Joel Aguirre · 4 de agosto de 2026
Por Mauricio Aguilar Madrueño
La Bienal de Urbanismo de México 2026, presentada el pasado miércoles en las instalaciones de la ONU México, busca crear un ecosistema de alianzas para compartir y poner en el centro de la discusión metodologías exitosas con las que se construyen las ciudades en materia de regulación, planeación, financiamiento, investigación y participación.
Al frente de esta estrategia de vinculación está América Román, coordinadora de Alianzas Estratégicas de la Bienal, quien ha señalado que el propósito de estas alianzas no es replicar un esquema de patrocinio tradicional, sino construir una red de colaboración donde instituciones, empresas y organismos de distintos sectores encuentren un espacio común para intercambiar conocimiento y sumar capacidades a la construcción de ciudad.
Como señaló el arquitecto Juan Lázaro Kaye López, presidente del Consejo Directivo Nacional de la Asociación Mexicana de Urbanismo (AMU), durante la presentación de la Segunda Bienal, la urbanización en México se ha acelerado a una velocidad que rebasa con creces su capacidad para planearlas. Mientras las zonas urbanas se expanden, a la par aumentan los desafíos relacionados con la vivienda, la movilidad, el agua, la desigualdad territorial, la infraestructura y los efectos del cambio climático. Ante este escenario, es inevitable preguntarse: ¿qué significa hacer ciudad hoy en México y qué capacidad tenemos como sociedad para convertir la planeación urbana en políticas públicas concretas?
Con esa pregunta de fondo reaparece la Bienal de Urbanismo de México en su segunda edición de 2026, organizada por la renombrada Asociación Mexicana de Urbanistas bajo el lema “Construyendo las ciudades que soñamos”. La convocatoria permanecerá abierta hasta el 11 de septiembre, en aras de ampliar el alcance de la primera edición y convertirla en un espacio concurrente de intercambio entre profesionales, académicos, gobiernos y otros actores vinculados con la transformación urbana de México y Latinoamérica.
La apuesta por este tipo de convocatorias nos invita a replantearnos el urbanismo más allá de la imagen física de una ciudad. Hacer ciudad trasciende el diseño de parques, avenidas o edificios. Esta labor exige —según nos sugieren sus organizadores— esfuerzos conjuntos y especializados para establecer regulaciones, diseñar instrumentos de planeación y financiamiento, investigar, gestionar el territorio e incorporar la participación ciudadana.
Precisamente, las cinco categorías de la Bienal —Regulaciones Urbanísticas; Instrumentos de Planeación y Financiamiento; Proyectos de Urbanismo y Territorio; Programas de Impacto Social; y Trabajos de Investigación— ofrecen un panorama mucho más amplio de lo que significa actualmente intervenir en las ciudades. En este sentido, es de resaltar que la convocatoria incorpora además una subcategoría especial para tesis de licenciatura.
La primera Bienal, celebrada en 2024, recibió 189 proyectos provenientes de 29 estados de la república. El proceso de evaluación involucró a 11 dictaminadores y sometió los trabajos finalistas a un análisis de 40 componentes asociados con ocho ejes transversales; cada propuesta fue revisada por entre tres y cuatro evaluadores.
La diversidad de los proyectos ganadores permite entender mejor la concepción de urbanismo que propone la AMU en consonancia con la agenda 2030 de la ONU y su objetivo de desarrollo sustentable de construir ciudades y comunidades sostenibles por medio de ONU-Habitat. Entre ellos estuvieron las UTOPÍAS de Iztapalapa; el Programa Especial de la Red de Infraestructura Verde de la Ciudad de México; la NOM-004-SEDATU-2023 sobre estructura y diseño para vías urbanas; el Plan Estatal de Desarrollo Urbano del Estado de México; el Plan Integral de Movilidad Urbana Sustentable de Mérida; además de proyectos relacionados con infraestructura verde, espacio público, patrimonio y movilidad.
No se trata, por ende, de un escaparate o colección visionaria de proyectos urbanísticos, toda vez que las normas transforman nuestras ciudades al mismo tiempo que requieren de instrumentos de financiamiento que puedan determinar qué tipo de crecimiento resulta viable. Más aún, programas sociales y estrategias territoriales pueden modificar las condiciones de un barrio de manera favorable y duradera, tanto como una investigación rigurosa de respaldo académico puede convertirse en la base de una política pública.
