Barones

blogeditor · 9 de agosto de 2012

Barones

 

Orson Welles, a sus escasos 26 años, no tenía ninguna experiencia cinematográfica. El exitoso actor, director de teatro y protagonista en distintos programas de radio acometió un trabajo –casi en el semiclandestinaje- para los estudios RKO, que le dio fama y revolucionó al cine. La estrategia narrativa y encuadres de cámara con Gregg Toland; el un gran elenco de actores y actrices de su Mercury Theater fundado por él y John Houseman, hicieron del Ciudadano Kane (1941) la película más famosa y perdurable en la historia del cine.

 

Kane principio


 

Kane final


 

Era la biografía de Charles Foster Kane, oligarca basado en la vida y milagros de William Randolph Hearst, magnate que hizo del periodismo amarillista su divisa; que llegó a ser el terrateniente más grande de México, y que buscó sostener el mayor tiempo posible a Victoriano Huerta, por así convenir a sus muy intereses.

 

Hearst.

 

San Simeon, palacio de Hearst. Hoy museo.

 

 

Kane.

 

Xanadu, el Gran Repositorio o Bodega donde cabe todo, menos la pieza del rompecabezas que falta – Rosebud el trineo.

 

Al servicio de una narración absolutamente contemporánea, derivada del guión de Welles y Herman J. Mankiewicz (quien conocía bien a Hearst, y a su amante la actriz Marion Davies), así como los aportes de Robert Wise en la edición y Van Nest Polglase en el diseño de producción, Citizen Kane marca un hito imposible de superar. Una reflexión profunda sobre el poder, y los infinitos alcances del medio cinematográfico.

La obra fue duramente criticada por el Establishment de los medios controlados por o afines a Hearst. (La cabeza de esa ofensiva fue la decana del periodismo del chismorreo Louella Parsons: empleada de Hearst y precursora del género). Estuvo a punto de no ser distribuida. Pero este retrato de un empresario voraz y sin escrúpulos, interpretado magistralmente por Welles, sobrevivió a los intentos fallidos por censurarlo.

¿Cuál es el Rosebud mexicano, que logre descifrar el enigma de la relación de poder que hoy existe entre los barones de la televisión y Enrique Peña Nieto?

Televisa y TV Azteca construyeron la candidatura ‘invencible’ del próximo presidente de México, algo que no había ocurrido antes.

A su favor, contaron con la complicidad pasiva de un sector acrítico de televidentes, que ve en las y los conductores de noticieros como oráculos infalibles, o en el Limbo de la digitalización de ciertos personajes incómodos como Santiago Creel. El último recurso fue siempre el ataque frontal, o Ninguneo.

Quizá sea un exceso equiparar al protagonista de la película más influyente de toda la historia del cine con los dueños del duopolio de la TV en México. En todo caso, sus ejemplos y el de Rupert Murdoch, dueño de los estudios Fox e innumerables tabloides en el Reino Unido, los Estados Unidos y Australia, confirman que la manipulación mediática es un fantasma que recorre el mundo.

En México y sin los excesos Falstaffianos de Kane, compartidos por Welles director y protagonista, los dueños del espectro tienen mucho qué celebrar.

 

Azcárraga Vidaurrieta. Abuelo.

 

Azcárraga Milmo. Padre.

 

Azcárraga Jean. Hijo.

 

 

Ricardo Salinas Pliego.

 

Era la opera prima obra del revolucionario Wunderkind de Kenosha, Wisconsin, que provocó un escándalo con su transmisión radiofónica en 1938 de La Guerra de los Mundos de HG Wells, citada apenas el año pasado cuando el gobierno de Veracruz justificó el arresto de dos ‘tuiteros terroristas’  y una ley que tipifica la perturbación de orden público y criminaliza la libertad de opinión.

Los magnates de medios en México viven su momento de gloria. Nada indica que el gobierno que viene haga algo para atenuar su poder. La Gran Guerra por la Opinión Pública será conducida desde la administración federal por cuadros veteranos del autoritarismo más rancio, que buscarán sin duda limitar la influencia que pueda tener Internet en la consolidación de contrapesos ciudadanos a la marejada autoritaria que se cierne sobre nuestras cabezas.

