Bioética y trabajo: las desigualdades que las mujeres siguen enfrentando en los espacios laborales

Jorge Avila · 20 de mayo de 2026

Bioética y trabajo: las desigualdades que las mujeres siguen enfrentando en los espacios laborales

Por Rocío Fuentes Valdivieso

Cuenta de X: @Guendabiaani, @bioeticaunam

Cada año, con la conmemoración del 8 de marzo, el debate público vuelve a centrarse en la situación de las mujeres. Sin embargo, más allá de estas fechas simbólicas, el mundo del trabajo continúa siendo uno de los espacios donde las desigualdades de género se manifiestan con mayor persistencia. En estos entornos se expresan diversas formas de trato justo e injusto hacia las mujeres, que no sólo provienen de superiores jerárquicos, sino que también se reproducen en las relaciones entre colegas y dentro de las propias estructuras laborales.

En una investigación sobre violencia laboral en instituciones académicas, una profesora relató que durante las reuniones de trabajo sus colegas evitaban mirar sus presentaciones y discutían las mismas ideas únicamente cuando eran retomadas por un investigador varón. “No es que me insulten”, decía. “Simplemente actúan como si lo que digo no existiera”. Experiencias como ésta rara vez aparecen en informes institucionales o estadísticas oficiales. Sin embargo, constituyen una de las formas más frecuentes de exclusión en los espacios laborales: la deslegitimación silenciosa.

¿Dónde radican las formas sutiles de exclusión?

A lo largo de varios años de investigación sobre violencia laboral en organizaciones académicas y de salud, se ha podido documentar que muchas mujeres enfrentan dinámicas similares. No siempre se trata de agresiones directas, sino de prácticas acumulativas: invisibilización de aportes, cuestionamiento constante de la autoridad profesional, exclusión de redes de colaboración o sobrecarga de tareas organizacionales que rara vez se reconocen como trabajo. Estas dinámicas suelen normalizarse como parte de la cultura institucional y presentarse como simples conflictos interpersonales, cuando en realidad reflejan estructuras de poder históricamente arraigadas.

Desde la bioética, el análisis de las condiciones laborales adquiere una dimensión particularmente relevante. El trabajo no sólo constituye una actividad económica; también es un espacio donde se ponen en juego valores fundamentales relacionados con la dignidad, la justicia y el bienestar de las personas. En las últimas décadas, la bioética ha ampliado su campo de reflexión más allá de los dilemas clínicos o biomédicos para incorporar las condiciones sociales que influyen en la vida, la salud y el bienestar humano.

En este sentido, las condiciones de trabajo no pueden entenderse únicamente como un asunto administrativo o económico. Las dinámicas laborales influyen directamente en la salud física y emocional de quienes participan en ellas. Diversas investigaciones han mostrado que ambientes laborales hostiles pueden generar efectos acumulativos como estrés crónico, agotamiento emocional y diversos padecimientos que muchas veces no se identifican fácilmente mediante diagnósticos médicos debido a la complejidad de sus manifestaciones físicas y emocionales. Desde una perspectiva bioética, estas situaciones no pueden considerarse simples tensiones organizacionales; constituyen problemas de justicia y de responsabilidad institucional.

Diversas científicas sociales han señalado que la autonomía de las mujeres no puede entenderse únicamente como una conquista individual, sino como una condición que depende de estructuras sociales que la hagan posible. En este sentido, la filósofa política Nancy Fraser ha planteado que la justicia social requiere articular dos dimensiones fundamentales: la redistribución de recursos y el reconocimiento social. Como explica Fraser, las desigualdades contemporáneas no se reducen únicamente a problemas económicos, sino que también implican formas de desvalorización simbólica que afectan la posibilidad de participar en condiciones de igualdad en la vida social y laboral. Estas formas de desvalorización simbólica se expresan en maneras de percibir, interpretar y transmitir ideas y emociones; por ello no siempre son explícitas, pero sí son percibidas.

En el mundo del trabajo, esto implica que la igualdad no puede reducirse únicamente a ampliar el acceso al empleo o a disminuir brechas salariales. También es necesario reconocer plenamente el valor del trabajo que realizan las mujeres y cuestionar las estructuras institucionales que reproducen desigualdades simbólicas. Estas desigualdades se expresan de múltiples maneras: bromas que descalifican, cuestionamientos constantes a la autoridad profesional, evaluaciones sesgadas o prácticas de exclusión que limitan el acceso a espacios de decisión.

Pensar el trabajo desde la bioética implica reconocer que las relaciones laborales no son únicamente cuestiones de productividad o eficiencia. También son escenarios donde se expresan relaciones de poder que afectan la dignidad y la salud de las personas. La igualdad no puede medirse sólo por la presencia de mujeres en el mercado laboral o en espacios profesionales, sino también por las condiciones que permiten —o impiden— que desarrollen sus trayectorias en entornos justos, libres de violencia y respetuosos de su dignidad, sin ser estigmatizadas.

En este sentido, la discusión sobre las condiciones laborales no es únicamente un problema de gestión organizacional. Es, ante todo, una cuestión ética que interpela a las instituciones y a la sociedad en su conjunto. Por ello, es necesario que existan reflexiones sobre la importancia del trabajo y sus efectos en todas las dimensiones de la vida humana, además de políticas públicas que lleven a reconocer cómo dentro de las estructuras laborales se mantienen las formas de desigualdad social. El análisis del trabajo desde la bioética nos recuerda que la justicia laboral no es sólo una cuestión económica: es también una condición fundamental para construir sociedades más justas y democráticas.

Biografía de la autora: Rocío Fuentes Valdivieso cursó el Seminario Postdoctoral en Estudios de Género por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, en Buenos Aires, Argentina. Es doctora en Antropología, egresada del Instituto de Investigaciones Antropológicas y de la Facultad de Filosofía y Letras, ambos de la UNAM; es maestra en Antropología Social por la Universidad Iberoamericana y licenciada en Antropología Social por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Actualmente es profesora e investigadora del Instituto Politécnico Nacional, Escuela Superior de Medicina.

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad exclusiva de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.