Redacción Animal Político · 5 de diciembre de 2022
Advertencia: Este no es un ensayo académico. Es, en el mejor de los casos, un ensayo del principio autocobaya tal como lo describe Paul B. Preciado.
I
El humo denso del cristal se había acumulado en la habitación del hotel en la que me encuentro. En las últimas seis o siete horas he consumido varias dosis de cristal y bastantes gotas de GHB. Me levanto de la cama para abrir un poco las ventanas. Corro un poco las cortinas y un rayo de luz intenso entra. De pronto veo las partículas de humo flotando a mi alrededor, una densa capa de niebla me envuelve y yo sólo quiero más. Abro una ventana y me asomo desde el cuarto piso para ver la calle un domingo de agosto a las 7 de la mañana. “Toma más”, me dice el hombre que conocí por medio de una aplicación de ligue horas antes y que se encontraba en el mismo hotel que yo. “Prueba el mío”, me dijo cuando le ofrecí mi pipa después de haber entrado a la habitación. Sacó una pequeña caja donde había varias bolsitas de cristal y me dio una: “para ti”. No fue la única, durante las siguientes horas me dio más y sacó más. En varios momentos tomaba su celular y respondía mensajes. Me preguntó si no me molestaba recibir visitas. “¿Qué tipo de visitas?”, pregunté. Me respondió mostrándome una foto en su celular. Entraron tres hombres en diferentes momentos de la noche, permanecían un rato en la habitación, fumaban, había sexo y de pronto él se acercaba a ellos, les murmuraba algo y salían. Cuando él y yo nos quedábamos solos, continuaba el sexo, los fumes, más gotas de GHB. En dos momentos me ofreció ponerme un slam. 1 Lo rechacé, estaba demasiado colocado ya. Cerca de las 10 de la mañana decidí parar, él se despidió dejándome otro gramo de cristal y una botella de agua preparada con más GHB. “Ya tienes mi número y ya probaste mi producto. Cuando quieras más avísame”. Me quedé solo en la habitación, necesitaba descansar un rato para poder continuar. Tanto cristal en mi cuerpo exigía más.
Mientras me daba un baño recordaba algunas de las escenas de esa noche. El hombre con el que ligué y que me acompañó durante toda la noche no tenía más de 30 años, moreno, atractivo; no sólo era el dealer de ese hotel (cosa de la que obviamente me di cuenta en los primeros minutos sin que él me lo dijera), sino también era el regenteador de los trabajadores sexuales del mismo. Esa noche, por alguna razón, él me había elegido a mí y mi habitación se había convertido en su centro de operaciones. Los trabajadores sexuales no sólo proveían sexo, sino también de drogas a sus clientes. Servicio completo: 10/10
II
Cuando el periodista Oscar Balderas afirma que “es necesario entender las nuevas formas de violencia a través, también, de las redes sociales”, es necesario que también incluyamos otras aplicaciones como Grindr, Uber y Didi, las cuales se han vuelto imprescindibles en la economía del narco entre la comunidad LGBTI+, principalmente entre los HSH. Una vuelta por Wikipedia nos arroja un apartado para Grindr donde se lee Tráfico de drogas y otras sustancias. Hoy puedo abrir Grindr en las colonias Roma o Condesa, Tabacalera o San Rafael, Juárez o Cuauhtémoc, e inmediatamente encontraré drogas disponibles y los servicios de entrega harán que el producto esté en la puerta de mi casa u hotel en menos de 30 minutos. Aplicaciones trasnacionales (que no pagan impuestos) bien insertadas en la economía del narco. Debe ser muy cómodo servir a dos amos y obtener ganancias de ambos, sirviéndose de choferes y demás profesiones pauperizadas que en la mayoría de los casos son desechables. Mención aparte merece Mewe, una red social en donde el intercambio social va más allá de conectar con personas afines a uno, sino que el comercio e intercambio de cuerpos supera por mucho lo moralmente aceptado.
En 1967, Guy Debord afirmaba que “la realidad surge en el espectáculo, y el espectáculo es real. Esta alienación recíproca es la esencia y el sostén de la sociedad existente”. 2 El espectáculo que presencié esa noche no fue el primero ni el único del que he formado parte en medio de dealers, lo real es que todos ellos han sido hombres jóvenes enganchados al cristal que se convierten en distribuidores cuyo deseo es capturado para servir a la economía del narco. Hombres jóvenes, no marginados, reclutados a través de su deseo por medio de Grindr. Alienados para sostener una parte de un espectáculo del que no son productores sino extras desechables que serán reemplazados. Alienados para sostener un consumo que a la larga es insostenible.
Redes de violencia y deseo en los espacios digitales: 3 el régimen farmacopornográfico de Paul B. Preciado y el capitalismo gore de Sayak Valencia deslizándose al mismo tiempo por una pantalla mientras miro perfiles de Grindr.
III
Es la primera vez que narro lo que sucedió aquella noche en la habitación de ese hotel y puedo ver ahora con otra perspectiva el espectáculo del que fui testigo en una muy pequeña escala: el engranaje bien medido con el que funciona el narcomenudeo y la captura del deseo.
Necesitamos acercarnos a la experiencia del consumo de cristal desde otros campos más allá de la salud, para entender mejor los perfiles de consumidores, para revisar la participación de aplicaciones como las mencionadas en el entramado de violencia y el consumo de cristal en los HSH, para salir del paradigma del riesgo y de la patologización de las experiencias, para explorar el tipo de relación (o relaciones) que estamos estableciendo con la sustancia.
La crisis de consumo de cristal por la que estamos atravesando muchas personas de la comunidad de HSH en todo el país nos está rompiendo y aún no hay la suficiente atención a lo que está pasando.
Porque no, no se trata de señalar, juzgar o condenar el deseo, sino la captura de éste por la violencia.
* Pablo Caisero (IG @caisero), 17, Instituto de Estudios Críticos.
1 Práctica que consiste en administrar la sustancia por vía intravenosa.
2 Debord, Guy. La sociedad del espectáculo. La marca editora. Buenos Aires, Argentina. 2018. p.33
3 Parafraseo al periodista Oscar Balderas, quien en una conferencia pronunciada el día viernes 7 de octubre afirmó la existencia de redes de violencia digital.