Benditos sueños: La fuga, el caos y la eterna llave

blogeditor · 11 de marzo de 2011

Benditos sueños: La fuga, el caos y la eterna llave

“Tuve un sueño muy revelador. Aparecía mi familia, el trabajo y…una chica”, le dijo #Aquel. Claro que esa chica no era ella, pero ese no es el punto. Lo importante de esta conversación fue que #Aquel le hizo recordar cuán importantes fueron los sueños para ella alguna vez.

Los sueños que la despertaban a medianoche porque le anunciaban “algo”; los sueños que la mantenían ocupada durante el día porque no paraba de hacer conjeturas, de interpretar; en fin, los sueños que la ayudaron a liberarse de #Aquel y a escribir cuentos que funcionaban como rompecabezas para después armar las piezas.

Hoy, a ella los sueños ya no le dicen nada. Tal vez no los necesita (por ahora).

Sin embargo, hubo una vez que un sueño la ocupó durante algunas horas. ¿Qué le dijo? Que regresara a sí misma, que lo dejara ir, que #Aquel era un cúmulo de problemas que arderían y lo consumirían tarde o temprano. El sueño le dijo que huyera.

Shouldn´t hurt me to be free its what I really need

To put myself together

But if it´s so good being free then you might tell me

Why I don´t know what to do with myself

 

Mayo de 2009

La fuga, el caos y la eterna llave

Bajo el negro cielo de la noche se anunciaba una gran cena. Sus invitados tomaron asiento y esperaron pacientemente los platillos que nunca llegaron. Los rostros de todos comenzaron a ser cada vez más largos, sombríos, inexpresivos. Dejaron de escucharse voces, se apagó el sonido de la naturaleza. El mundo se llenó de vacío.

Aterrada, se dio cuenta que en la superficie del césped se formaba un gran círculo gris, mezcla de vapores y rayos de tormenta eléctrica, pero mudos, siempre mudos.

Una fuerza la orilló a acercarse cada vez más al agujero misterioso, con los ojos fijos en la densa bruma gris, electrificada. Y así comenzaron a seguirla todos sus invitados, hombres y mujeres, rostros que no recuerda.

Ella fue la primera en adentrarse en las fauces de la tierra.

Espiral de polvo, vapores, memoria…

Giraba de cabeza en aquel tornado donde sólo podía distinguir lo que dejaría en el olvido.

Sentimientos…temores…valijas…personas…A ellas las fue soltando poco a poco sin pronunciar palabras de despedida, otorgándoles una última mirada, grave, decidida. Con un extraño sentimiento de alivio veía perderse a sus invitados entre las paredes del tornado, rostros compungidos que se aferraban a los pantalones de la chica, a sus manos, a sus pequeños pies.

Gustosa los dejó ir, a todos.

Con los ojillos entreabiertos alcanzó a distinguir un punto de luz, una suerte de advertencia mientras seguía cayendo hacia el centro de la Tierra, el centro de la vida, el centro de su vida.

De pronto, metió una mano en el bolsillo de su pantalón y extrajo un pequeño objeto.

Una llave.

Se abre una pantalla negra poco a poco y se escucha el sonido de las llantas de un triciclo.

Frente a ella, una carretera infinita. Pedalea con fruición no sabe cuántos metros. Sus piernas y sus brazos son tan pequeños…¡Es una niña! Se sabe niña, más no se puede ver, sólo sus regordetas piernitas. Alcanza a percibir la inmensidad gris del asfalto y los árboles que la rodean, pues siempre perteneció al bosque, siempre fue ardilla, hoja, rama y frío viento.

Lo siente penetrar en sus mejillas. De pronto el corazón le pega un brinco y detiene su triciclo. La niña vuelve la espalda.

Atrás, a lo lejos, el caos. Dos camiones de carga se han incendiado, llantas vuelan por el aire, aunque el fuego parece contenido.

Todo pasa lentamente…

Esos ojos cafés registran los movimientos de la naturaleza en cámara lenta, balanceándose de manera misteriosa, pura belleza. El caos que, visto de lejos, engendra belleza.

Al bajar del triciclo se encuentra con una cuneta de pasto y lodo que le estorba el camino. Esas piernas regordetas la intentan librar de un salto, pero la niña cae.

La cuneta es otro mundo. Es una película.

Ahora es una mujer de pies mojados sobre una barca en un tranquilo lago azul. Dirige una escena de un hombre y una mujer, enamorados. Les acaricia la cara, les indica los diálogos, los gestos, los movimientos. El frío está del terror, pobres rostros congelados. Mira de nuevo sus pies, ahora enfundados en unas botas negras. La barca está por hundirse.

De pronto la voz de su interior la llama quedo. La mujer mira sus pantalones, mete la mano en uno de los bolsillos.

Ahí sigue la llave.

-¡Buenos días!
Se abren sus ojos.