En el marco de esta convocatoria, cabe preguntarse entonces, ¿qué sucede con un proyecto urbanístico después de ser reconocido? ¿Qué ocurre cuando una buena práctica deja de ser una experiencia local y puede convertirse en conocimiento replicable? ¿Qué condiciones hicieron posible que funcionara? ¿Puede trasladarse a otra ciudad, otro estado o incluso otro país?
Estas preguntas resultan especialmente relevantes, ya que el verdadero valor de una experiencia urbana no radica únicamente en que haya demostrado su eficacia en un lugar determinado, sino en entender por qué funcionó. Identificar las condiciones institucionales, financieras, sociales y territoriales que hicieron posible un resultado positivo permite que una experiencia deje de ser un caso aislado y se convierta en conocimiento compartido nacional e internacionalmente.
En ese sentido, como señaló Salvador Herrera, coordinador de la edición 2026, la segunda Bienal puede funcionar como una plataforma para algo que México y Latinoamérica precisan con urgencia: documentar, comparar y hacer visibles las soluciones que ya están ocurriendo en el territorio, incluso cuando todavía no forman parte de la agenda central de los gobiernos.
En efecto, la segunda Bienal puede funcionar como un laboratorio regional de la Nueva Agenda Urbana de la ONU, gracias a que es un espacio donde los principios internacionales sobre sostenibilidad, inclusión y resiliencia pasan del plano general y abstracto para confrontarse directamente como parte de proyectos gubernamentales y empresariales con regulaciones regulaciones, instrumentos y programas concretos.
De suerte que, a diez años de la adopción de la Nueva Agenda Urbana en Quito, la crisis de vivienda, la desigualdad territorial, el cambio climático y la presión sobre el suelo obligan a pasar de los preceptos sobre las ciudades buscamos construir, a las herramientas y métodos que se requieren para lograrlo.
En este sentido, la participación de ONU-Habitat conecta las experiencias reunidas por la Bienal con el debate urbano internacional y, particularmente, con su énfasis actual en vivienda, suelo y servicios básicos. Es así como la nueva edición de la Bienal busca ampliar su horizonte. Mientras en 2024 fue una plataforma de alcance nacional, en 2026 permitirá generar conexiones con profesionales, académicos, gobiernos y líderes de toda Latinoamérica; Ecuador, Guatemala, Chile, Colombia, Brasil, Panamá y Cuba harán de invitados estelares en esta gala.
Los protagonistas de la presentación de la Bienal 2026 resaltaron también que el urbanismo no es patrimonio exclusivo de los arquitectos. Quienes hacen ciudad provienen también de la planeación territorial, el derecho, la economía, la ingeniería, las ciencias sociales, la investigación, la administración pública y muchas otras disciplinas.
Ciertamente, como lo hizo notar María Lourdes González Lozano, presidenta de la Asociación Mexicana de Institutos Municipales de Planeación (AMIMP), iniciativas como esta pretenden posicionar la planeación del desarrollo urbano y la consolidación de proyectos locales —muchas veces provenientes de actores aún no reconocidos— en el centro de la agenda política nacional, con el propósito de que las ciudades y regiones sean espacios de oportunidad, equidad y sostenibilidad para todos.
Es así como la Bienal es también una oportunidad única para sus participantes para establecer y extender su red de impacto y conexión profesional. Para todo aquel que se anime a participar, el reconocimiento recibido se traducirá en visibilidad mediática, interlocución académica, intercambio de conocimientos con colegas de otras áreas y la posibilidad de que su proyecto logre alcanzar las mentes de quienes toman decisiones en otros territorios.
Resulta interesante visualizar en el corto plazo qué mapa del urbanismo mexicano y latinoamericano se proyectará cuando se reúnan todas las experiencias en esta nueva convocatoria. El desafío, como lo fue también en la primera edición, será pasar del reconocimiento a la replicabilidad, de la experiencia al conocimiento y del conocimiento a más y mejores políticas para la revitalización de nuestras ciudades.
La segunda Bienal de Urbanismo de México 2026 ha ampliado la fecha de recepción de proyectos hasta el 11 de septiembre. Por su parte, la exposición y ceremonia de premiación se realizarán del 13 al 15 de noviembre de 2026. Consulta la convocatoria y participa en la 2ª Bienal de Urbanismo de México.♦
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*Mauricio Aguilar Madrueño es maestro en Estudios Políticos y Sociales por la UNAM.