Un 8M sin Barbie

Redacción Animal Político · 9 de marzo de 2024

Un 8M sin Barbie

El verano de 2023 marcó un acontecimiento histórico en Hollywood: “Barbenheimer”. Este término surge de la coincidencia en la fecha de estreno de dos películas destacadas: Barbie, dirigida por Greta Gerwig, y Oppenheimer, realizada por Christopher Nolan.

Tras el rotundo éxito de ambas películas, surgió una cierta rivalidad por la representación y el reconocimiento alcanzada por cada una. Barbie aborda de manera precisa la marginación e invisibilización de las mujeres en estructuras patriarcales. Aunque fue más exitosa en términos comerciales y obtuvo ocho nominaciones en los premios Óscar, sorprendentemente, su directora aclamada, Greta, y la protagonista, Margot Robbie, fueron pasadas por alto.

Por otro lado, Oppenheimer trata sobre la creación de la bomba nuclear abordando un tema predominantemente masculino. A pesar de esto, lideró con el mayor número de nominaciones, incluida la categoría de Mejor Director. Las predicciones apuntan a que Christopher Nolan se llevará la estatuilla de Mejor Director.

Los premios Óscar se llevarán a cabo este domingo 10 de marzo, y todo indica que que este “8M” (Día Internacional del Mujer) se conmemorará sin Barbie la ceremonia, al menos en cuanto a su directora.

El fenómeno de “Barbenheimer” nos invita a reflexionar sobre si la exclusión de Greta en la categoría de Mejor Director es un caso aislado, o refleja de un problema sistemático. En otras palabras, ¿el reconocimiento de “Oppenheimer” y la exclusión de “Barbie” reflejan la histórica exclusión de las mujeres en el cine?

Pongámonos en contexto. Desde los primeros premios Óscar en 1929, sólo nueve mujeres han sido nominadas entre más de 400 hombres que recibieron nominaciones; tres han ganado el premio, es decir, solo el 3.13 % de los galardonados en una de las categorías más reconocidas del cine han sido mujeres.

En 2023, ninguna mujer fue nominada a Mejor Directora y este año,  solo Justine Trier, quien realizó Anatomy of a Fall, logró la nominación. Greta Gerwig no fue la única directora excluida de esta categoría a pesar de obtener una nominación a Mejor Película; lo mismo ocurrió con la directora coreana Celine Song por Past Lives.

Mientras que el Óscar se presenta como un símbolo de reconocimiento en la industria cinematográfica, su historial revela un patrón histórico de relegar a las mujeres directoras de este prestigioso reconocimiento. Este estigma ha causado las acusaciones contra la Academia por ser un “club de hombres blancos” del cine hollywoodense.

Consciente de esta desigualdad, la Academia se ha empeñado en subsanarla en los últimos años. Y aunque ha tenido sus avances sobre todo en materia de discriminación racial y sexual, las categorías con mayor reconocimiento, Mejor Película y Mejor Director siguen con los menores índices de inclusión.

Por el contrario, las categorías de actuación son las que han demostrado mayores avances en este rubro. En este 2024, siete de las veinte nominaciones a las categorías de actuación representan alguna forma de diversidad. Se destaca sobre todo la presencia de dos actores latinos: America Ferrera por Barbie y Colman Domingo por Rustin; y Lily Gladstone por Killers of the Flower Moon, la primera americana nativa en recibir una nominación de esta categoría en la Historia. Además, las nominaciones de Jodie Foster for Nyad y de Domingo, marcan un hito al ser la primera vez en que dos actores LGBTQ han sido nominados por sus interpretaciones de personajes de la comunidad LGBTQ.

Barbie marcó un hito en la Historia del cine, no solo por sumarse a la estadística de directoras invisibilizadas por la Academia, sino también por su legado en el cine feminista. A pesar de ser una crítica directa al patriarcado de la cultura americana, sobre todo de los altos ejecutivos de Mattel, Barbie fue la película más taquillera del año, recaudando hasta hoy 1.4 mil millones de dólares, ocupando el puesto catorce en la Historia.

El impacto de Barbie se evidencia en su sutil integración de ideas feministas en la cultura popular estadounidense, abordando el patriarcado inherente a la empresa que la produjo (Mattel) y siendo dirigida por una directora abiertamente feminista. La película se destaca por su elenco diverso, que incluye a personas de distintas minorías y la comunidad LGBTQ.

Además, el éxito de Barbie se ve reflejado en su proceso de producción, que tardó 64 años en materializarse gracias a la visión de Ynon Kreiz, CEO de Mattel, y Robbie Brenner, directora ejecutiva de Mattel Films. Brenner, ahora presidenta de Mattel Films, convenció a los ejecutivos de permitir la creatividad de Greta Gerwig y Noah Baumbach, subrayando la importancia de la autocrítica de Mattel en el proyecto.

