blogeditor · 19 de noviembre de 2021
Una lectura (nada erudita) de lo sucedido en Babel, en el Génesis, es que alguna vez todas las criaturas humanas vivimos unidas por un mismo entendimiento, un solo lenguaje. Esto así fue hasta que unos arquitectos bíblicos pretendieron erguir una torre que alcanzara lo infinito y llegara a Dios. Al ver esto, el único y verdadero arquitecto del universo nos impuso una lección implacable: ahí mismo congregó a la raza humana y multiplicó nuestras lenguas para causar confusión y desentendimientos insoportables. Fue por la discordia que nos desperdigamos por el mundo.
¿Glasgow fue Babel? Como saben, uno de los objetivos torales de la vigésimosexta Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), llevada a cabo en Glasgow, Escocia, fue la elaboración de una estructura de implementación del Acuerdo de París, en particular de su artículo 6, que se refiere a los mecanismos de mercados de carbono y otros temas financieros.
Que lo sucedido en la Conferencia todavía esté tan fresco dificulta su entendimiento público. La información ha salido a cuentagotas, con percepciones y conclusiones distintas, incluso contradictorias. Como en Babel, muchas de las conclusiones sobre si la COP26 fue un éxito o un fracaso se centraron en el lenguaje de lo acordado. Como veremos, hubo momentos de tensión extrema, en los que las partes pelearon por la inclusión de una palabra u otra. Es interesante ver el impacto que tuvo, por ejemplo, la palabra “desaparición” cuando se trató de llegar a un acuerdo sobre el uso de los combustibles fósiles y el carbón. Los países productores de hidrocarburos e India no dejaron de disparar hasta que en la redacción final quedó, en lugar de “desaparición”, la “disminución gradual” de estas fuentes contaminantes de energía.
Que las palabras tengan un impacto en las relaciones humanas es notorio; que la COP26 sea un ejemplo de la fuerza del lenguaje y de sus implicaciones para el futuro del planeta es fascinante. Mucho del desgaste anímico y mental que pudimos observar en el transcurso de la negociación del Pacto Climático de Glasgow giró en torno a las palabras. Tan es así que Greta Thundberg aseveró que el Pacto era sólo verborrea. Y así lo dijo: puro “blablablá”. Entonces, en lugar de Pacto de Glasgow ¿debería llamarse Pacto de Blabel? Veamos.
¿Blablablá?
En lugar de hacer otro resumen más del COP26, subrayaremos algunas palabras que, para unos, marcaron el éxito, mientras que para otros condenan al planeta a su destrucción antropogénica. Es importante advertir que aún no contamos con una traducción oficial de la Conferencia, y que la que presentamos aquí es la nuestra, del inglés.
No, no todo fue Blabel en Glasgow
Un logro de importancia fue la finalización de la reglamentación del Acuerdo de París, de la cual deben mencionarse:
¿Y México?
Nuestro país se sumó a la propuesta de que los países ricos compensen a los pobres por su vulnerabilidad climática. También apoyó el acuerdo de reducir las emisiones globales de metano en un 30%. Esto es llamativo, pues en México se persiste en intensificar el uso de combustibles fósiles. Una muestra es la construcción de la refinería Dos Bocas, que para colmo está situada en Paraíso, un municipio tabasqueño de alta vulnerabilidad climática. Para sumar incongruencias, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no ha cejado en sus embates contra las energías verdes. La reforma a la Ley de la Industria Eléctrica y ahora la iniciativa de reforma constitucional que pretende eliminar (no reducir) los proyectos de generación con renovables no son coherentes con el discurso de la delegación nacional en la COP26.
Por otra parte, llama la atención el apoyo de México a las iniciativas de reforestación y protección de la biodiversidad. De nuevo, la incoherencia. ¿Cómo se debe interpretar la construcción del Tren Maya, el cual ha sido criticado por diversas organizaciones nacionales e internacionales por sus efectos potencialmente devastadores en los ámbitos forestal y la biodiversidad?
Todo el mundo es Territorio Blabel
Estamos frente a un fenómeno de calentamiento global. Esto debe abrirnos los ojos a la complejidad del reto. En la COP26 participaron 200 países con 25 mil asistentes. Grupos mucho menores no se logran poner de acuerdo en nada; imaginemos lo arduo que tuvo que haber sido (y seguirá siendo) que tantas personas con orígenes, intereses, idiosincrasias culturales y lenguajes distintos hayan acordado algo. En nombre de la humanidad, bienaventurados sean los Blabilonios de Glasgow.
* Miriam Grunstein es experta en energía. También es investigadora invitada del Programa de Competencia y Regulación en @mexevalua.
1 El comercio de derechos de emisión es un instrumento de mercado diseñado para incentivar la disminución de emisiones contaminantes. Su diseño lleva el propósito de crear incentivos económicos de manera que dicha reducción se produzca de forma costo-efectiva.