 

Clan Slim. ¿Futuro asalto por Patente de Carso, a Los Pinos?

 

Quizá sea sólo cuestión de tiempo para que Barones como Slim, Azcárraga y Ricardo Salinas ingresen al servicio público, para librarse de la carga de intermediarios voraces y reguladores previamente capturados. Mejor engullir el Estado, como lo hizo Silvio Berlusconi (de quien se dice que quiere ‘lavar su nombre’ siendo una vez más candidato para presidir el gobierno de Italia). Aquí las modas llegan por lo general con una década y media de retraso, y la involución hacia el neosalinismo no es sino una confirmación de la regla.

 

¿Sexenio Peñalinas, PRI 2012-18?

 

Il Cavaliere fue el principal promotor de Milano Due, un gigantesco proyecto residencial en que lo catapultó a las grandes ligas, y que fue construido bajo la trayectoria de vuelo de los aviones que se dirigían hacia el aeropuerto Linate de esa ciudad, y que gracias a los buenos oficios de Berlusconi fueron desviados hacia otra terminal. Así lo narra Alexander Stille en su libro El Saco de Roma, que narra la carrera ascendente de este Barón del dinero y Amo indiscutible de los Medios en la Península Itálica, hoy caído en temporal desgracia.

 

Murdoch.

En el Reino Unido, una comisión parlamentaria exhibe a Rupert Murdoch y sus negocios sucios, pero el descalabro británico se ve plenamente compensado por los pingües resultados que arroja la cadena Fox en la Unión Americana, y el alto rating de sus portavoces. En México, ¿surgirá ‘espontáneo’ alguien como Russ Limbaugh, o Sean Hannity en la comentocracia? Sospecho que como en el caso de Italia, será más bien dueños como el de TV Azteca, que ya mostró sus dotes berlusconescas a raíz del asesinato de Paco Stanley en 1999.

La influencia de los Barones sólo irá en aumento. El próximo presidente Peña no será un demócrata que saque al PRI de su inmovilismo: versión autóctona del anticomunista Richard Nixon que viajó a China para entrevistarse con Mao durante su mandato en los años setenta. Más bien, impondrá su sello particular (ayudado por los Barones), al estilo salinista de gobernar con mentiras y medias verdades. Su propuesta anticorrupción tiene similitudes con comisiones híbridas no vinculantes como la CNDH.

Aquí el Ciudadano Kane apenas prefigura los tiempos actuales. Gobierno por la tele, de la tele y para la tele, en horario siempre estelar.

 

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Colofón — En el orden de la violación sistemática de Derechos Humanos, no deja de sorprender que en su apuesta por la privatización del espacio público, el ecocidio generalizado y la adopción de esquemas de movilidad anacrónicas que garantizan el colapso urbano y la especulación inmobiliaria, un gobierno que se dice progresista como el del Distrito Federal arremeta contra vecinos defensores del Medio Ambiente y cierre su ciclo reprimiéndolos y engañando con noticias falsas su troglodismo. Una opción que debería desmarcarse del peñanietismo, adopta sus peores rasgos. No es de extrañarse. Después de todo, Ebrard fue un fiel soldado de Manuel Camacho, ex mano derecha de Carlos Salinas de Gortari.

La mayoría de los medios ha estado ausente en la divulgación de noticias que podrían exhibir la entraña autoritaria de personajes como Marcelo Ebrard (posible abanderado de la izquierda para 2018; recién premiado por Barones de la construcción, quienes sin duda compensarán al jefe de gobierno saliente y precandidato presidencial, los favores recibidos). Son políticamente redituables las inversiones estratosféricas en publicidad, a cambio de coberturas parciales a favor de los que pagan para que no les peguen (como diría José López Portillo), realizadas por autoridades del GDF. Los que perdemos, para variar, somos tod@s nosotr@s.