Redacción Animal Político · 24 de julio de 2022
De acuerdo con la ONU Mujeres, el cuidado es esencial para el sostenimiento de la vida, la reproducción de la fuerza de trabajo y de las sociedades, ya que genera una contribución fundamental para la producción económica, el desarrollo y el bienestar. Pese a su relevancia, uno de los grandes pendientes, tanto de carácter legislativo como de estrategias gubernamentales en nuestro país, es el diseño y funcionamiento precisamente de un Sistema Nacional de Cuidados, que parta del reconocimiento del derecho universal a cuidar y ser cuidado dignamente y que rompa a la par con la profunda desigualdad e informalidad que se advierten en los precarios e inconexos servicios de cuidado existentes.
Actualmente se encuentra pendiente de aprobación por parte del Senado la minuta de reforma constitucional a los artículos 4 y 73 en esta materia, lo que permitiría, en caso de aprobarse, que inicie en consecuencia el análisis y la discusión de al menos dos iniciativas para expedir una nueva Ley General del Sistema Nacional de Cuidados, con el objetivo de avanzar en la institucionalización y articulación de políticas públicas multipropósito orientadas a garantizar a todas las personas, el acceso y el disfrute del derecho a los cuidados con base en los principios de corresponsabilidad e igualdad entre mujeres y hombres, familias, comunidad, mercado y el propio Estado, de tal manera que su diseño y operación implica una gestión intersectorial.
En este contexto, el Pacto por la Primera Infancia ha reconocido los esfuerzos legislativos, pero también ha advertido, para el caso de los servicios de cuidado infantil, que tal y como están planteadas dichas iniciativas, el principio de interés superior de la niñez y un enfoque integral de protección de derechos y la vinculación con los servicios educativos están ausentes.
Por ello, se ha planteado la urgente necesidad de abrir un espacio para detonar una discusión amplia y plural entre legisladores, servidores públicos y sociedad civil a fin de robustecer el alcance de las iniciativas para que efectivamente se creen las condiciones y oportunidades de desarrollo y bienestar para la Primera Infancia, como una de las poblaciones objetivo de la pretendida ley que requiere mayor atención para el sostenimiento y desarrollo de su vida. El potencial de cada niña o niño depende de un cuidado adecuado a sus requerimientos de desarrollo, es por esta razón que los responsables de su cuidado, dentro y fuera del hogar, tienen un rol fundamental en la promoción de su desarrollo integral.
En este sentido, un punto de partida para ello es explorar y conocer de manera crítica, asumiendo las particularidades de los diversos contextos, las experiencias exitosas de Sistemas de Cuidado, lo cual permite aprovechar los aprendizajes colectivos, para identificar los elementos clave que deben guiar la construcción del andamiaje legal, organizacional, programático y presupuestal del cuidado en nuestro país. Por ello, a continuación, se muestran algunas buenas prácticas de sistemas especializados en atención y prestación de servicios de cuidados en la región, con énfasis en la Primera Infancia.
En primer lugar, está el caso chileno, que se ha erigido como un referente en la región con uno de los componentes del emblemático programa “Chile Crece Contigo”, cuyo objetivo es atender a la población infantil mediante la coordinación interinstitucional que proveen los servicios universales a familias a fin de mejorar los servicios de salud y educación, además de prestaciones preferentes a la población vulnerable. Se identifica como elementos clave de su efectividad el reconocimiento estratégico de la coordinación de un ente público fuerte, la solidez del marco normativo, así como de la importancia de la inversión pública, lo que permite una asignación presupuestal progresiva y su alineación a resultados.
Por otra parte, se encuentra el Sistema Nacional de Cuidados de Uruguay, el cual se basa en un modelo corresponsable de cuidados entre familias, comunidad, mercado y Estado a través de procesos de capacitación para brindar cuidados, impulsar la inversión en infraestructura y recursos humanos especializados, así como una oferta y provisión directa de los servicios de cuidado a niñas y niños desde su concepción hasta los tres años, priorizando el acceso de aquellos que provienen de familias en situación de pobreza. En este caso, se identifican debilidades en el sistema de financiamiento, pues ha experimentado reducciones presupuestales que ponen en riesgo el buen diseño del sistema.
Finalmente, se identifica la Red Nacional de Cuidado y Desarrollo Infantil de Costa Rica, la cual busca establecer un sistema público universal de cuidados y desarrollo infantil financiado por un esquema solidario, que articula las diferentes modalidades de prestación pública y privada de servicios de cuidado y desarrollo infantil, también con énfasis en la población en condición de pobreza. Uno de los elementos clave es la estrategia de coordinación interinstitucional, así como la existencia de un sistema de gestión y asignación intersectorial de los recursos que permite enfrentar el reto de las restricciones presupuestales.
De las tres experiencias, es posible identificar algunas enseñanzas que pueden orientar el diseño del Sistema de Cuidados en México: la necesaria coordinación intersectorial realizada por un ente público con apoyo político del más alto nivel; la importancia de contar con un marco normativo y organizacional robusto; es vital la asignación progresiva de recursos públicos pues sin ellos la viabilidad y pertinencia del sistema está condenada a fracasar; y finalmente deben existir mecanismos de evaluación y monitoreo permanentes para asegurar que el sistema impulse transformaciones favorables. Abramos pues la discusión para que el país cuente con una política efectiva de servicios de cuidados para la Primera Infancia guiada por el interés superior de la niñez.
* Alberto Sotomayor es coordinador de Investigación del Pacto por la Primera infancia (@Pacto1aInfancia).