Propaganda electoral: basura antes y después de las elecciones

Redacción Animal Político · 21 de agosto de 2024

El pasado 2 de junio culminó el proceso electoral en México. Las elecciones 2024 se llevaron a cabo el primer domingo del mes y en los días subsecuentes se anunciaron los resultados preliminares: hubo ganadores y perdedores, y el ambiente generalizado entre la población se caracterizó por un fuerte ánimo político y por la multitud de volantes, carteles, pendones, mantas y lonas que saturaron el entorno. Desde el comienzo de las campañas la propaganda política —creada con plástico de un sólo uso— fue y es considerada basura, y su impacto debe invitarnos a la reflexión, sobre todo cuando su único propósito ya no existe; su condición de desperdicio no puede ser ignorada.

Según datos de la Fundación por el Rescate y Recuperación del Paisaje Urbano (FRRPU), tan sólo en la Ciudad de México (CDMX), la jornada electoral de 2024 dejó entre 25 y 30 mil toneladas de basura. Magdalena Trujillo, especialista por la UNAM, aseguró que, respecto de las elecciones anteriores, la basura se incrementó al doble (en 2018 fueron 10 mil 100 toneladas de basura). Estas cifras deben encender un foco rojo en todos quienes participamos en las elecciones, pero sobre todo deben invitar a los candidatos y a los partidos políticos a actuar con mayor ética ambiental.

Como en muchas de nuestras acciones, la visión antropocéntrica está dañando nuestra vida, la del medio ambiente y la de otras especies. Uno de los candidatos, Salomón Chertorivski, manifestó su deseo por presentar una iniciativa relacionada con ello y señaló que para producir “cada 500 gramos de plástico, que es en promedio lo que pesa cada pendón (…) se utilizan 91 litros de agua”; su propio calculo arrojó más de 5 millones de pendones en las calles de la CDMX, lo que indica que se estaría hablado de 455 millones de litros de agua desperdiciados, sólo en la capital del país. Si analizamos la difícil situación que vive México respecto a la falta del vital líquido, el daño es irreparable.

También hay mucho que decir respecto al material utilizado. La Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, en su artículo 209, segundo apartado, señala que “toda la propaganda electoral impresa deberá ser reciclable, fabricada con materiales biodegradables que no contengan sustancias tóxicas o nocivas para la salud o el medio ambiente”. No obstante, a la fecha, el material utilizado en las campañas no cumple con estas especificaciones: es de polietileno, mismo material de las bolsas plásticas prohibidas en la CDMX, que tarda mucho en degradarse. Entonces, ¿por qué seguimos permitiendo el uso de un material que ha demostrado ser muy contaminante y uno de los principales materiales no reciclables? Inclusive el Poder Legislativo de la Ciudad de México prohibió, en diciembre de 2020, la comercialización, distribución y entrega de bolsas de plástico al consumidor, salvo que sean compostables, ya que está demostrado que los plásticos de un sólo uso representan uno de los mayores contaminantes del planeta.

Las mismas empresas dedicadas a la manufactura de propaganda política saben del daño, pero los partidos políticos se niegan a usar materiales sustentables (polietileno biodegradable o caña) por cuestiones económicas, a pesar de que en este proceso electoral recibieron el mayor financiamiento de la historia (53.86 % en comparación con el monto aprobado para 2018).

Según la Organización de las Naciones Unidas, el impacto de cualquier tipo de plástico afecta directamente la triple crisis planetaria: cambio climático, pérdida de la naturaleza y contaminación. Su Programa para el Medio Ambiente pronosticó que para 2050 la fabricación de plásticos estará relacionada con la producción de más de 15 % del presupuesto mundial de carbono, que también supone la fracción más grande y dañina de los desechos marinos, los cuales representan, al menos, 85 % del total de desperdicios; esto afectará por ingestión, enredo y otros peligros relacionados a más de 800 especies marinas.

La exposición al plástico también es perjudicial para la salud humana (puede afectar la fertilidad, la actividad hormonal, metabólica y neurológica); además de afectar la capacidad de producción de alimentos: por un lado, contamina el suelo finito para la agricultura y limita su fertilidad; por otro, los microplásticos invaden la cadena alimentaria humana.