La visión de Robbie Brenner fue un rotundo éxito. Barbie no solo rompió récords como la película dirigida por una mujer más lucrativa en la historia, sino que también generó un fenómeno global conocido como la ‘fiebre rosa’. Este logro contrasta con las críticas hacia Christopher Nolan, cuya película nominada ha sido percibida por muchos como sexista. Al respecto, se ha expresado: “Barbie no es una película anti-hombres, pero Oppenheimer sí es anti-mujeres”.

Se alega que Oppenheimer refuerza la “mirada masculina (male gaze)” históricamente imperante en el cine, ya que retrata al hombre como el observador y a la mujer como objeto de contemplación, con roles pasivos y frecuentemente sexualizados.1 En contraste, el enfoque de Greta Gerwig en Barbie fue elogiado por permitir un proceso creativo que desafia las convenciones y estereotipos de género. Esta comparación resalta la necesidad urgente de más películas como Barbie, capaces de desafiar la exclusión histórica de las mujeres en diversas esferas, incluido el cine.

La crítica se intensifica al examinar cómo se retratan a las mujeres en películas, como en el caso de Oppenheimer, donde los personajes femeninos clave son definidos principalmente por su relación con los hombres. La columnista de Vogue, Radhika Seth, extendió esta crítica a la filmografía completa de Christopher Nolan, describiendo el “Talón de Aquiles” de Nolan como su inclinación por incluir mujeres con personajes escuetamente desarrollados. Incluso plantea la pregunta de si Christopher Nolan podría haber representado de manera más completa a las dos mujeres más cercanas a Oppenheimer en su película de tres horas de duración.

La película narra la historia de J. Robert Oppenheimer, uno de los creadores de la bomba atómica, pero presenta de manera incompleta y estereotipada a las mujeres más cercanas a él, desde una “mirada masculina” que minimiza el impacto que tuvieron en su vida y su carrera. Por ejemplo, Kitty Oppenheimer (Emily Blunt) es presentada como una madre negligente y alcohólica, omitiendo su verdadera historia como bióloga, activista y botánica en la Universidad de Pensilvania. Jean Tatlock (Florence Pugh), es hipersexualizada, mostrada como emocionalmente inestable y dependiente de los hombres, ignorando su papel como médica, psicoanalista y pensadora política.

La omisión de estas historias contribuye a que Oppenheimer se convierta en un recordatorio de la histórica exclusión que las mujeres han enfrentado en diferentes ámbitos a lo largo de la historia. La película también falla en retratar la falta de reconocimiento a las mujeres científicas que contribuyeron a la creación de la primera bomba nuclear, perpetuando así la omisión de su importante papel en ese momento histórico.

Lo que sucede en la ciencia refleja lo que ocurre en otras industrias y, desafortunadamente, el cine no escapa esta dinámica. Con demasiada frecuencia, las mujeres realizan el trabajo, mientras que los hombres toman, roban o reciben el crédito. Según un estudio de Nature realizado en 2022, las científicas tienen 13 % menos de probabilidades que sus pares masculinos de ser citadas en publicaciones científicas y un 59 % menos de probabilidades que los hombres de ser nombradas en patentes.

La reciente exclusión de Greta Gerwig de la categoría de Mejor Directora en los premios Óscar subraya la persistente desigualdad en la industria cinematográfica. Excluir a las mujeres cineastas tiene un impacto directo, puesto a que limita la representación de las mujeres en una industria dominada por hombres. Y como sucede en otras industrias, la falta de representación genera exclusión no solo de mujeres en posiciones de influencia, sino también de una mirada que reconozca y visibilice a la 50% de la población.

En un mundo donde las mujeres científicas también enfrentan desafíos para obtener el reconocimiento que merecen, queda claro que necesitamos más películas que trasciendan los patrones históricos y den voz a las mujeres como protagonistas, productoras y directoras. Tal vez, sea hora de dejar atrás las narrativas atómicas y abrazar historias más rosas que reflejen la realidad completa, donde las mujeres no sean relegadas a roles secundarios, sino reconocidas y celebradas como líderes en la creación cinematográfica y en todas las disciplinas.

* Denisse G. Gómez es abogada egresada de la Universidad Panamericana y maestra en Derechos Humanos por la Universidad de Columbia en Nueva York. Actualmente, es Chief of Staff y Coordinadora Legal de We are all Human, organización dedicada a la inclusión laboral de las personas hispanas en Estados Unidos basada en Nueva York.

 

1 La “mirada masculina” es un término acuñado por Laura Mulvey, y se refiere a la forma en que los medios visuales se estructuran en torno a una perspectiva masculina heteronormada.