blogeditor · 11 de septiembre de 2020
Tal vez porque existe, usted puede contar conmigo.
De “Hagamos un trato”. Mario Benedetti.
Elevada su figura al nivel de leyenda latinoamericana cuya obra -particularmente, su poesía- ha merecido el honor de ser revisitada por generaciones de lectores que llevan menos tiempo vivos, el legado de Mario Benedetti se encuentra constituido esencialmente por la chispa de seguridad en sí mismo que lo aventuró a él, hombre que debió abandonar temprano los estudios debido a carencias económicas, a saberse dueño de un universo literario que ansiaba compartir pues, lo intuía, tenía talento y además, unas ganas inmensas de dedicarse a escribir.
“Fui empleado público. Taquígrafo del Contador General de la nación, también fui empleado de una empresa inmobiliaria muy importante, en la que entré como pinche último de contaduría y terminé siendo gerente, hasta que un día me aburrí y volví al periodismo otra vez. Yo de niño ya escribía poemas, cuentos, novelas, incluso escribí una novela de capa y espada que se llamaba El trono y la vida (…). Creo que no solo para mí, sino para la mayoría de los escritores uruguayos, la revolución cubana fue una cosa muy importante… la primera vez que el socialismo hablaba español, lo entendimos mucho mejor y con él entendimos los problemas de nuestro propio país. Llamo Letras de Emergencia a esa literatura no panfletaria, pero sí política, que a veces uno escribe un poco presionado por la realidad, por exigencia de la realidad”, declaró Benedetti en entrevista concedida a la televisión española hacia fines de los convulsos años setenta que le tocó vivir. Perseguido, amenazado de muerte, dolorosamente exiliado en diversas circunstancias, nada de victimización había en las palabras del autor, quien siempre mantuvo la ecuanimidad necesaria para verter el pensamiento profundo en la escritura, la más amplia salida que supo hallar su ansia expresiva, que a través de las páginas construyó una obra que le mereció lo mismo inspirar en sus respectivos momentos a la izquierda, a Nacha Guevara y Joan Manuel Serrat, que aparecer en una película de culto que mucho le debe el estatus precisamente a la aparición del poeta.
No te salves, no te quedes inmóvil al borde del camino, no congeles el júbilo, no quieras con desgana. No te salves ahora ni nunca. No te salves, no te llenes de calma, no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo, no dejes caer los párpados pesados como juicios… en el centenario de su nacimiento, acaso la ambición mayor de Benedetti en el sentido de ser leído -y recitado- por jóvenes que llegarían a su obra entusiasmados por su frescura (tanto la de los jóvenes como la de Benedetti) se haya cumplido con creces al paso de los años. Quedó el destino a deberle al autor de La víspera indeleble, la construcción del día en que los pobres se liberarían de su pobreza y la igualdad campearía sobre el mundo. Benedetti se fue de la vida sin que la existencia le cumpliera uno de sus más grandes sueños; sin embargo, hoy es leído por nuevos lectores y acaso con ello el destino salde a diario tan grande deuda con su espíritu, tan poético como revolucionario.