Aunque el artículo 210 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIP) menciona que la propaganda política colocada en vía pública debe retirarse durante los siete días posteriores a la conclusión de la jornada electoral, las calles continuaron tapizadas, aun cuando dicho plazo se cumplió el 9 de junio. El Código de Instituciones y Procedimientos Electorales de la Ciudad de México determina, en su artículo 397, que “la propaganda electoral deberá ser retirada por el Gobierno de la Ciudad de México y las alcaldías, en cada una de sus demarcaciones. La propaganda retirada de la vía pública deberá ser enviada a centros de reciclaje, acreditando mediante las constancias que éstos emiten, la entrega de dichos materiales”.

Más allá de las reglamentaciones —que, por supuesto, no se cumplen—, los partidos políticos deberían presentar un plan de reciclaje, quizá desde el comienzo de las campañas, como lo señala el artículo 209 de la LGIP en su segundo apartado. Aunque también podrían cambiar el material por algo más sustentable, pero también podrían pensar en mudar sus campañas a las redes sociales o a la propaganda digital.

En ese sentido, la organización Greenpeace México invitó a los involucrados a establecer un plan de recolección con un plan de reciclaje transparente, que realmente beneficie al medio ambiente y que evite que el daño permanezca. Lo anterior, después de que reunieron pendones y lonas para regresarlos a las sedes de los partidos políticos y de manifestarse en sus distintas sedes. Greenpeace México denunció la enorme cantidad de basura que la propaganda política generó en la vía pública y exigieron a los partidos políticos transparentar su plan de reciclaje. Hasta la fecha ningún partido político se ha pronunciado oficialmente.

Un ejemplo por seguir es el de Clara Brugada, ganadora de la jefatura del gobierno de la CDMX, quien el 4 de junio comenzó un recorrido por la ciudad para limpiarla de la propaganda partidista; prometió que la convertirá en “tabiques verdes” y los utilizará en la primera obra que construya desde su nuevo cargo. Así, llamó a retirar todo el material en un plazo máximo de una semana; desafortunadamente, aún pueden verse pendones y lonas de su campaña en diversas colonias.

Otro esfuerzo fue el realizado por los ciudadanos, quienes decidieron limpiar el paisaje urbano y encontraron en la reutilización al mejor aliado. Crearon bolsas, material para apicultores y casas para perros ferales). Aun así, la mayoría de nosotros no sabemos cómo tratar el residuo o a dónde llevarlo.

La contaminación no sólo es ambiental, también es visual y afecta la salud, pues al entrar en contacto con estímulos visuales tan invasivos y agresivos, el cerebro lo enfrenta mediante el estrés.

Por todo lo anterior, debemos evitar que este tema caiga en el olvido hasta el siguiente proceso electoral, cuando volvamos a vivir entre la propaganda partidista y recordemos la contaminación y sus consecuencias. Éstas son muchas y varían; sus afectaciones pueden ser directas o indirectas entre la ciudadanía, pero todas tienen un impacto negativo. Y todos debemos tener presente que urge solucionar este problema, sea quienes lo generan, autoridades o partidos políticos. Es inaceptable que en medio de la triple crisis medioambiental que enfrenta el planeta, la clase política priorice sus objetivos inmediatos y, de manera irresponsable, ignore una situación tan importante para el desarrollo de muchas formas de vida.

Si las leyes ya contemplan qué materiales se deben usar y cómo debe hacerse el reciclaje, entonces urge implementar los mecanismos pertinentes. Pero también es necesario generar mayor conciencia en todos los sectores de la sociedad: los ciudadanos debemos exigir menos propaganda política y materiales sustentables en la que se utilice; asimismo, los partidos deben explorar nuevas formas de acercarse a la ciudadanía para dar a conocer sus propuestas y a sus candidatos.

* Blanca Rocío Muciño Ramírez es maestra en Diseño y Producción Editorial por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, donde obtuvo la Medalla al Mérito Universitario; licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha actualizado sus conocimientos con cinco diplomados y más de 150 cursos de Bioética, trabajo editorial y comunicación; actualmente se desempeña como secretaria técnica y responsable de edición y gestión de publicaciones en el Programa Universitario de Bioética (PUB). Jaqueline Nava Trejo es comunicóloga con especialidad en periodismo; en el PUB es pasante de Servicio Social por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad exclusiva de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.