Redacción Animal Político · 29 de noviembre de 2023
En el vasto lienzo del conocimiento humano a menudo encontramos metáforas poderosas que capturan la complejidad de nuestras interacciones con la ciencia y la tecnología. En este escenario, una pintura de Pablo Picasso llamada “Minotauro ciego guiado a través de la noche por una niña con una paloma revoloteando” (1950), mencionada en la Cátedra Prima de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac por el actual titular de la Comisión Nacional de Bioética (Conbioética), Patricio Santillán Doherty, en octubre de 2022, emerge como una expresión visual que nos invita a reflexionar sobre la relación entre la ciencia y la ética en el siglo XXI.
El minotauro personifica la ciencia en su forma más bruta y poderosa, encarna la fuerza sin guía, un ser ciego y desbocado que deambulaba sin rumbo por un laberinto. Sin embargo, en la obra de Picasso adquiere un matiz peculiar: representa la ceguera de la ciencia ante sus propios poderes y las consecuencias que estos conllevan. Se convierte en la encarnación de una fuerza incontrolada.
En contraste con esta figura imponente emerge la niña, quien personifica a la Bioética, siendo la guía que sujeta la cuerda y dirige al minotauro a través del laberinto de la moralidad. La niña no sólo calma a la ciencia desenfrenada, sino que también la orienta por el camino correcto. Su inocencia, lejos de constituir una limitación, simboliza la necesidad de un discernimiento moral que, con frecuencia, se precisa cuando nos enfrentamos a avances científicos y tecnológicos.
En 2005, la Unesco impulsó la bioética como una disciplina esencial a nivel global cuando adoptó la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos, que establece un conjunto de principios éticos que deben guiar las acciones en biomedicina, investigación científica y tecnología médica. Estos principios, que incluyen el respeto a la dignidad humana, la autonomía, el consentimiento informado, la no discriminación y la justicia, se han convertido en un marco ético global para abordar una amplia variedad de desafíos éticos, desde la investigación en seres humanos hasta la ingeniería genética.
La declaración adquiere una relevancia aún mayor en el siglo XXI, cuando los avances tecnológicos han ampliado las posibilidades en medicina y biotecnología; proporciona la guía esencial para abordar cuestiones éticas apremiantes, como la manipulación genética, la medicina personalizada y la inteligencia artificial en la atención médica, asegurando que estos avances se utilicen en beneficio de la humanidad, sin comprometer la dignidad y los derechos fundamentales. Su influencia ha tenido un impacto global significativo. Ha servido como referencia en la formulación de leyes y regulaciones relacionadas con la ética médica en diversos países, y ha promovido la colaboración internacional en la promoción de la Bioética y la protección de los derechos humanos en contextos biomédicos.
Por su parte, en 1992, México inició su compromiso con la promoción y consolidación de la bioética como una disciplina esencial al establecer la Conbioética. Además de dar una respuesta concreta y comprometida al fomento de la cultura de la bioética y los derechos humanos en el país, tiene un papel fundamental en la promoción de la ética en la ciencia y la medicina en el país. Entre sus funciones más destacadas se encuentra la propuesta de políticas públicas de salud relacionadas con la bioética y la colaboración en su implementación; sirve como órgano de consulta nacional para abordar temas éticos específicos, fomentando la protección de los derechos humanos en la investigación y la prestación de servicios de salud, y promueve principios éticos y facilita debates sobre cuestiones bioéticas con la participación de diversos sectores de la sociedad. Además, desempeña un papel crucial en la formación, la creación de comisiones estatales, la capacitación de comités hospitalarios y la evaluación de protocolos de investigación en salud, y trabaja en estrecha colaboración con instituciones nacionales e internacionales.
Asimismo, es fundamental en la promoción de la bioética y su impacto en la generación de cultura, y participa de manera estratégica para asegurar que las leyes y regulaciones reflejen las reflexiones bioéticas necesarias en un mundo de rápidos avances científicos y tecnológicos. Su influencia perdura en el siglo XXI, destacando la importancia de la ética en un mundo de rápidos avances científicos y tecnológicos que han revolucionado la medicina y la investigación científica. Estos progresos han dado lugar a dilemas éticos complejos que incluyen cuestiones relacionadas con trasplantes, cirugías avanzadas, tecnología 3D, robots en la medicina y técnicas de reproducción asistida, entre otros.
Los trasplantes de órganos son un logro médico crucial, pero la escasez de órganos, la falta de recursos humanos capacitados para llevarlos a cabo y la carencia en las infraestructuras, plantea desafíos éticos sobre la asignación justa y equitativa de estos recursos vitales, así como cuestiones de consentimiento informado y la ética de la donación.
