La bioética feminista y su dilemática agenda

Herminia Miranda · 30 de julio de 2025

La bioética feminista y su dilemática agenda

Para Simone de Beauvoir, “el feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente” (El segundo sexo, publicado en 1949), y ciertamente, para muchas de nosotras el feminismo es una forma de vida.

De hecho, podríamos decir que muchas de nosotras ya éramos feministas sin siquiera saberlo cuando, desde nuestros distintos espacios o trincheras, luchábamos contra lo que considerábamos que era desigual entre hombres y mujeres; cuando combatíamos lo que considerábamos que nos oprimía y discriminaba; cuando procurábamos a aquellas mujeres que considerábamos que estaban siendo violentadas por nuestros compañeros varones o incluso por otras mujeres; o cuando acogimos bajo nuestra “protección” a alguna compañera o amiga que estaba siendo vulnerada en sus derechos por algún compañero que, dicho sea de paso, no era más que una víctima más, de una educación machista y patriarcal.

Desde ese momento ya éramos feministas, aunque no lo sabíamos; desde ese momento ya éramos sororas, sólo que lo conocíamos en ese momento como empatía. Sin embargo, tristemente, hoy día podemos ver que el feminismo se ha vuelto parte de un botín político, desvirtuando con ello la verdadera lucha y sororidad feminista.

Sin embargo, el feminismo bien entendido constituye o debiera constituir una bandera de orgullo, toda vez que representa, entre otras cosas, la lucha de ideales y el logro de derechos. Pero desvirtuado o mal conceptualizado, el feminismo en ocasiones se entiende como una revuelta sin sentido y de simple inconformismo.

Cuando te ostentas como feminista existen dos posibilidades: que se te reconozca por ser una mujer que lucha por mejores condiciones en todos los ámbitos de la vida, tanto pública como privada; o que se te vea como una mujer inconforme e incluso revoltosa, que se insurrecciona sin sentido y a la menor provocación.

Esto llega a ser peligroso si quieres acceder a un empleo, ya que a veces se la piensan dos veces antes de darte el sí. Resulta que, a veces, defender tus derechos es sinónimo de ser conflictiva y no defensora de tus propios derechos humanos.

Ciertamente la lucha feminista carga con un estigma cuando es mal comprendida y a lo que se suman —restándole validez (así de contradictorio)— los movimientos que sólo intentan desestabilizar a los grupos en el poder, pero que salpican de mala fama al movimiento real.

No obstante, bien ha valido la pena todo lo caminado por nuestras ancestras, por aquellas mujeres que nos han precedido en la lucha, ya que sin su valentía y arrojo ni siquiera podría estar en este momento escribiendo estas líneas.

Vivimos un momento en el que las mujeres exigimos que se aplique la perspectiva de género en todos los ámbitos y que, con base en ello, se diseñen políticas públicas que contribuyan a acabar con las desigualdades históricas que existen entre hombres y mujeres.

Es en este contexto, precisamente, donde el enfoque de género hace visibles las asimetrías que existen entre los géneros masculino y femenino, y la bioética feminista utiliza dicho enfoque para analizar diversas temáticas y problemáticas propias de la agenda bioética y feminista.

La bioética feminista surge en los años ochenta como una voz crítica hacia los estereotipos. La perspectiva de género contribuye a modificar el análisis bioético, visibilizando las dimensiones sociales y políticas que viven las mujeres, recordando y reafirmando así las teorías feministas que señalan que “lo personal, es político”. 1

Lo que busca la bioética feminista es el empoderamiento desde la apropiación del propio cuerpo, pero sin centrarlo únicamente en aspectos de salud de las mujeres, sino en todas aquellas situaciones de desigualdad y vulnerabilidad que las afectan, ya que considera que el sistema de dominio patriarcal acrecienta la desigualdad entre hombres y mujeres.

Explorar los problemas tradicionales de la bioética desde una perspectiva feminista, nos exige considerar cómo contribuye cada práctica a las relaciones de poder existentes en la sociedad y coadyuva a la construcción de una agenda feminista de carácter integral.

Asimismo, la perspectiva de género muestra que la línea divisoria entre lo público y lo privado puede ser tenue en muchas ocasiones, tal como sucede cuando se trata de la salud sexual, la interrupción legal del embarazo y la reproducción asistida, temas que siempre resultan controvertidos.

La bioética feminista ha sido una voz crítica y de alerta sobre las condiciones sociales y políticas que pueden reducir el alcance del marco normativo, desde la autonomía hasta la justicia, y ha insistido en que el sistema de dominio patriarcal resta fuerza a los principios universales, acrecentando la distancia entre el reconocimiento de la autonomía y de la igualdad y las oportunidades reales para las mujeres, toda vez que el sistema de discriminación y dominio acaba erosionando las libertades, afectando incluso algunos derechos fundamentales, como el derecho a la salud. 2

Hasta ahora, la bioética androcéntrica ha acaparado los espacios, pero no porque no haya mujeres en la bioética, sino porque no han sido visibilizadas como sí lo han sido nuestros compañeros varones. Recordemos que lo que no se visibiliza no existe y de ahí la importancia de hacerlas notar.

