en una sola empresa, este tipo de situaciones podría frenar el ciclo de inversiones que mantiene la burbuja sin estallar.

Si la burbuja se revienta al mundo le costaría unos 35 billones de dólares

Si la burbuja llegara a colapsar, las pérdidas podrían ser tan amplias que surgirían presiones para que el gobierno federal estadounidense interviniera mediante algún tipo de rescate o apoyo financiero para las grandes empresas tecnológicas. De esta manera, los riesgos de una inversión privada terminarían trasladándose, al menos parcialmente, al ámbito público, es decir buscarían que se socialicen las pérdidas. En el contexto económico actual, especialmente con la crisis del aumento del costo de vida, eso generaría una crisis política y social que podría romper el tejido social.

La preocupación no es únicamente que el estallido de la burbuja provoque pérdidas en Wall Street, sino que sus consecuencias se transmitan al conjunto de la economía mundial. El Fondo Monetario Internacional advirtió que la burbuja de la IA podría arrastrar a la economía global a una crisis, pues se estima que, en el peor de los casos, el colapso de la burbuja de la IA podría eliminar más de 35 billones (35 trillions en la notación inglesa) de dólares de la economía, lo que equivaldría a aproximadamente el valor combinado del producto interno bruto (PIB) de varias de las economías más grandes del mundo juntas, como China, Alemania, Japón, India y el Reino Unido. Dado que estas empresas están conectadas con bancos, fondos de inversión y de pensiones, así como con cadenas de suministro internacionales, una crisis originada en el sector tecnológico podría extenderse rápidamente.

En este sentido, la burbuja de la IA trasciende los mercados financieros. Su mantenimiento depende de una expansión continua del crédito, de recursos energéticos cada vez más escasos y de expectativas de crecimiento todavía inciertas. El riesgo es que, cuando estas expectativas dejen de sostener las inversiones, las pérdidas no permanezcan en el sector privado. Una crisis de esta magnitud podría terminar convirtiéndose en una crisis global y el verdadero peligro es que, mientras las empresas compiten por liderar la próxima revolución tecnológica, el resto del mundo termine asumiendo las consecuencias económicas, políticas y sociales de una apuesta cuya rentabilidad sigue siendo incierta y cuyo desarrollo resulta insostenible.♦ 

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