Redacción Animal Político · 31 de mayo de 2023
Sería complicado determinar quién es el padre de la bioética, si es que a alguien pudiera atribuírsele tal nombramiento. Pero si quisiéramos determinar el punto de partida del auge que ha tenido hasta la fecha esta disciplina, podríamos colocar la icónica publicación de Van Rensselaer Potter, de principios de la década de 1970, “Bioética: La ciencia de la supervivencia”, como la que desencadenó diversas acciones relacionadas con el estudio de este campo de conocimiento emergente.
La creación de centros de investigación, publicaciones y su incorporación dentro de planes de programas de estudios en licenciaturas de las ciencias médicas, biológicas y de la salud, primero en Estados Unidos y después en el resto del mundo, son sólo algunas de las acciones con las que se empezó a reconocer el papel que tiene la bioética en el análisis de los riesgos y beneficios que representan los avances tecnológicos aplicados a la vida. Además, las opiniones y recomendaciones emitidas por la bioética a partir de este ejercicio crítico han favorecido el debate en diferentes escenarios científicos. El planteamiento de Potter está enfocado en el ámbito ecológico, en su preocupación por el deterioro que, cotidianamente, le generamos al planeta y las condiciones en las que lo encontrarán las generaciones futuras, posicionando a la bioética como ese puente que conecte nuestro presente con un futuro ambientalmente sustentable. Pero, puede no ser casualidad la advertencia que hace Potter, incluso puede ser hasta cierto punto obvio que, como ciudadano del país cuna del consumismo, de uno de los principales países productores de armamento y uno de los países que más contaminan, no es de extrañarse que alguien con una mirada crítica se cuestionara sobre la relación que establecemos con otras formas de vida y con el medio ambiente.
La bioética encontró en las ciencias médicas, biológicas y de la salud un espacio de coincidencia entre sus objetivos, pero también diferencias entre los medios para alcanzarlos; es decir, aunque conjuntamente su fin último sea la preservación de la vida, los mecanismos para lograrlo pueden generar discrepancias entre disciplinas. Por lo tanto, su desarrollo teórico y metodológico se ha centrado en los encuentros y desencuentros que tiene con la biotecnología y con el hacer cotidiano de los profesionales de las ciencias de la vida; sin embargo, la bioética está íntimamente relacionada con la vida cotidiana de las personas; la bioética es profundamente social y muchos siglos antes de la publicación de Potter, ya regulaba la relación del ser humano con otras especies, con los recursos naturales y con la Tierra. Hablemos del caso específico de México, de nuestros pueblos originarios y su relación ancestral con elementos como el agua, el fuego, la tierra o el simbolismo otorgado a los animales con los que cohabitaba, reconociendo su importancia en el ciclo natural de la vida y para su propia sobrevivencia. Desde entonces, aunque expresada en otras formas, la bioética ha sido uno de los principios de orden sobre el cual se han establecido las relaciones entre personas, con las otras especies y con el planeta.
En la actualidad, los espacios en los que principalmente se habla de bioética son los escolares, donde se enseñan las ciencias de la salud y los escenarios clínicos, como hospitales e institutos de especialidades que, comparado con el total de la población en México, son sectores reducidos los que pueden tener acceso a una formación académica o formar parte del debate bioético.
Sin embargo, la crisis ambiental que vivimos, los problemas de salud relacionados con los hábitos alimenticios y la depredación de ecosistemas nos tendrían que obligar a encontrar estrategias para la difusión de los objetivos de la bioética dirigidas a un número mayor de personas, además de su incorporación en distintos niveles académicos, y con ello, tratar de fomentar acciones que atiendan y aminoren dichas problemáticas. Para lograrlo, en un primer momento, sería necesario analizar nuestros estilos de vida para detectar aquellas acciones que afectan de manera directa nuestra vida y de manera indirecta otras formas de vida.
Toda sociedad se rige por principios, valores, usos, costumbres, tradiciones y creencias que son las que modulan la relación entre las personas. Se han determinado aquellas conductas que son socialmente aceptadas y aquellas que son socialmente no aceptadas. Por ejemplo, el plagio, la discriminación o robar son conductas socialmente no aceptadas, mientras que el trabajo, hacer ejercicio o ir de compras son conductas socialmente aceptadas. Pero, ¿trabajar en exceso o hacer ejercicio en exceso puede poner en riesgo la salud de una persona? ¿O cómo afecta al medio ambiente tener un estilo de vida basado en el consumismo? ¿Se puede limitar a las personas a hacer menos ejercicio, que trabajen menos o que reduzcan su consumo de carne, de productos embotellados en plástico o productos tecnológicos?
Resulta complicado restringir las conductas socialmente aceptadas; por lo tanto, la bioética junto con otras disciplinas, instituciones educativas y de salud tendrían que sensibilizar a las personas sobre la responsabilidad que tenemos en el cuidado de nuestra salud, del cuidado de los recursos naturales, del medio ambiente en general y el respeto hacia otras especies. Por ello es importante poner al alcance de sectores más amplios de la población espacios de reflexión, formación y debate que permitan la construcción de un lenguaje común, del establecimiento de normas y un sentido de responsabilidad compartida que contribuya en la solución de las diferentes problemáticas que afectan la conservaciónel planeta y a las diferentes especies que lo habitamos, así como afrontar los retos que surgen del desarrollo de tecnología aplicada a la vida. Convertir a la bioética en un saber popular, hacer de la bioética algo cotidiano.
* Emmanuel Arkad Pérez Guzmán es licenciado en Psicología por la UNAM; fotógrafo documentalista y profesor de la misma licenciatura en el Sistema de Universidad Abierta y Educación a Distancia de la Facultad de Estudios Superiores, Iztacala, UNAM. Estudió la maestría y actualmente estudia el doctorado en Humanidades en Salud, campo disciplinar en Bioética, por la UNAM.
Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad exclusiva de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del pub-unam. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.