Joel Aguirre · 31 de julio de 2026
El 21 de diciembre de 2024, solo un mes antes de tomar posesión en su segundo mandato presidencial, Donald Trump amenazó por primera vez con retomar el control del Canal de Panamá argumentando una ilegal presencia de China en esta vía marítima. Más allá de las posibilidades de hacerse de una ruta que le pertenece solo a Panamá, el magnate estadounidense definió con esto su agenda política internacional.
Un enfoque al propio estilo del escritor, marino y pionero del imperialismo inglés sir Walter Raleigh, quien introdujo un principio, aún válido, a la geopolítica: quien controla el mar controla el comercio; quien controla el comercio controla la riqueza; quien controla la riqueza controla el mundo. Es desde este entendimiento que los pasos marinos adquieren hoy más que nunca una importancia estratégica y vital. Ante este escenario, el cierre del estrecho de Ormuz, derivado de la guerra, ilegal e injustificada, en contra de Irán ha acelerado la urgencia por controlar las entradas y salidas marinas.
La posición de la península arábiga ofrece tanto en su flanco occidental como oriental dos estrechos; el primero es Ormuz, que representa la salida del Golfo Pérsico al Mar Arábigo y divide el suroccidente asiático de Asia Meridional. En el otro extremo, aproximadamente a 2,000 kilómetros en línea recta, se encuentra el estrecho de Bab al-Mandab, la entrada del Océano Índico al Mar Mediterráneo mediante el Canal de Suez; en otras palabras, es el acceso marítimo desde Asia a Europa.
Es ahí, entre el cuerno de África y el Golfo de Adén, que el grupo político y armado Ansar Allah, o mejor conocido como hutíes, tomó desde 2015, con respaldo de Irán, el control del noreste de Yemen, incluida la capital y amplios tramos del litoral del mar Rojo y el puerto estratégico de Hodeidah, desde donde han podido influir en el tráfico marítimo internacional. El 20 de julio pasado, este grupo declaró un embargo marítimo contra Arabia Saudita, uno de los mayores aliados de Estados Unidos en la zona, con lo cual se avivó la guerra proxy que existe en esta zona.
También, los hutíes amenazan con la posibilidad de imponer un cobro al tránsito en el estrecho de Bab al-Mandab. El objetivo, aumentar la presión sobre Estados Unidos. Frente a este escenario China ha mantenido conversaciones directas con los hutíes para permitir que sus petroleros naveguen por el sur del Mar Rojo sin ser atacados. La paradoja en esta encrucijada, Pekín es el mayor comprador mundial de petróleo saudí. El cierre de este estrecho privaría a Riad de una alternativa crucial al estrecho de Ormuz y aumentaría los temores a la escasez de suministro de petróleo.
Por su parte, el 22 de julio el gobierno de Arabia Saudita y el de Estados Unidos firmaron un acuerdo fast track de cooperación para el desarrollo de energía nuclear civil. Este contempla el enriquecimiento de uranio en territorio saudita y la participación de empresas estadounidenses en su infraestructura energética. Sin embargo, al exterior se puede leer como un acto de contención y disuasión ante Teherán, además de poner en riesgo la no proliferación de armas nucleares en la región.
Con esta turbulencia, en contra de todo pronóstico y llevando a cabo una clara violación al derecho internacional, el 25 de julio el gobierno ucraniano atacó con drones dos embarcaciones iraníes que transitaban desde Irán hacia Rusia por el mar Caspio. En una primera versión, Volodímir Zelenski argumentó que los objetivos eran embarcaciones utilizadas para transportar carga militar y componentes de armamento vinculados con Irán y destinados a la guerra de Rusia. Es necesario resaltar que el mar Caspio es el corredor estratégico libre de sanciones occidentales tanto para Teherán como para Moscú y se encuentra a más de 950 kilómetros del frente de combate ucraniano.
La segunda y última versión del ataque hasta el momento argumenta un error involuntario por parte de las fuerzas de Kiev y afirma que Ucrania no busca una escalada bélica con Irán. A pesar de la disculpa, este hecho marca un parteaguas en el contexto bélico actual porque podría convertir dos conflictos regionales en uno mundial. Además, pone en tela de juicio la función y aplicación tanto de las instituciones como de las normas creadas después de la Segunda Guerra Mundial para evitar una escalada bélica internacional.
En específico, Irán argumenta que este ataque viola el Artículo 2, párrafo 4, de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de los Estados. Por su parte, Ucrania argumenta legítima defensa y sostiene que estas operaciones tuvieron el objetivo de interrumpir las líneas de suministro bélico, mas no a civiles ni a flotas comerciales.
Ali Abdallah Saleh, expresidente de Yemen y principal socio de George W. Bush en la Guerra Mundial contra el Terror, mencionó en una entrevista para el New York Times en 2008 que gobernar su país era como bailar entre cabezas de serpientes. Parece ser que Yemen no es la única zona infestada de estos reptiles y que en diversos lugares del mundo muchas de ellas rompieron el vidrio del serpentario.
Actualmente la competencia imperialista para construir un nuevo siglo occidental, como dijo Marco Rubio en la Conferencia de Seguridad de Múnich de este año, así como el dominio de las vías marítimas, específicamente enfocado en la región euroasiática así como el dominio de las cadenas de suministro energético, genera un baile tanto áspero como peligroso entre las serpientes y quienes apuestan por domarlas.♦
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*Erick Daniel Cruz Ocampo es licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM, especialista en migración por el Departamento de Gestión de Crisis de la Academia de Policía de República Checa y maestro en Seguridad Internacional por el Instituto de Ciencias de la Seguridad de la Academia Nacional de Policía de Ankara, Turquía. Laboró en la embajada de Egipto en México, la de México en Turquía, y desde el año 2020 es asesor político y analista internacional. Redes: @EDCruzOcam