blogeditor · 26 de marzo de 2014
La violencia volvió a estallar en nuestro futbol y lo hizo mostrando las dos caras de la barbarie. Policías golpeando y arrastrando a un aficionado hasta sangrar y tirarlo a la calle de manera inhumana. Y “aficionados” masacrando policías.
El gran reflector de un clásico como el de Atlas contra Chivas ha hecho que esto sea indefendible. A la FEMEXFUT no le ha quedado más remedio que actuar y pronunciarse con sanciones económicas y administrativas, aun cuando desde agosto del 2013, a través del borrador de la Ley contra la violencia en el futbol, se les recomendó que no dieran entrada gratuita a las barras bravas a los estadios. Siete meses y varios episodios de violencia y racismo después, la Federación de futbol prohíbe sólo a Chivas regalar boletos o permitir la entrada de las barras a su estadio, disposición que debería aplicar para todos los equipos. A Chivas le ha tocado acatar y a los medios no quitar el dedo del renglón, y es que vale la pena pugnar por el establecimiento de límites a estas hordas inadaptadas, y por la innegable responsabilidad de federación y dueños de los equipos.
[contextly_sidebar id=”cbb07bb11fe21018220e65ce4f9ad156″]Si, fue el club Pachuca quien trajo el concepto de Barras Bravas a México. Lo hizo sin reflexionar en lo que terminaría germinando una subcultura como ésta: en un caldo de cultivo tan vulnerable como lo era y lo es nuestra sociedad. Fue un grave error. Sin embargo es aún mas grave que otros equipos dieran por sentado que ésa era la manera de darle “vida” a nuestro futbol. Que el corazón del estadio estuviera representado por las Barras Bravas. Sabemos que desde 1996 llegó el concepto a México, pero ¿ desde cuándo los dueños necesitan de barristas para llenar el estadio? ¿Desde cuándo necesitan de ellos para que su equipo gane? ¿ Desde cuándo requieren de rituales intimidatorios y transgresores para darle mayor valor a su marca?
¿ Desde cuándo las marcas quieren verse como el patrocinador indirecto de un oligofrénico ataque a la autoridad?
¿ Desde cuándo al buscar en el diccionario un sinónimo de pasión por el futbol, lo único que se lee es Barra Brava?
¿ Desde cuándo el futbol deja de ser emotivo sin los rituales primitivos de estos grupúsculos?
¿Desde cuándo el jugador los necesita para rendir, para hacerse sentir y hacer pesar la localía?
¿Desde cuándo el verdadero seguidor perdió identidad y asumió el comportamiento pandillero?
¿ Desde cuándo el fútbol deja de ser espectáculo, sin la desadaptada presencia de las barras y su violencia activa, pasiva y sonora?
¿ Desde cuándo el único himno a la entrega y lealtad se canta en un tono argentinizado?
¿ Desde cuándo los medios necesitamos de la violencia de las barras para tener rating?
¿ Desde cuándo un negocio tan privado como es el futbol no se reserva el derecho de admisión?
¿ Desde cuándo fue normal que asistir a un partido de futbol sea riesgoso, intimidatorio e inseguro?
¿ Desde cuándo la pelota está en la grada y no en la cancha?
¿ Desde cuándo en un estadio de fútbol hay asientos reservados para el insulto, la violencia y la transgresión cultural del deporte?
¿ Desde cuándo la magia del juego depende de una tribuna embrujada?
¿ Desde cuándo olvidamos que el futbol es deporte, espectáculo, pasión, diversión, orgullo y negocio sin la necesidad de incorporar la violencia ni la discriminación?
¿Desde cuándo?