Redacción Animal Político · 31 de mayo de 2023
El 27 de marzo de 2022, El Salvador vivió “uno de sus días más mortíferos en 30 años”, 1 dando las razones, certeras o no, al presidente Nayib Bukele para establecer un régimen de excepción. Bukele se dio cuenta que esta estrategia podría ser “la cura” contra el problema de pandillas que aqueja a El Salvador desde hace muchos años. Un fenómeno social que, como un monstruo de mil cabezas, en varias ocasiones lo han tratado de combatir pero siempre sale más fuerte. ¿Por qué? Porque no se ha tratado de solucionar desde la raíz, porque siempre son más populares otras medidas cortoplacistas que los políticos saben que serán grandes titulares en la prensa.
Este artículo es un recuento de los daños que el régimen de excepción nos ha dejado a las y los salvadoreños. Es escrito por una salvadoreña y refleja la opinión de alguien que lo ha vivido de cerca y se encuentra cansada de que se justifiquen los medios para el fin último de Bukele: tener la posibilidad de ganar la reelección, a través de una estrategia autoritaria de seguridad que ha ganado mucha popularidad no sólo dentro del país sino, y sobretodo, fuera del país. Considero que lo que no se ha entendido es que el fin no siempre justifica los medios.
En los últimos meses han circulado imágenes de miles de personas privadas de su libertad que fueron detenidas por presuntamente pertenecer a las pandillas en El Salvador. Esto, como una demostración de control y de poder por parte del gobierno. Ningún encarcelado debería de ser un trofeo. ¿Es esa la verdadera justicia? ¿Aislando al victimario solucionamos el homicidio, el secuestro, etc? Esa mentalidad es la que nos ha llevado a aprobar medidas autoritarias que terminan generando más violencia. No estamos solucionando el problema cuando las prisiones se convierten simplemente en lugares punitivos, como se ha hecho en El Salvador. Estamos apostándole a algo totalmente inhumano y violento, sin cuestionar cómo podemos erradicar la violencia si al mismo tiempo se promueve la existencia de un gobierno violento.
De acuerdo con el reporte de derechos humanos sobre El Salvador elaborado por el Departamento de Estado de Estados Unidos, una persona exprivada de la libertad, víctima del régimen de excepción, dijo que solamente recibía de alimentos cuatro onzas de arroz y una tortilla al día. 2 Esto, en cumplimiento a la orden que dio el presidente y que inmediatamente acató el director de Centros Penitenciarios, quien el año pasado informó que los prisioneros solamente tendrían dos comidas al día.
Otra condición inhumana que está provocando la sobredetención de cualquier ‘sospechoso delincuente’ es el hacinamiento. El mismo ministro de Seguridad en una entrevista mencionó: “Obviamente si estoy en la comunidad y conozco de infancia a alguien pandillero y en ese momento llega la autoridad, nosotros no tenemos cómo decir ‘ah, bueno solo me voy a llevar este. Al amigo, no”. 3 Es decir, cualquier persona de la que se tenga una mínima sospecha de pertenecer a las pandillas debe ser detenida. Habiendo dicho eso, el sistema penitenciario de El Salvador está diseñado para 30 mil personas y, sin embargo, en mayo de 2022, habían más de 71,000 detenidos. 4 Esto resulta alarmante si comparamos la población de personas privadas de la libertad de 2020, que según el World Prison Brief era de 37,190 personas. 5 Es decir, de 2020 a 2022, en tan solo dos años, la población penitenciaria presentó un incremento de casi un 91 %.
Sumado al hacinamiento y a la clara violación de derechos humanos como la escasa alimentación, es importante hablar sobre cuántas personas están detenidas y probablemente están en prisión injustificadamente hasta no probarse lo contrario. La Fiscalía General de la República y el Ministerio de Seguridad han sido omisos en transparentar la información y brindar datos sobre la población penitenciaria, pero de acuerdo con Human Rights Watch, “más de 39,000 de los detenidos enfrentaban los cargos de pertenencia a ‘agrupaciones ilícitas’ y más de 8,000 a ‘organización terrorista’”, siendo la minoría otros delitos como el homicidio. 6 Sin embargo, el delito de ‘agrupaciones ilícitas’ se generalizó de tal manera que el sólo conocer a un miembro de una pandilla te hace ser culpable. ¿En dónde está la presunción de inocencia? Esto resulta preocupante especialmente cuando las pandillas están ahora tan arraigadas en el día a día de la mayoría de salvadoreños que cualquiera puede caer bajo ese delito.
Lo anterior se complica aún más cuando vemos el perfil de las personas que están siendo detenidas injustamente, quienes suelen tener poco acceso a la justicia. Según el Observatorio sobre Conflictividad Civil y Acceso a la Justicia, “el salario mínimo de abogadas y abogados iguala y puede superar el honorario promedio de un profesional”. 7 Esto no solo hace que no todos puedan acceder a una buena defensa sino también que, en lo que consiguen el dinero, se complica la agilidad del proceso por el cual las personas detenidas injustificadamente puedan salir de prisión.
Para terminar el recuento de los daños, hacemos la pregunta del millón: ¿se ha terminado la delincuencia en El Salvador? Según el periodista salvadoreño Héctor Silva Ávalos, “en los dos primeros meses del régimen de excepción el gobierno solo reportó 39 homicidios, cuando en realidad hubo 67”. “Solo en abril y mayo de 2022 hubo 97 desaparecidos y, entre esos casos, solo uno fue anotado como homicidio”. 8 Esto advertiría un maquillaje de cifras en cuanto a la violencia que supuestamente ha aminorado o, más bien según el presidente, ha eliminado.
Comprendo lo atractivo que pueden resultar las medidas implementadas en mi país, para quienes viven en otras naciones azotadas por la violencia y la delincuencia, sin embargo, considero importante llamar a la siguiente reflexión: ¿aceptarías que el presidente viole la Constitución solamente porque él decide interpretar la ley a su manera? ¿Aceptarías que de la noche a la mañana sustituya a todo el poder judicial por personas que le dirán que sí a todo, incluyendo a un régimen de excepción injustificado y más largo de lo que la ley le permite? ¿Todo esto por un falso reporte diario que indica que hubo 0 homicidios el día anterior, ese día y, seguramente, el siguiente día? Si tu respuesta es sí, aceptarías vivir en un país con medidas autoritarias, donde el problema será problema por los años que el presidente lo quiera, porque es la manera en la que ganará popularidad para sus intereses personales. Sin embargo, el verdadero problema seguirá estando ahí y el perjudicado no será el gobierno, será la ciudadanía.
1 New York Times. (2022). El Salvador vive uno de sus días más mortíferos en 30 años. Recuperado de aquí.
2 United States Department of State. (2022). El Salvador 2022 Human Rights Report. Recuperado de aquí.
3 Arévalo, Karla. (2023). El Salvador: El 5 % de los detenidos en el régimen de excepción ha sido puesto en libertad. Voz de América. Recuperado de aquí.
4 United States Department of State. (2022). El Salvador 2022 Human Rights Report. Recuperado de aquí.
5 World Prison Brief. (2020). El Salvador Overview. Recuperado de aquí.
6 El País. (2023). Hacinados y sin el debido proceso: la filtración de una base de datos muestra los abusos a presos en El Salvador de Bukele. Recuperado de aquí.
7 OCCA. (2018). Barreras de Acceso a la Justicia: El Salvador. Recuperado de aquí.
8 Silva Ávalos, H. (2023). Cómo El Salvador maquilló las cifras de homicidios para justificar el régimen de excepción. Infobae. Recuperado de aquí.