Redacción Animal Político · 13 de diciembre de 2023
La noche del 25 de octubre el huracán Otis arrasó la ciudad de Acapulco y municipios aledaños, fundamentalmente Coyuca de Benítez. Con categoría V de la escala de Saffir-Simpson, llegó con vientos sostenidos de 270 kilómetros por hora. La devastación que dejó sacudió a todo el país por ser un huracán sin precedentes, que aumentó su peligrosidad en cuestión de horas. Sin embargo, sí hubo advertencias tanto del servicio meteorológico nacional como del de Miami 33 horas antes de su entrada. Prevalece un enorme cuestionamiento hacia instancias de gobierno, así como a particulares, sobre la ausencia de acciones dirigidas a proteger la vida de seres humanos. Diversos medios dan cuenta de ello. Las víctimas animales son invisibles.
El mayor daño sucedió justo en la Zona Dorada donde se encuentra el parque acuático El Rollo y su conocido delfinario el CiCi. Nuestro temor de que los delfines “Brisa” y “Chiquillo” hubieran sido dejados en los estanques más pequeños del CiCi se confirmó pocos días después a través de las redes sociales. La fotografía aérea del Parque tomada 5 días después nos muestra agua lodosa en todas las albercas y el estanque de los delfines. El CiCi anunció vía Facebook que los defines habían sido protegidos, ya que “eran familia”. Lo demás lo conocemos. Se limpió el agua y retiraron escombros y se mostró a los delfines comiendo y realizando trucos para desmentir un contundente reportaje de Milenio Diario, que mostraba a los delfines en agua lodosa en un estanque secundario a la piscina principal, cuyo techo había volado en su totalidad. Sobrevivieron en ese estanque pequeño a 90 metros de la línea de playa justo en la zona de entrada del peor huracán que ha azotado Acapulco.
Y es que este abandono a su suerte no es un caso excepcional en el mundo de los delfinarios, sino una pauta repetitiva, que se ha documentado sólo gracias al interés y valor de ciudadanos que han mostrado los hechos, antes de que desaparezcan las evidencias de la negligencia. A continuación, unos ejemplos.
El 23 de septiembre del 2003 el huracán Marty de categoría II entró a tierra sobre la ciudad de La Paz, Baja California Sur, con vientos sostenidos de 165 kilómetros por hora. Justo en el área se encontraba un delfinario consistente en un corral marino de muy baja profundidad en la costa del hotel La Concha. Los siete defines albergados fueron abandonados a su suerte en los mismos corrales. La duración del huracán fue de 99 horas. No sólo embistió directamente sobre el corral, sino que después el delfinario fue receptor de la acumulación de lodos, objetos y basura arrastrados por vientos y corrientes. Cuatro de los siete delfines murieron pocos días después del huracán. Las autopsias revelaron como causas de muerte una obstrucción gástrica (ingestión de una gorra) en el primer caso; otra a cirrosis hepática, la tercera a neumonía bacteriana y septicemia, y la del cuarto individuo, el delfín más pequeño llamado “Capuchino” a septicemia relacionada con inmunosupresión, que se sabe está relacionada con el estrés. Los tres delfines sobrevivientes fueron trasladados por Profepa a un delfinario en Puerto Vallarta.
Poco después, el 18 julio del 2005 el huracán Emily, categoría IV entró a la costa del caribe de Quintana Roo sobre Tulum, previamente azotando Cozumel e Isla Mujeres con vientos máximos sostenidos de 215 kilómetros por hora. Durante éste tuvimos conocimiento del escape de tres lobos marinos del delfinario de Chankanaab en Cozumel, que fueron rescatados una semana después. Pero también en Isla Mujeres un delfín macho murió ahogado, al quedar atrapado en una red que había quedado suelta en el corral cuando fue devuelto a él después de haber sido resguardado, junto con los demás delfines en una alberca interior. Nadie revisó su estancia antes de devolverlo.
