Daniel Gershenson · 9 de mayo de 2011
Fue un llamado atendido por miles de personas: en redes sociales y en medios. En decenas de ciudades en todo el mundo. En persona, o virtualmente. La Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad convocada por el poeta, académico y ensayista mexicano Javier Sicilia daría comienzo en la Paloma de la Paz en Cuernavaca la mañana del jueves 5 de mayo, y culminaría en el Zócalo el domingo 8 por la tarde.
Era una invitación y un compromiso en la mejor tradición de las movilizaciones pacíficas que lograron objetivos concretos, como la Marcha por la Sal que organizó Gandhi para protestar contra los abusos de la administración británica en 1930 y que desembocó en la Independencia de la India en1947, o la célebres Caminatas en defensa de los Derechos Civiles de Selma a Montgomery encabezadas por Martin Luther King en 1965, que ampliaron el acceso a la Justicia y el voto para la comunidad afroamericana en el Sur de los Estados Unidos.
Caminamos mormones, judíos, católicos, ateos, agnósticos y de otras denominaciones. De todas las zonas del país, edades y clases sociales. Con paso firme: lento pero seguro, y con el corazón en la mano. Familias enlutadas, a veces sin recursos de tiempo para velar a sus muertas y muertos. Desgarradas por el dolor de saber qué habría pasado con sus desaparecidos. Una Sociedad Civil organizada o dispersa, pero siempre solidaria. Ciudadanía en busca de un país extraviado, pero dispuesta a recuperarlo desde la empatía y la propuesta concreta.
La #MarchaNacional se atrevió a reivindicar el espíritu que en su momento animó a Henry David Thoreau o León Tolstoi. Tras consumar el Silencio, pasamos a una nueva etapa: la firma del Pacto Nacional previsto para el próximo viernes 10 de junio, en Ciudad Juárez. Se cruzó un Rubicón del que difícilmente podremos regresar. La ruta será larga y difícil, pero sin duda llegaremos a mejor puerto.
Tuve el privilegio de acompañar al contingente que partió desde Cuernavaca, y que fue incrementándose hasta consolidar un afluente ciudadano que colmó los márgenes del Eje Central, Cinco de Mayo y la Plaza de la Constitución ayer mismo. Quise describir los pormenores de la Marcha desde Twitter, subiendo fotos en mi Línea de Tiempo. Parafraseando a Christopher Isherwood, fui una cámara (o más bien, lo fue un teléfono celular que cumplió esa función a cabalidad, a lo largo del camino).
Comparto una selección de instantáneas, para dejar mínima constancia del esfuerzo y compromiso de una sociedad que sigue sacudiéndose sus letargos y atavismos. Sólo son testimonios…también, un agradecimiento a todas aquellas personas que me permitieron participar en la aventura inolvidable. El entusiasmo de las y los jóvenes (de cuerpo y/o espíritu) en todas las etapas del trayecto, es elocuente testimonio de que algún día -más temprano que tarde- saldrá este gran país del atolladero.























