Bioética médica… ¿Y eso con qué se come?

Redacción Animal Político · 20 de agosto de 2025

Bioética médica… ¿Y eso con qué se come?

¿Bioética? ¿Y eso qué es? Ésta suele ser la reacción de cualquier mexicano común no especializado en el tema: trabajador, estudiante, adulto mayor, amas de casa, etc. Y es que, a pesar de los esfuerzos de varias instituciones, el conocimiento de la bioética no ha llegado a la mayoría de estos mexicanos, cuando son justamente ellos los protagonistas de esta noble materia.

La bioética como disciplina data aproximadamente de 1927, cuando Fritz Jahr declaró que se trataba de la ética de las relaciones humanas y el respeto por los animales y la naturaleza. Pero sería hasta principio de la década de los setenta del siglo XX cuando Van Rensselaer Potter la incorporó al mundo contemporáneo.

En México su implementación tiene más de 50 años, pero fue el maestro Manuel Velasco Suárez quien la impulsó como el fundador en 1994 de la Comisión Nacional de Bioética (CONBIOÉTICA), organismo rector bajo el amparo de la Secretaría de Salud y el gobierno federal, encargado de establecer las políticas públicas relacionadas con la bioética.

La definición del término ha sido motivo de debate de propios y extraños; sin embargo, para no caer en conflictos, presentamos una de las más actuales, concebida justamente en el seno de la Conbioética que, bajo la batuta del doctor Manuel H Ruiz de Chávez, a través de su Consejo Consultivo, la definió en 2012 de la siguiente forma: “[…] Rama de la ética aplicada que reflexiona, delibera y hace planteamientos normativos y de políticas públicas, para regular y resolver conflictos en la vida social, así como en la práctica y en la investigación médica, que afecten la vida en el planeta, tanto en la actualidad como en futuras generaciones”.

La bioética no sólo aborda asuntos de orden médico y de investigación con seres humanos, también toca cuestiones de ética animal y ambiental, migración, desigualdades e inequidades, entre otros, pero en esta oportunidad nos referiremos a la bioética médica. Su conocimiento, implementación e investigación se extiende casi exclusivamente al gremio médico, pero también compete a filósofos, biólogos o especialistas de otros campos de conocimiento como el derecho, por mencionar alguna, quienes debaten sus alcances, deliberan sus leyes u objetan lo ético de su proceder.

Ante esta situación, la población en general debería conocer la bioética y sus alcances, sobre todo porque podría marcar la diferencia, incluso entre la conservación de la salud o la vida y la muerte, ya que aborda temas como el consentimiento informado, la voluntad anticipada, la muerte digna, los cuidados paliativos, el aborto legal o la objeción de conciencia, conceptos desconocidos por la mayoría de las personas, aunque su aplicación es un derecho legítimo en gran parte del territorio nacional.

Como ejemplo, señalaré la situación de cualquier unidad hospitalaria pública o privada: entre los pacientes que esperan para una revisión médica y los familiares que los acompañan en la sala de espera, incluso entre quienes ya se encuentran hospitalizados. Si nos acercáramos a estas personas y les preguntáramos qué significa la bioética o qué hace un comité hospitalario de bioética o un comité de ética en investigación, nos sobrarían los dedos de una mano para contar las respuestas. En un día normal en una sala de espera, la comunidad médica y de enfermería apenas se da abasto para atender a un paciente y luego a otro; en ocasiones salen corriendo a pedirle a un adulto mayor que llene un formato de consentimiento informado para poder practicarle un procedimiento invasivo, cuando tal vez ni siquiera sepa leer ni escribir o no hable español. Aun así, el procedimiento se le aplicará, con o sin su “consentimiento” y menos “informado”.

Es posible que la familia desconozca que tiene derecho a solicitar la “muerte digna” para un anciano en caso de presentar, por ejemplo, un cuadro de tromboembolia pulmonar, para evitar que lo intuben si le otorgan ese privilegio.  Lo mismo sucedería con cualquier mujer que solicitara un aborto digno o cumplir su deseo de no volver a procrear o de hacerlo mediante un método de reproducción asistida.

¿Cuántos conocemos nuestro derecho de solicitar la “voluntad anticipada” ante un notario para exigir que nos dejen morir con dignidad en caso de muerte cerebral o un padecimiento similar? También por el desconocimiento de este derecho podríamos condenarnos a vivir como vegetal el resto de nuestra vida.

La bioética podría reflexionar sobre cada una de las situaciones descritas para el bien común. Una visión muy difundida en la ética médica (de muchas existentes) es el Principialismo biomédico de Beauchamp y Childress, que habla de cuatro principios fundamentales:

  1. Beneficencia: Los profesionales de la salud deben actuar en beneficio del paciente.
  2. No maleficencia: No se debe hacer daño al paciente.
  3. Autonomía: Las personas tienen derecho a decidir sobre su cuerpo y su salud.
  4. Justicia: Garantizar el acceso a la salud para todos evitando la discriminación.

Debemos decirlo, la mayoría de las personas andamos por el mundo ignorantes de los temas de salud y sólo les ponemos atención cuando la perdemos, nosotros o nuestros familiares. Tan sólo hace un par de años lo corroboramos con la pandemia de COVID-19 cuando, por desconocimiento e ignorancia, la población convirtió al personal de salud en héroes o villanos, sin asumir su propia responsabilidad.

La bioética es transparente, noble, útil y laica, y resulta increíble que la mayoría de la población mexicana la desconozca, no la aplique o no la defienda. Probablemente algo se está haciendo mal o los esfuerzos de difusión no han sido suficientes, o no ha sido del interés de los beneficiarios ni de los responsables conocerla ni darla a conocer.

Ojalá las instancias de bioética, tanto públicas como privadas, institucionales, educativas, colegios, programas, comités y demás, voltearan a ver a la sociedad y le dieran acceso a ella. Tal vez se requieren acciones más contundentes y urgentes como, por ejemplo, capacitar a los profesionales para enseñarla desde los niveles básicos de educación, presentarla en foros de afluencia comunitaria y, sobre todo, en los canales de difusión masiva como las redes sociales, de manera que algunos de los temas aquí vertidos lleguen a todas las personas.

Sería increíble para las nuevas generaciones que, en un tiempo no tan lejano, la bioética fuera más conocida y popular y se hablara de ella y de su utilidad en los hogares mexicanos, en la sobremesa, en las tareas escolares, o que la abordara el mejor de los “influencers” y la difundiera por todos los rincones de nuestro país. ¡Ojalá así sea!

* María Patricia Herrera Gamboa es escritora y poeta. Es escritora invitada del proyecto Historias Metropolitanas de la Universidad Autónoma Metropolitana; recibió el tercer premio de poesía del IV Festival Internacional La Estación del Arte (España e Italia). Ha publicado la Antología de Poesía Apágame También la Luna, capítulos y artículos especializados. Algunos de sus trabajos han sido seleccionados en antologías de poesía y cuentos en México, Chile, Colombia, Argentina, Ecuador, Estados Unidos, España e Italia. Además, desde hace varios años, forma parte del equipo de la CONBIOÉTICA.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad exclusiva de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.