Redacción Animal Político · 26 de septiembre de 2025
En el marco del Día Internacional de la Bisexualidad, que se conmemora cada 23 de septiembre, vengo a compartir unas líneas para hablar de la bisexualidad en primera persona.
Como una persona nacida en la década de los 80 -actualmente tengo 42 años-, debo decir que me tomó mucho más tiempo del que me hubiera gustado asumir mi bisexualidad.
Fue en la universidad que me di cuenta que no sólo me gustaban los chicos, sino también las chicas. Recuerdo nítidamente estar hablando en los pasillos de la facultad con Wendy, una compañera de la carrera quien me estaba compartiendo la emoción que había experimentado en su competencia de triatlón, mientras yo observaba detenidamente cada uno de sus gestos y sus hermosos labios describiendo su hazaña; quería agarrarla a besos, pero eso sólo pasó en mi cabeza. Terminamos la charla, terminamos la carrera y nunca me atreví a decirle que me gustaba. Para ese entonces, e incluso durante muchos años más, no fui capaz de reconocer que me sentía atraíde tanto por hombres como por mujeres, y mucho menos externarlo públicamente.
Los años pasaron y aunque a mi vida llegaron situaciones que me llevaron a experimentar cierta intimidad con mujeres, mi bifobia no me permitía reconocer que mi orientación sexual fluía entre géneros. No fue sino hasta ya entrados los treinta que me permití hablar de mi gusto por mujeres y hombres (en esos entonces desconocía las identidades no binarias). Pero estoy segure que este temor a hablar de ello no sólo se debía a mi historia de vida o a venir de una familia conservadora, sino a todo un sistema heterosexual y mono normativo que invisibiliza y discrimina las disidencias sexuales.
Y es que los estigmas que rodean a la bisexualidad son muchísimos y los encuentras en todos lados, incluso dentro de personas que forman parte del acrónimo LGBTIQ+. Frases como “son personas confundidas”, “que no se deciden por un género”, “que es una etapa” -hasta que nos decidamos por un género-, “que es difícil confiar en personas bisexuales porque nunca sabes con qué te van a salir”, “que quieren tener sexo con todo el mundo”, “que ponen en riesgo a lesbianas por tener relaciones sexuales con hombres”, “que si salimos con hombres en realidad somos heterosexuales”, y un largo y agotante etcétera que solo alimenta el miedo, la invisibilización y el rechazo.
Es decir, existen una serie de prejuicios y estigmas que generan entornos hostiles hacia la existencia bisexual y que además están sustentados en equívocos sobre qué es la bisexualidad.
De acuerdo con Robyn Ochs “la bisexualidad es la capacidad de sentir atracción romántica, afectiva y/o sexual por personas de más de un sexo-género, aunque no necesariamente al mismo tiempo, de la misma manera, ni con la misma intensidad”. Haciendo un análisis de los elementos que conforman esta definición, cuando se habla de “más de un sexo y/o género” se enfatiza que la atracción no se limita a dos géneros opuestos (como en una definición binaria), sino que incluye a todos los géneros. No necesariamente al mismo tiempo da cuenta de que la atracción puede ser hacia diferentes géneros en distintos momentos. En lo referido a no necesariamente de la misma manera o intensidad hace referencia a que una persona bisexual puede sentir una afinidad emocional más fuerte hacia un género y una atracción física más hacia otro, o los sentimientos pueden variar en intensidad a lo largo del tiempo.
En este sentido cabe decir que la bisexualidad es un espectro, no es sólo una orientación sexual, que tiene una dimensión política y social; es una herramienta contra el orden establecido, una identidad y un placer. Una hermosa definición del colectivo Casa Bi+Va refiere que las personas bi existimos en todo el espectro de atracción sensual, afectiva, sensorial, amorosa, erótica, intelectual, espiritual y amistosa. No obstante, a pesar de la potencia disruptiva de la bisexualidad, quienes nos asumimos como tal enfrentamos altos grados de invisibilidad, discriminación y bifobia.
De acuerdo con la Agenda Política de mujeres y personas no binarias: lesbianas y bisexuales, elaborado por Jóvenes por una Salud Integral, A. C., las amenazas que enfrentan estas poblaciones son:
Asimismo, las personas bisexuales nos enfrentamos a la invisibilidad y ausencia de referentes y modelos a seguir, a la falta de atención adecuada en los servicios de salud (particularmente derechos sexuales y reproductivos), al acceso al empleo, a programas sociales y oportunidades educativas, al acceso a la justicia, además de la bifobia, que de acuerdo con en el artículo 4° de la Ley para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (LPEDCM) es: “la aversión a la bisexualidad o a las personas con orientación […] bisexual que se expresa en rechazo, discriminación, ridiculización y otras formas de violencia…”.
Toda esta estructura opresiva impacta negativamente en bienestar integral de las 2.4 millones de personas bisexuales, que representa al 52.7 % de la población no heterosexual del país, de acuerdo a la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG) en el 2021. Según la Encuesta Nacional sobre salud mental de las juventudes LGBTQ+ en México 2024 de The Trevor Project, 50 % de las personas bisexuales encuestadas consideraron el suicidio y el 32 % intentó hacerlo.
Así que no, no es sencillo asumirse bisexual en un país que sigue estigmatizando, invisibilizando y negando derechos a nuestras identidades. No es un problema personal el no poder enunciarnos desde nuestra diversidad, es un problema estructural que le toca al Estado atender para garantizar una atención adecuada y libre de discriminación a las necesidades económicas, políticas, culturales y de representación de la comunidad bisexual.
Asimismo, necesitamos contar con datos desagregados de las personas bisexuales, ya que las encuestas y diagnósticos existentes contabilizan a toda la comunidad LGBTTTIQ+, lo que contribuye a la invisibilización de las problemáticas que enfrentamos, agravando la falta de atención adecuada en ámbitos clave, como la salud, la educación, el empleo, la justicia que a su vez agudizan los obstáculos para una participación política plena y efectiva.
Aún falta un largo camino por recorrer en el reconocimiento pleno de nuestros derechos y nuestras identidades para poder vivir vidas plenas y libres de violencia. No obstante, reconocernos desde la potencia bisexual y su poder transformador y disruptivo, crea un horizonte para seguir sembrando futuros más diversos, incluyentes y liberadores.
* Diana López es asesore del @COPRED_CDMX.