En el mismo 2005 sucedió Katrina, categoría V con vientos de 275 kilómetros, el fenómeno más devastador que entró a tierra el 29 de agosto. En la zona de influencia en Nueva Orleans y Mississippi, Estados Unidos de Norteamérica. En la zona se encontraba el Oceanario de la ciudad costera de Gulfport, Mississippi, que albergaba 14 delfines y 27 lobos marinos. Solo seis delfines y ocho lobos fueron puestos a salvo, en instalaciones tierra dentro. Ocho delfines fueron dejados en una alberca, y 19 lobos también fueron abandonados en zonas de “seguridad”. Todos ellos desaparecieron del delfinario, fueron arrastrados al Golfo de México, donde varias semanas después fueron encontrados y recuperados en una complicada acción de rescate, ayudados por la Marina de Estados Unidos, en estado de emaciación y llevados a dos delfinarios que los recibieron ante la desaparición total del delfinario de Gulfport.
Wilma, el huracán más devastador de la costa de Quintana Roo, entró a tierra el 21 de octubre del 2005 por la isla de Cozumel y después a tierra firme. Con categoría IV y vientos de 230 kilómetros por hora fue devastador debido a la lentitud con qué pasó, ya que duró 50 horas sobre la costa, disminuyendo a categoría II cuando abandonó la península.
Siendo la zona en donde existen más delfinarios en nuestro país hubo daños severos en aquellos que estuvieron bajo la influencia directa, en Cancún, Cozumel e Isla Mujeres. En nuestro sobrevuelo por el área pudimos constatar y documentar la destrucción de los corrales marinos de Parque Nizuc en Cancún, y de “Atlántida” “Chankanaab” en Cozumel, en donde se destruyeron las estructuras de los corrales dejando sólo los pilotes de madera sumergidos, así como daños parciales muy importantes en el corral del delfinario “Villa Pirata” en Isla Mujeres.
Si bien se lograron proteger delfines y lobos marinos en albercas más alejadas de la zona de influencia como Puerto Aventuras, de manera injustificable se dejaron dos delfines hembra con sus crías en un pequeño estanque para lobos marinos en Chankanaab, Cozumel, a escasos metros del mar. Al día siguiente de que salió el huracán se documentó fotográficamente los cuerpos de las dos crías estaban flotando inertes y las dos madres vivas nadando cerca de ellas en aguas turbias y lodosas. Aun así, se negaron las muertes y se minimizaron los daños. La Dirección General de Vida Silvestre de la Semarnat nos contestó vía transparencia que “no se registró ninguna baja; en ninguno de los delfinarios hubo mortandad de crías”. 1
El caso de Brisa y Chiquillo no es distinto de los anteriores, sino que expone y denota una gran negligencia que es inaceptable. Hubo tiempo para transportar a dos delfines a alguna alberca en lugares más alejados de la línea de costa, y más seguros, pero los dejaron a 90 metros de la línea de la playa. Sobrevivieron, pero no gracias a sus manejadores.
Esto sigue sucediendo después de 20 años de experiencias fatales. Todos los argumentos éticos que conocemos y que podríamos argumentar aquí quedan rebasados por la indolencia y negligencia de las empresas que presumen tener a los delfines “bajo cuidado humano” y los abandonan a su suerte, confinados e indefensos bajo un huracán. Hemos presentado una denuncia pública por negligencia extrema y maltrato en contra de Brisa y Chiquillo y solicitado su rescate y reubicación, además del cierre definitivo del delfinario. Mientras se sigue el proceso ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), el entrenador ya anunció que pronto volverán a abrir el nado con delfines para disfrute del turismo.
* Yolanda Alaniz Pasini es médica cirujana. Cursó las maestrías en Salud Pública y en Antropología Social, así como los posgrados en Bioética y en Desarrollo Sustentable. Fue profesora de las asignaturas de Epidemiología y Antropología Médica en la unam, y de Bioética y Ética Ambiental en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se desempeñó como secretaria técnica de las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales, tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados, y ha sido observadora y parte de la delegación mexicana ante la Comisión Ballenera Internacional y en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres. Actualmente es consultora para Conservación de Mamíferos Marinos de México.
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1 Yolanda Alaniz y Laura Rojas. “Huracanes y delfinarios”, capítulo 5 de Delfinarios. (México: AGT Editor, 2008), 201-215.