blogeditor · 2 de enero de 2023
Ayer entró en vigor el incremento al salario mínimo, por lo que las personas que tengan este ingreso verán reflejado dicho aumento en la primera quincena del año. A partir de entonces, los trabajadores en la Frontera Norte tendrán un salario mínimo de 312.41 pesos diarios y para los que laboran en el resto de la República será de 207.44 pesos al día. Un aumento respecto a 2018, quitando la inflación, de 190 % para la zona fronteriza y de 93 % en las demás entidades federativas
En cuanto se anunció la decisión, el debate más socorrido se generó tras la pregunta: ¿cuántas personas ganan el salario mínimo? De acuerdo con la secretaría del Trabajo, Luis María Alcaide, son alrededor de 6.5 millones de trabajadores. Pero, con base en los más recientes resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) publicada en noviembre pasado por el INEGI, hay más de 11.4 millones de personas que tienen un empleo cuya remuneración es de hasta un salario mínimo. Más allá de las personas beneficiadas se trata, sin duda, de un importante logro en lo que va de la actual administración.
Sin embargo, tras este anuncio, es fundamental reflexionar si el mismo se trata de una política laboral integral o es un esfuerzo aislado. Veamos algunas cifras que pueden ayudarnos a entender el contexto laboral mexicano. Al tercer trimestre de 2022 en nuestro país hay 55.8 millones de personas con un empleo, de ellas 31.4 millones (56.2 %) lo hace en el sector informal, lo que significa que no tienen acceso a ningún tipo de prestación, vacaciones, seguridad social, ni mucho menos a un salario mínimo.
En el tercer trimestre de 2018, el 57.0 % laboraba en el sector informal, es decir 0.8 puntos porcentuales más que el que lo hace actualmente. Si a esto le sumamos que, de acuerdo con CONEVAL, el porcentaje de la población con un ingreso laboral inferior al costo de la canasta alimentaria pasó de 40.2 en 2018 a 40.1 en 2022, y que además el poder adquisitivo laboral, permanece prácticamente similar en términos reales durante dicho periodo. Es claro, que la medida tomada ha ayudado a mitigar los efectos de la inflación, más que a elevar realmente los ingresos con los que cuentan los trabajadores.
Por ello, y sin regatear la importancia en el aumento al salario mínimo, aunque pertinente, esta medida resulta insuficiente debido a que el objetivo central debe centrarse en la correcta regulación del mercado laboral para asegurar que ocurra bajo condiciones óptimas y que efectivamente el salario mínimo sea utilizado como un piso mínimo que cualquier empleador debe cumplir.
La pregunta “¿cuántas personas ganan el salario mínimo?” ni siquiera puede contestarse con certeza, precisamente porque la mayoría de los empleos se realizan en el sector informal, lo que impide construir registros sin alteraciones tanto de empleados como de empleadores. La cuestión a responder debiera ser: ¿cómo reducimos la informalidad laboral para que el salario mínimo cumpla su función? De lo contrario, el beneficio que entró en vigor ayer beneficiará sólo a algunas de las muchas personas que ni siquiera alcanzan un ingreso laboral legalmente establecido.