Redacción Animal Político · 5 de mayo de 2023
El color o tono de piel sigue siendo un factor determinante que genera prejuicios y que puede determinar también el trato y el acceso a derechos y oportunidades que tienen las personas.
El Módulo de Movilidad Social Intergeneracional 2017 elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), determinó que las personas que se autoclasificaron en las tonalidades de piel más clara del país, solo 10 % no cuenta con algún nivel de escolaridad, mientras que la cifra se eleva a 20.2 % para las personas que se autoclasificaron en las tonalidades de piel más oscuras (acceso a la educación).
De acuerdo a la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis) 2017, el 6 % de la población mexicana de 18 a 59 años con tono de piel más clara reporta ser director, jefe o funcionario, solo 2.8 % de las personas con la tonalidad más obscura alcanza esos puestos (acceso al trabajo). También, según el INEGI, mientras que el 88 % de la población es morena, la industria del entretenimiento sostiene producciones donde el 97 % de los protagónicos son de tez clara (trabajo y oportunidades).
Los datos anteriores son una pequeña muestra que evidencian el llamado “privilegio blanco”, el cual representa en términos un tanto reducidos, las ventajas que tienen las personas con tonalidades de piel claras en nuestra sociedad mexicana.
Es importante visibilizar este hecho, pues revela un sistema de separación y jerarquización de “lo blanco”, “lo moreno”, “lo negro”, etcétera, que impacta en el acceso a derechos y oportunidades. Este sistema basado en el color de la piel puede denominarse “colorismo” y es parte de la complejidad del racismo que se vive en la capital y en el país.
El término colorismo en el ámbito social refiere a la discriminación que pueden vivir las personas por su tono o color de piel, y resulta de mucha utilidad problematizar este fenómeno en el contexto mexicano, pues pareciera faltar puentes comunes para distintos sectores de la población cuando se trata de definir qué es y cómo se manifiesta el racismo.
Por un lado, el colorismo hace evidente un factor central del sistema de opresión (dominación) que representa el racismo: que las personas con tonalidades de piel claras tienen ventajas sobre aquellas que podemos denominar “racializadas” (personas indígenas, afrodescendientes, afroamexicanas, prietas, morenas) y, por otro lado pero sobre la misma línea, mostrar que “lo blanco” tiene ventajas porque se sigue imaginando como el ideal, como un lugar a alcanzar para aquellas personas que no son “blancas”, pero que pueden llegar a serlo.
Así entonces, lo blanco no se limita al tono de piel (aunque suene contradictorio), sino que también se relaciona con comportamientos, acentos (formas de hablar), idiomas (sobre todo hablar inglés), formas de vestirse, lugares de tránsito, accesibilidad a determinados espacios, arte, cultura, economía y en general a un estilo de vida: a rasgos identitarios visibles que denotan un privilegio que se asocia a lo europeo (a lo blanco, a lo moderno, a lo occidental).
En ese sentido, una persona que no tiene un tono de piel claro puede “blanquearse” presumiendo su ascendencia europea (y ocultando la indígena), vistiéndose a la moda o acercándose al estereotipo de las clases altas, hablando con un acento relacionado también a los sectores socioeconómicos altos, comprando en lugares caros y tomándose fotos presumiendo de ello, o relacionándose con personas económicamente acomodadas.
Porque claro, en la Ciudad de México el racismo y el clasismo están íntimamente relacionados por los lugares de poder y riqueza que ocuparon los criollos blancos después de la independencia del país y que han mantenido hasta nuestros días, puesto que el supuesto mestizaje como nos lo contaron, es un mito.
El reporte Tono de piel y desigualdad socioeconómica en México realizado por El Colegio de México (Colmex), informa que las personas con tonos de piel más oscuros son más frecuentes entre quienes provienen del 20 % de familias más pobres, mientras que las personas con los tonos más claros predominan entre quienes provienen del 20 % más ricas (natalidad/lugar de nacimiento).
Resulta relevante resaltar el lugar de privilegio que implica la blanquitud, pues como se menciona, pone a la luz aquellas características que han sido enaltecidas de manera arbitraria por la historia de la conquista y de la colonización en nuestro país, y también visibiliza la trampa en la que las personas pueden caer al tratar de ser “más blancas”, pues si bien una persona morena puede blanquearse y tener ventajas, el tono de la piel sigue siendo determinante, ya que como Boaventura de Sousa Santos dice, “el código colorista establece que cuanto más “blanco” sea el color de la piel, mayor es la probabilidad de que alguien sea candidato a los privilegios de la blanquitud […]”:
También según Colmex, las personas en el 20 % de piel más clara tienen más del doble de probabilidades de alcanzar un quintil socioeconómico superior, con respecto al 20 % de piel más oscura (ingresos/calidad de vida).
Una de las problemáticas del racismo en México, y en particular del colorismo, es que depende de quién se pare enfrente de quien para considerar a una persona más blanca o más morena, es decir: la misma persona podrá ser leída socialmente como blanca en la sierra de Hidalgo y como morena en la Ciudad de México, por poner un ejemplo.
Por otro lado, el blanqueamiento que pueden intentar y querer algunas personas, sólo perpetúa el sistema de opresión del que son víctimas, pues en lugar de reafirmar y enaltecer la propia identidad, se enfatiza que efectivamente lo blanco es lo mejor, y que es lo que merece privilegios. En una sociedad mayoritariamente morena el deseo de blanquearse es un autosabotaje, es perpetuar el status quo de desigualdad y la cadena de significados que implica: lo blanco se traduce en riqueza económica, social, cultural; “civilización”, confianza, bondad, belleza… lo moreno y lo negro, está por verse… (O simplemente en lo indeseable o de lo que hay que alejarse para obtener privilegios).
Esta trampa, aunado a mantener el privilegio blanco, mantiene su contraparte de opresión; resulta en la vulneración de derechos a personas morenas, indígenas, afromexicanas, etcétera; resulta en un riesgo para la diversidad de la que es tan rica la Ciudad de México.
Por ello, hablar sobre el privilegio blanco es fundamental para hablar sobre racismo, es pensar en el poder simbólico que tienen ciertas categorías o características identitarias y cuestionarlas, puesto que esta acumulación de poder simbólico (por decirlo de alguna manera) que tienen algunos grupos de personas por sus características (blancas), tiene repercusiones materiales negativas para aquellos grupos o personas que no cumplen con ese ideal simbólico, es decir, que el tener un tono de piel u otro puede definir si te dan la mesa de un restaurante o no, si te siguen en el supermercado o no, si te dejan entrar a un lugar o no, si te dan un trabajo o no, si quienes se encargan de la seguridad te detienen o no, si te dan acceso a un hospital o no, si tu vida vale lo mismo que la de otra persona o no.
Por último, también es vital aclarar que cuestionar el privilegio no se traduce en menospreciar o despreciar las características que lo detentan, sino de desarticular las jerarquías de valor arbitrarias que les dieron ese lugar, pues en la búsqueda de una sociedad más justa e igualitaria no tendría que haber características o identidades por encima de otras, sino de valorar cada una de ellas y reconocer los aportes y la riqueza que la diversidad tiene, así como aceptar que las personas y la humanidad en sí misma es diversa.
* Ricardo Portilla asesor educativo en la Subdirección de Educación del COPRED.