blogeditor · 9 de diciembre de 2020
Vivimos en una época en la que todo involucra la responsabilidad humana: el cambio climático, la extinción de especies, la deforestación de bosques y selvas, la contaminación del aire y del agua, y el bienestar de otros organismos, no sólo seres humanos. Por esta razón, las discusiones actuales en Bioética, que versan sobre cuestiones ambientales, abordan cómo los seres humanos debemos relacionarnos éticamente con el medio ambiente.
No obstante, consideramos que ha habido una omisión muy importante en el discurso bioético actual: el análisis económico de los problemas ambientales. Si la Bioética busca establecer las dimensiones de responsabilidad —en el consumo, en prácticas productivas o en nuestros estilos de vida— para lograr una protección y seguridad de vida humana y no-humana a corto y largo plazo 1, necesitamos cobrar consciencia de la toma de decisiones que hacemos a nivel económico.
Dentro de este tema, por ejemplo, el 16 de octubre de 2020 se celebró el Día Mundial de la Alimentación (FAO75). Uno de los grandes retos señalados en esta conmemoración es lograr que la población adquiera mayor consciencia y conocimiento sobre sus hábitos de consumo; como parte de ello, se enfatiza encontrar formas de producir alimentos de manera sostenible que aminore el daño ecológico y ambiental. Diversas preocupaciones bioéticas coinciden con estos objetivos, como disminuir o evitar el consumo de carne para garantizar el respeto y la consideración moral por los animales y, al mismo tiempo, aminorar los efectos ambientales negativos de nuestros sistemas agroalimentarios.
Cuando se alude a la responsabilidad moral o al deber ético, nos referimos en el fondo a un cambio de comportamiento congruente con determinados estándares éticos; cambios que debemos integrar a nuestra vida cotidiana. Si aceptamos que tenemos responsabilidad moral con animales no-humanos, lo que estamos planteando es que nuestro comportamiento actual hacia ellos debería cambiar, por ejemplo, en el consumo de carne o en el entretenimiento público. La responsabilidad con el medio ambiente y con otros organismos es un reto sobre un cambio de comportamiento.
La pregunta fundamental es: ¿cómo logramos estos cambios de comportamiento? Y aquí es donde la reflexión bioética ambiental se intersecta con el análisis económico. Si nuestra respuesta pasa por considerar que el cambio debe realizarse de manera voluntaria y por efecto de la persuasión del discurso racional, seguramente sonará muy ingenuo. Hay mucha evidencia experimental que demuestra que, en la mayor parte de las ocasiones, los seres humanos no realizamos cambios en nuestros hábitos de vida simplemente por convicción o voluntad propia 2. Hacer ejercicio, dejar de fumar o simplemente llevar una dieta saludable son cosas que mejorarían mucho nuestra calidad de vida; no obstante, son pocas las personas que las logran con la mera fuerza de voluntad. Si queremos ser realistas sobre la urgencia de que las personas respondan a las prioridades medioambientales, necesitamos considerar un modo alternativo de lograrlo. La clave para comprender las decisiones éticas que, bajo determinados estándares de conducta, requieren llevarse a cabo de manera efectiva pasa por comprender la resistencia y las barreras que enfrentamos, lo cual nos lleva al terreno de las decisiones económicas. No te preguntes solamente qué significa ser responsable, sino cuánto se tiene que invertir para serlo.
Regresando al tema del consumo de carne, en México se tiene una producción de más de 6.5 millones de toneladas de carne, que da un valor de 300 mil millones de pesos a la industria, la cual emplea a más de 800 mil personas en el país y representa el 23% del PIB de la industria alimentaria y el 32% de la agropecuaria. Estas cifras exhiben, de manera cruda, el reto económico que las reflexiones bioéticas deben asumir. No sólo es discutir en torno a los valores, sino, principalmente, al tipo de costos asociados a los cambios de comportamiento.
Cuando analizamos cómo remover los factores que evitan que las personas actúen de manera responsable, lo que debemos comprender son los costos económicos que las personas deben asumir 3. Por costos económicos nos referimos no sólo a los monetarios, sino a las actividades y medidas que requerirían ser realizadas. Si, por ejemplo, quiero que las personas dejen de consumir carne, hay costos en términos de tiempo, esfuerzo, y dinero para integrar las nuevas medidas de cambio de hábitos de consumo, y esto no es sencillo de implementar. Asimismo, se requiere una gran inversión de tiempo para introducir nuevos hábitos y sustituir los anteriores, esfuerzo para superar las barreras psicológicas que entrañan las satisfacciones asociadas al consumo de carne, y dinero para invertir en la compra de nuevos productos de origen vegetal. Todos estos factores se toman como costos porque superar los obstáculos implica invertir algún tipo de recurso. El panorama se ensombrece aún más cuando se trata de personas que no sólo no pueden cambiar sus hábitos, sino que tampoco quieren, con las dificultades anexas que vienen emparejadas con ello a nivel global.
Si queremos que las personas se comporten de manera ética, necesitamos aplicar un análisis costo-beneficio de tales decisiones, para tener una visión realista sobre el tipo de problemas a los que nos enfrentamos hoy en día. Así tendremos una perspectiva bioética más seria y robusta, que esté asentada en los retos que incluye llevar a cabo un cambio de comportamiento en cada una de las áreas señaladas, y no solamente en buenas intenciones en un discurso de responsabilidad y deber ético.
* Jaqueline Alcázar Morales estudia el Doctorado en Humanidades en Salud en el área de Bioética y Ambiente en la Facultad de Medicina de la UNAM. Es profesora de asignatura en las facultades de Ciencias y de Estudios Superiores Acatlán. Su área de especialización es Bioética y Ambiente. ([email protected]). Luis Enrique Segoviano Contreras es doctor en Filosofía de la Ciencia por el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, con especialidad en Filosofía de la Economía. También es Profesor Definitivo de Asignatura en el área de Investigación y Ética en la Facultad de Contaduría y Administración. Actualmente realiza una estancia posdoctoral en la Facultad de Economía, donde dirige el Seminario de investigación en ciencias del comportamiento ([email protected]).
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1 Arias, M. (2017). La política en la era humana. Madrid: Taurus.
2 Bamberg, S., y Schulte, M. (2019). To Explain Behavior Change We Need to Research All Stages of This Process: Where Environmental Psychology Needs to Connect the Dots. Encyclopedia of the World’s biomes: 330-338
3 Harris, J. M., y Roach, B. (2018). Environmental and natural resource economics: A contemporary approach. Nueva York-Londres: Routledge