Han sido muchos los logros que el movimiento feminista ha alcanzado; sin embargo, a medida que la vida avanza, las temáticas y problemáticas que forman parte de su agenda se van haciendo cada vez más dilemáticas, y es que con la irrupción de conceptos tales como la identidad de género, la lucha por la interrupción legal del embarazo, la violencia obstétrica, la menstruación digna, el derecho a la lactancia en los espacios de trabajo, la gestación subrogada (que en lenguaje bioético sería el término adecuado, pero que algunas compañeras feministas dirían que al pan, pan y al vino, vino denominándole a esta práctica vientres de alquiler, toda vez que señalan que la denominación de gestación subrogada es sólo una forma decente de disfrazar una clara violación a los derechos de las mujeres a decidir de manera libre y razonada sobre su propio cuerpo), se han ido sumando otros tantos como el transfeminismo y los sesgos de género o raciales en la inteligencia artificial (IA) y muchos otros más.

Por ejemplo, la competición deportiva de las mujeres trans en categorías femeninas es un dilema que pareciera no tener solución favorable o que agrade a todas las partes. Al final se trata de un dilema bioético en el que difícilmente se podrá conciliar una medida con la que ambas partes estén de acuerdo o en la que una de estas partes no se sienta de algún modo discriminada, relegada o víctima de transfobia velada.

Los dilemas que surgen con la identidad de género es otro tema para analizar. Al ser una construcción social y personal que resulta de una percepción interna que cada persona tiene de sí misma como hombre, mujer o cualquier otra identidad —que no siempre coincide con el sexo asignado al nacer— conlleva ya de por sí diversos dilemas para quien se encuentra en dicha posición, pero en ocasiones los conflictos también se dan hacia el exterior. Al efecto mencionaré un caso concreto: año con año, el Congreso de la Ciudad de México organiza diversos parlamentos abiertos que son ejercicios de democracia participativa; podemos mencionar el Parlamento de Mujeres, el de las Personas Jóvenes, los de Juventudes y el de la Comunidad LGBTTTIQ+.

En ocasiones, en los Parlamentos de Mujeres se registran y participan mujeres trans, quienes posteriormente también se registran para participar en los Parlamentos de la Comunidad LGBTTTIQ+. Aquí la pregunta es si una mujer trans que se asume plenamente con una identidad de género femenina y que se registró y fue parte de un parlamento para mujeres, también debería registrarse para serlo en un parlamento de personas que se asumen como de la diversidad sexual. ¿Es válido? ¿O con ello le quita un espacio a alguien que no tiene o no asume una identidad de género específica y que por tanto se asume diversa sexualmente? Y si en este mismo ejemplo, se le prohibiera registrarse en dos categorías por decirlo de algún modo, ¿se podría acusar a la Comisión Evaluadora del Congreso de la Ciudad de México de actuar con sesgos o discriminación?

Otro punto para anotar en la agenda es precisamente el caso de los sesgos de género o raciales en la IA, toda vez que éstos reproducen y refuerzan la discriminación contra las mujeres. De aquí la importancia de no dejar a la IA como barco a la deriva y nutrirla con datos incluyentes y hasta interseccionales que no reproduzcan o amplifiquen las brechas de desigualdad en su utilización.

La interrupción legal del embarazo, mejor conocido como ILE, es otro tema candente de la agenda con miles de opiniones en pro y en contra, para el que la prevención, definitivamente, me parece lo mejor. Por supuesto, pensando en aquellos casos en que ésta sea posible, ya que no olvidemos que a veces la interrupción se necesita por tratarse de una violación o por situaciones en las que por alguna razón el sistema de control natal o prevención no funcionó. La realidad es que cada caso es distinto, y así también las razones por las que se desea llevar a cabo el ILE.

La violencia obstétrica es otro de los temas puntuales de la agenda feminista, por lo que resulta imperante regular las prácticas médicas que se efectúan en el sistema de salud androcéntrico, de manera que las personas gestantes cuenten con un trato humanizado, antes, durante y después del parto.

La menstruación digna es otro tema que se suma a la agenda, derecho que se ve violentado de diversas maneras; por un lado, tenemos que hay lugares en los que la escasez de agua es un tema recurrente y debido a ello no hay una higiene menstrual correcta, con lo que se vulnera nuestro derecho a la salud, pues al no tener acceso al agua, tampoco se pueden evitar infecciones. Este derecho también se ve violentado cuando no se tiene acceso a tratamientos médicos para sobrellevar el dolor en los casos de dismenorrea, ovario poliquístico o cualquier otro tipo de dolor vinculado a la menstruación.

El camino es largo y sinuoso, pero el análisis con perspectiva feminista contribuirá, de modo firme, a poner en el centro de la agenda bioética temas que pudieran considerarse personales, situándolos en la esfera pública, así como a la elaboración de políticas públicas de temas vitales de la bioética feminista.

 

* Jenny Méndez Moreno es licenciada y maestra en Derecho por la UNAM, maestra en Gestión Pública para la Buena Administración por la Escuela de Administración Pública de la Ciudad de México; diplomada en Bioética por el Programa Universitario de Bioética y en Seguridad Nacional por el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Ha sido servidora pública durante más de 20 años en la administración pública tanto federal como local, y es feminista, ambientalista y animalista.

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad exclusiva de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

1 María Teresa López de la Vieja, “Bioética: del cuidado al género”, en Bioética y feminismo. Estudios multidisciplinares de género, coordinadoras María Teresa López de la Vieja et al. (Ediciones Universidad de Salamanca, 2006), 107-130.

2 Ibidem.