También las técnicas quirúrgicas de alta precisión respaldadas por tecnología 3D y robots han transformado la cirugía. Sin embargo, surgen cuestiones éticas en relación con la formación de cirujanos, la seguridad del paciente, las grandes diferencias respecto al acceso a estas tecnologías y la toma de decisiones en este nuevo entorno médico.
Por otro lado, la impresión en 3D ha permitido la creación de prótesis y dispositivos médicos personalizados, lo que plantea dilemas éticos sobre la calidad, la accesibilidad y la propiedad intelectual de estos productos. La creciente autonomía de los robots en cirugía, cuidado de pacientes y rehabilitación presenta desafíos éticos en términos de responsabilidad por errores y la interacción entre humanos y máquinas en la toma de decisiones médicas.
La capacidad de editar genes con precisión, como con la tecnología CRISPR-Cas9, plantea interrogantes éticos fundamentales sobre la modificación del adn humano y los límites en la edición genética para prevenir enfermedades o mejorar características. Los avances en neurociencias han abierto nuevas posibilidades para comprender y manipular el cerebro humano, lo que suscita cuestiones éticas sobre privacidad mental, consentimiento y responsabilidad en la investigación neurológica.
La bioética no se limita a las paredes de los hospitales o a los laboratorios de investigación; se extiende por todos los rincones de la sociedad moderna. A medida que enfrentamos dilemas éticos, emerge como una guía esencial para navegar por un mundo cada vez más complejo. Se encarga de asegurar que, independientemente de la profesión o el contexto, se respeten los derechos fundamentales de todas las personas en situaciones médicas, de investigación y tecnológicas. Esto es especialmente importante en un mundo diverso en el que los dilemas éticos pueden surgir en cualquier momento y lugar. También aborda cuestiones de justicia y equidad en la distribución de recursos médicos y el acceso a la atención de salud.
Además, en los estudios universitarios se convierte en un componente vital de la educación contemporánea, ya que los problemas éticos trascienden fronteras profesionales y sociales, y equipa a los universitarios con las herramientas necesarias para comprender y abordar desafíos como la desigualdad en la atención médica y la discriminación en la investigación. Es un recordatorio constante de que la ética es una responsabilidad compartida de toda la humanidad en un mundo interconectado y en constante cambio.
A través de la educación, fomenta la conciencia ética y la responsabilidad individual en la toma de decisiones. Los profesionales de todas las disciplinas deben considerar cuidadosamente las implicaciones éticas de sus acciones en un mundo interconectado.
Dicha formación ayuda a reconocer que los desafíos éticos no se limitan a una sola profesión o área de estudio, y que la colaboración entre diferentes campos es esencial para encontrar soluciones éticas efectivas. Fomenta una ciudadanía informada que puede participar en debates públicos sobre temas éticos cruciales, desde la toma de decisiones en política de salud hasta la regulación de tecnologías emergentes.
Hemos explorado la consolidación e importancia de la bioética en la sociedad actual y concluimos que no sólo es una disciplina académica o un conjunto de principios abstractos, sino un faro ético que guía nuestras acciones en un mundo en constante transformación. Esta capacitación no se limita a los profesionales de la salud, sino que se extiende a todas las áreas del conocimiento y la sociedad en su conjunto. Proporciona las herramientas necesarias para analizar críticamente cuestiones éticas, tomar decisiones informadas y participar activamente en debates públicos sobre temas cruciales.
La bioética se ha convertido en un baluarte que nos recuerda que la ciencia y la tecnología, por asombrosas que sean, deben estar siempre al servicio de la dignidad humana y los derechos fundamentales, y nos recuerda que, independientemente de los avances tecnológicos o las transformaciones sociales, nuestras acciones deben guiarse por principios éticos sólidos e invita a reflexionar sobre la dignidad humana, la justicia y la equidad en un mundo diverso y complejo. Es un llamado constante a la responsabilidad ética, recordándonos que somos los guardianes de la humanidad en un mundo en constante evolución.
Estas palabras son un recordatorio de que la bioética no se limita a ser un campo de estudio, sino que representa un llamado a la acción ética en nuestra vida cotidiana. En un mundo donde las decisiones éticas pueden tener un impacto global, la bioética se erige como un faro que nos guía hacia un futuro más ético y equitativo para toda la humanidad, como la brújula que orienta el progreso humano en medio de la complejidad del mundo moderno, la bioética es la niña que guía al minotauro en la oscuridad de la noche.
* Juan Manuel Palomares Cantero es abogado, maestro y doctor en Bioética por la Universidad Anáhuac, México. Fue director de Capital Humano, director y coordinador general en la Facultad de Bioética. Actualmente se desempeña como investigador en la Dirección Académica de Formación Integral de la misma Universidad. Es miembro de la Academia Nacional Mexicana de Bioética y de la Federación Latinoamericana y del Caribe de Instituciones de Bioética.
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