blogeditor · 28 de mayo de 2013
Como todos seguramente ya saben, tanto el PAN como el PRD están pasando por una crisis enorme marca ACME. Este hecho podría parecer irrelevante para más de uno o una, sin embargo, que los principales partidos de oposición se encuentren enfrascados en una lucha interna, que por cierto no es nada nueva, nos debe no sólo interesar, sino preocupar y si me puede, hasta ocupar.
Es probable que en este momento se estén preguntando por qué diablos les debe de interesar e incluso preocupar que estos dos partidos estén atorados en una relación tipo Borondongo le dio a Bernabé; Bernabé le pegó a Muchilanga le echó a Burundanga. Pues resulta que si consideramos que en México ya se viene usando lo que le llamamos democracia desde hace muy poco (con adjetivos o sin ellos), aún no madura y se consolida del todo. Para lograrlo es indispensable contar con instituciones políticas con relativa fortaleza y estabilidad, no sólo por parte del organismo encargado de organizar las elecciones, que en este caso es el IFE, sino de los partidos políticos.
¿Por qué los partidos políticos? Se preguntarán, sobre todo si se encuentran no sólo en una larga crisis interna y de credibilidad, ya que aunque la democracia mexicana sea representativa, estas organizaciones han sido incapaces de reflejar los intereses y las necesidades de la población a la que supuestamente representan. La respuesta es compleja, pero a la vez simple y trataré de usar el sentido común, que es el menos común de los sentidos, para contestarla o confundirlos más.
Primero que nada, si bien es cierto que son clubes exclusivos, para poder acceder al poder en México en tanto no sean operable en la vida real las candidaturas independientes, los partidos políticos son un mecanismo que sirven para organizar a parte de la ciudadanía a partir de una agenda pública y política común.
Aunque no necesariamente podrán representar todos los intereses, anhelos, necesidades y frustraciones de la mayoría de las personas de un país, por lo menos se supone que deben ayudar a cachar algunas de ellas, sistematizarlas y usarlas para generar un discurso más o menos coherente en torno a una idea de país. De hecho, parte de la crisis de partidos en nuestro país se debe a que éstos han dejado de representar los intereses de los ciudadanos y se han concentrado en beneficiar principalmente a sus miembros o a algún grupo de poder que los respalde política o financieramente. Esto ha provocado que la mayoría de la gente se desencante de los partidos políticos y los considere más que un mecanismo para acceder al poder para servir a los ciudadanos, es un mecanismo para servirse de los ciudadanos y de la cuchara grande del presupuesto.
Sin embargo, ante este problema la respuesta mexica ha sido, como en muchas ocasiones, en vez de buscar mejorar las instituciones, crear instituciones paralelas y dejar que se hagan bolas con la bronca. Esto es como cuando tenemos una gotera y esto hace que el agua no salga por la llave. En México lo que hacemos para resolver este problema es en vez de tapar la gotera, ponemos otro tubo para que llegue el agua a la llave con la falsa ilusión de que la gotera se tapará solita. El resultado es que en nuestro país tenemos muchísimas instituciones que no funcionan y en vez de hacer que funcionen, creamos otras nuevas para que funcionen de manera paralela. A esto me suena la candidatura independiente y como está de moda lo ciudadano, se le llama candidatura ciudadana, ¿por qué no?
Otra bronca de que los partidos de oposición estén encabritados entre sus miembros es que afecta su papel como contrapeso al partido que está en el poder, ya que la democracia no sólo es el gobierno de la mayoría, sino también, de los disensos o de desacuerdos. Es a través del contraste o la confrontación de ideas que se pueden generar mejores propuestas a los problemas que tiene el país. Tener partidos de oposición casi paralizados porque su ello no se pone de acuerdo con su aquello debido a que su súper yo está atado de manos (¡Me amarraron como puerco!) hace que, en la práctica, la voz dominante para proponer la solución a los problemas del país se convierta en la única voz en el tablero político.
Por eso es tan, pero tan importante que los panistas y los perredistas se pongan de acuerdo entre ellos, resuelvan sus problemas internos lo antes posible para que puedan estar capacitados para llevar a cabo su papel de oposición presentando propuestas, contrastando ideas, debatiendo puntos de vista y con base en la pluralidad, se pueda avanzar en soluciones no sólo más consensuadas, sino también enriquecidas con más puntos de vista.
Sabemos que casi desde su origen, el PRD nos recuerda al estado de naturaleza que describió el buen Hobbes, o que la bipolaridad panista, manifestada desde que decidieron abrir su militancia a los llamados “bárbaros del norte” o neopanistas, más pragmáticos ellos pero un poquitín más alejados de los ideales del Gómez Morín, han causado mella en la credibilidad del partido y sobre todo, lo han hecho chiquito, chiquito, como cuando hace mucho frío.
Bueno pues, creo que estos muchachos del PAN y del PRD tienen mucho de qué hablar, meditar y sobre todo, qué resolver, no sólo por el bien de estos partidos, sino por el bien de la democracia y del país.